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Grandes diseños para pequeños milagros

Alumnos del Institut Sant Pere i Sant Pau comprobaron que los artefactos para personas con discapacidad que crearon con impresoras 3 D ¡funcionaban!

Norián Muñoz

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Raúl, en silla de ruedas, pudo escribir su nombre gracias al artilugio que creó Álex, un adolescente, con una impresora 3D. FOTO: Pere Ferré

Raúl, en silla de ruedas, pudo escribir su nombre gracias al artilugio que creó Álex, un adolescente, con una impresora 3D. FOTO: Pere Ferré

Álex no para de sonreír: «Estoy muy contento de ver que funciona», reconoce. Este alumno del Institut de Sant Pere i Sant Pau se refiere a lo que acababan de ver sus propios ojos: Raúl, un usuario del Centre de Paràlisi Cerebral de La Muntanyeta, acababa de escribir su nombre gracias a un artilugio que el propio Álex había diseñado e impreso en 3D. 

Era toda una pequeña proeza teniendo en cuenta que, debido a sus graves dificultades motrices, Raúl normalmente sólo escribe en ordenador.

«¿Me permitirá tener precisión con un pincel?», le preguntaba muy interesado a Álex. Y sí, efectivamente, el pequeño elemento que se adapta a la mano también puede usarse para sostener otros elementos como un lápiz o un pincel. Ahora Raúl, que recientemente se ha aficionado a la pintura, también sonríe.

Proyecto redondo

Este era uno de los momentos cumbres que dejaba ayer la clausura del Projecte Hèlix de economía circular impulsado por la Fundación Tarragona Smart Mediterranean City. 

Gracias al proyecto, doce alumnos de instituto aprendieron, desde cero, cómo montar y hacer funcionar una impresora 3D de la mano de la empresa tarraconense Petits Enginyers.

Todo este aprendizaje tecnológico tenía como objetivo satisfacer necesidades cotidianas de unos clientes muy especiales: los usuarios de la asociación de parálisis cerebral de La Muntanyeta.

Después de una primera reunión con algunos usuarios, los chicos: Aleix,  Mireia,  Zahyra, Álex, Brian, Oriol,  Pablo, Naroa, Lais, Óscar, Miguel y Jesús, comenzaron a trabajar en equipo  como lo harían si estuvieran empleados en una empresa y les hubieran hecho un encargo.

Durante ocho semanas llegaron a diseñar hasta doce artefactos, de los cuales, por requerimientos técnicos, consiguieron llevar a cabo íntegramente cuatro. Para ello trabajaban en el centro cívico del barrio.

Dos alumnas muestran algunos de los diseños que consiguieron llevar a cabo.
Ayer los entregaron a los que serán sus usuarios. FOTO: P.F.

En este punto había otra experiencia novedosa, y es que el telecentro se ha convertido en un CVIXlab. Allí, a partir de ahora se hará formación en temas como robótica, impresión 3D y edición de vídeo, entre otros.

Además del artilugio de Álex,  ayer se entregó a La Muntanyeta un tenedor con recambios que permite pinchar a personas que no pueden sostener un tenedor normal y un vaso con dos asas y una boquilla especial para que el líquido no se derrame. También entregaron un juguete en forma de cubo con diferentes figuras y texturas pensando en los niños que van a la escuela de la entidad. Los propios alumnos que los diseñaron fueron los encargados de explicar cómo funcionaban.

Ver el resultado del esfuerzo

Jordi Collado, director del proyecto y responsable del área social de la Cooperativa Combinats, autora de la idea, explica que una de las grandes ventajas desde el proyecto es que los alumnos han podido ver en poco tiempo y en vivo el resultado de su trabajo y su esfuerzo, lo que les ha motivado enormemente.

Hay que tener en cuenta que los adolescentes que participan en el proyecto son alumnos del Aula Oberta, un aula que acoge a un grupo pequeño de estudiantes que por distintos motivos no han podido obtener la ESO y siguen un currículum y metodología adaptados. 

La idea del proyecto era también que descubrieran sus propias potencialidades y, además, que pudieran identificar ciclos de formación profesional relacionados con la tecnología que les pudieran interesar para seguir con sus estudios. 

Victoria Pelegrin, gerente de La Muntanyeta, verificaba la utilidad de los objetos y destacaba además que para los usuarios del centro ha sido muy positivo que se haya tenido en cuenta su opinión y que se les haya hecho partícipes.

En el proyecto participaron además la Diputació de Tarragona, que hizo una aportación económica, el Institut Municipal d’ Ensenyament de Tarragona y la Xarxa de Centres Cívics. Ahora se espera, después de este piloto, poder replicar experiencias similares.

También hay que destacar que los objetos que se entregaron ayer no sólo se podrán volver a imprimir, tanto íntegramente como los recambios, sino que podrán ser utilizados por quien lo necesite, ya que todos los diseños son en «código abierto».

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