Haced algo antes de que sea demasiado tarde

El oficio de pescador está a punto de desaparecer y las administraciones locales miran hacia otro lado

Carla Pomerol

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Imagen de archivo de una embarcación y sus trabajadores, en el puerto de Tarragona.

Imagen de archivo de una embarcación y sus trabajadores, en el puerto de Tarragona.

Luego todo serán lamentaciones y lloros. Luego todos nos arrepentiremos de no haber hecho todo lo posible para salvar el sector. Pero ya habrá ocurrido, ya habrá desaparecido uno de los patrimonios más valiosos que tiene nuestra ciudad: el arte de pescar y su gente. Los pescadores han llegado al límite; las estrictas normativas que deben respetar, el plan que Europa tiene preparado para ellos y que solo prevé salir a faenar seis meses al año, el cambio climático más presente que nunca y la falta de relevo, son algunas de las causas que están conduciendo al sector a su extinción. 

Para hacerse una idea de la gravedad de la situación, hace veinte años pescaban en puerto tarraconense 41 embarcaciones del arrastre. Ahora, solo quedan 22 y ya podemos dar las gracias. La de ahora es la última generación de pescadores. Así lo aseguran ellos mismos, quienes no quieren que sus hijos sigan sus pasos. «No quiero que vivan el calvario que estoy viviendo yo», decía, hace unos días, un pescador del Serrallo. 

La sensación generalizada del sector es que las administraciones imponen normas y regulaciones con el único fin de boicotear su trabajo. Las instituciones se defienden con la excusa de preservar el fondo marino. Pero los pescadores de Tarragona aseguran que ellos son los primeros en procurar por él y lo demuestran haciendo una veda biológico de dos meses –sin precedentes en este país–. Pese a ello, Europa cree que no es suficiente y ahora ha presentado un plan plurianual que pretende que, en 2025, los días de pesca se vean reducidos a un 40%. Con esta normativa, los pescadores solo podrán salir a faenar 160 días al año, lo que significa que los patrones de las embarcaciones deberán decir a sus marineros que solo trabajarán –y por lo tanto, también solo cobrarán– seis meses al año. 

Los pescadores opinan que la presión que los grupos ecologistas ejercen sobre las administraciones ha dado su fruto. El sector defiende que quien se carga el mar no son ellos. Que la contaminación generada por las industrias tienen su parte de responsabilidad. Pero ya se sabe: es más fácil apuntar a la empresa pequeña que a una gran multinacional.

Los fuertes temporales registrados estos últimos años tampoco han ayudado al colectivo. Si no se sale a faenar, no se cobra. Un día en tierra no es problema, pero cuando la historia se repite durante muchas semanas, acaba siendo un problema.

Para quien no lo sepa, la jornada de un pescador del arrastre es maratoniana. Llegan a la barca sobre las seis de la mañana, salen a la mar sobre las siete y vuelven a puerto entre las cuatro y las cinco de la tarde. Luego se esperan a la subasta y, entre que hacen el inventario y prepararan papeles, desconectan del trabajo a las ocho de la tarde. Quince horas sin parar por un sueldo que, la mayoría de semanas, no llega ni a digno.

Con este panorama encima de la mesa, no es de extrañar que los hijos de los pescadores no quieran seguir los pasos de sus padres, ni los padres quieran enseñarles el oficio a sus herederos. Y sin sucesores no hay futuro posible. El oficio está condenado a desaparecer si nadie hace nada.

Es cosa de toda la ciudad

El oficio de pescador ha marcado durante muchos años el pulso de todo un barrio: en los horarios, en el talante, en las costumbres y en la manera de hacer las cosas. Pero todo ello no es solo patrimonio del Serrallo y de los serrallencs, también lo es del resto de los tarraconenses, aunque no lo parezca. Aquí viene la queja y la denuncia, objeto de este artículo. Las administraciones locales –y también el resto– deben ponerse las pilas de manera urgente. Primero y más importante, para ayudar a salir adelante a un colectivo que lleva años sufriendo y, en segundo lugar, para conservar parte del ADN de la ciudad.
Es cierto que hace tan solo una semana el Ayuntamiento, con la colaboración de la Confraria de Pescadors y del Port de Tarragona, presentaba una campaña de promoción del pescado de Tarragona. Es un primer paso, pero no es suficiente. 

Que se acabe la pesca y todo lo que lleva intrínseco este oficio no es exclusivamente cosa de los pescadores y del Serrallo. Es problema de toda la ciudad. Por eso, las instituciones deberían dejar de mirar hacia otro lado y afrontar de una vez por todas el asunto. No sé si estamos todavía a tiempo a buscar un remedio a esta dramática situación. Lo que sé seguro es que si el sector desaparece, Tarragona se arrepentirá de no haber hecho nada.

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