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Juzgan a 19 trinitarios, una banda latina acusada de tráfico de drogas, robos y atracos

Considerado un grupo muy peligroso –desarticulado en 2014–, los aspirantes tenían que cometer delitos. Cuanto más graves eran, más podían subir en el escalafón 

Àngel Juanpere

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Los agentes deteniendo a uno de los supuestos trinitarios en un domicilio de la avenida D’Andorra en 2014.   FOTO: Àngel Juanpere

Los agentes deteniendo a uno de los supuestos trinitarios en un domicilio de la avenida D’Andorra en 2014. FOTO: Àngel Juanpere

El 19 de febrero de 2014, ocho jóvenes fueron detenidos en Tarragona acusados de formar parte de los trinitarios, una banda latina que estaría detrás de numerosos hechos delictivos: tráfico de drogas, amenazas, robos, atracos. Muchos de estos delitos ya han sido juzgados. Ahora, la Fiscalía acusa de pertenencia a organización criminal con propósito de cometer delitos no graves a 19 personas, que formarían parte de esta banda en sus diferentes escalas.

Para la cúpula –cuatro miembros–, el Ministerio Público pide siete años de prisión y para el resto penas que van de los tres a los cuatro años. Además, se solicita la disolución de dicha organización, «debiendo impedirse sus actividades consistentes en reuniones en lugares públicos y privados».

Esta banda se había ido implantando fundamentalmente en Tarragona y en Reus desde el año 2009, aumentando de manera exponencial sus actividades delictivas en el curso del tiempo. Su modo de actuar era violento, tenían sus propias normas,  de modo que el que entraba en la banda tenía serias dificultades para salir de ella,  pues el hecho de no querer continuar se consideraba una traición y, según sus componentes «la traición es la muerte».

La banda se dedicaba, entre otras actividades delictivas, al tráfico de estupefacientes. También a cometer robos con intimidación, eligiendo como víctimas fundamentalmente a jóvenes menores de edad, a los que intimidaban gravemente, por lo que  no presentaban denuncia, ante el temor a las represalias  que podrían sufrir provenientes de los autores u otros miembros de la banda.

También poseían armas de fuego, armas blancas e instrumentos peligrosos. Hacían ostentación de la posesión de las mismas a través de su Facebook, lo que contribuía a extender el temor hacia los mismos, según la fiscal. Eran frecuentes sus enfrentamientos con miembros de otras bandas latinas igualmente peligrosas o con ciudadanos de otros países hispanoamericanos, enfrentamientos que acabaron con lesionados  por arma blanca  e incluso con un  homicidio.

Los miembros de los trinitarios se agrupaban en los denominados ‘capítulos. Cada uno de ellos controlaba un territorio. Cada ‘capítulo’ contaba con entre 10 y 30 miembros, cuyas edades oscilaban entre los 13 y los 25 años. Cada uno de ellos tenía que realizar, obligatoriamente, un juramento para poder ingresar en la banda. Los trinitarios llamaban a la estructura de sus ‘capítulos’ «bloque» (escrito en ocasiones como «bloke»).

Varios ‘capítulos’ por zona

Normalmente, en una zona en la que existían varios ‘capítulos’ de trinitarios solía haber uno de ellos que recibía la denominación de ‘capítulo madre’, siendo éste el que recibía directrices desde la República Dominicana sobre la gestión de determinados aspectos de la banda, principalmente en lo que se refería a normas y disciplina interna. Era el responsable de distribuir las directrices entre los demás ‘capítulos’ de su área de influencia.

El primer escalón para acceder a integrarse en la banda era el ‘probatorio’ (fase de entre tres y seis meses de duración para conocer el grado de lealtad y disciplina de los que acaban de hacer el juramento de ingreso). Una vez superada esta fase, tenía lugar lo que se conocía como ‘bautizo’, en el que el nuevo trinitario era «bautizado» en un círculo formado por otros miembros, recibiendo los collares característicos de la banda, y formulando un juramento que consistía en ser «trinitario hasta la muerte, respetar las normas y jurar ayudar al resto de hermanos trinitarios». 

Posteriormente, el mayor o menor grado de implicación o violencia demostrados en el cumplimiento de las acciones ordenadas era lo que motivaba el ascenso en la escala de poder del ‘capítulo’, pasando así de ‘soldado’ o ‘guerrero’, a ‘cabeza’ o ‘bandera’, etc. Lo habitual era que los trinitarios emplearan pistolas, navajas, cuchillos, machetes, catanas, bates de béisbol, etc.

Cada ‘capítulo trinitario’ mantenía una campaña de reclutamiento permanente. Dependiendo del número de miembros del ‘capítulo’, podían no existir algunos de los cargos anteriores, aunque en ese supuesto lo habitual era que no hubiera ni ‘manos derechas’ , ni que se llegara al total de ‘7 guerreros’, sino que sólo existieran tres o cuatro.

Por encima de la estructura del ‘capítulo’ se encontraba el ‘capítulo madre’, en el que destacaba el cargo de ‘18’, que es el máximo responsable de los ‘capítulos’ encuadrados dentro del área de influencia del ‘capítulo madre’. Junto al ‘18’ se encontraban otros cargos como ‘la mano derecha del 18’, ‘la seguridad del 18’ y los ‘guerreros universales’.

Trinitarios contaba con una estructura interna jerárquica, vertical y militarista, en la que existían diversos rangos. El paso de un rango a otro, el ascenso dentro de la organización, dependía de lo bien que se cumplieran las órdenes, estando normalmente relacionadas éstas con la comisión de hechos delictivos, bien para conseguir fondos para la organización, o bien cometiéndolos a título individual, para saldar la deuda por algún castigo económico que hubiera sido impuesto a alguno de sus integrantes.

Los ‘capítulos’ tenían reglas internas muy estrictas, cuyo incumplimiento era penado en la mayor parte de ocasiones con castigos físicos y económicos. Sus integrantes asumían con su juramento guardar una lealtad y fidelidad que les obligaba a no revelar las normas internas del grupo, así como a pertenecer a la nación trinitaria de por vida, de tal modo que sólo podían abandonarla con permiso del líder, tras haberle explicado los motivos de la decisión.  

Los ‘capítulos’ de trinitarios solían reunirse una o dos veces a la semana. Estos “meetings” eran obligatorios para todos los integrantes del ‘capítulo’, los cuales sólo podían excusar su ausencia por motivos laborales o de salud. En caso de no existir causa justificada, el ausente podía recibir el castigo denominado ‘30 segundos’, consistente en que alguien le propinara puñetazos en los costados durante ese período de tiempo. Como medida de seguridad, los ‘capítulos’ solían prohibir el porte de armas en las reuniones, a fin de evitar que éstas  fueran encontradas en caso de actuación policial.

Financiación

Para la financiación de la banda los integrantes del ‘capítulo’ debían aportar unas cuotas semanales que oscilaban entre los 3-5 euros, pudiendo requerirse de ellos otras cantidades en caso de considerarse necesarias. Si alguno no pagaba una de las cuotas no solía pasarle nada, pero si esos impagos se repetían dos o más veces, solían ser sancionados con castigos físicos o con misiones para saldar su deuda (normalmente les enviaban a robar joyas mediante tirón para venderlas posteriormente).

Además del pago de las cuotas semanales, la venta de artículos robados, o las extorsiones a determinadas personas a cambio de no causar daños en sus bienes, otra práctica habitual de trinitarios era el tráfico de sustancias estupefacientes, cuyo beneficio permitía cubrir los gastos corrientes de la Banda, permitiendo además algunos gastos extraordinarios.

Los trinitarios, al igual que otras bandas latinas, se caracterizan por el uso de una indumentaria característica, de estilo hip-hop o rapero, con pañuelos, gorras de béisbol y casi siempre con pendientes. Además de lo anterior, los trinitarios solían portar cinturones con grandes hebillas, ya que, en ausencia de armas, en el inicio de una pelea, solían utilizar este elemento para atacar o defenderse de sus adversarios.

En sus peleas con otras bandas solían emplear armas blancas, recurriendo en ocasiones a las de fuego. Los jefes solían disponer de machetes afilados por ambos extremos. El color característico en su indumentaria era el verde, el cual se podía observar fundamentalmente en la ropa y los pañuelos. Dicho color simbolizaba el orgullo y la fuerza de cada trinitario, y cuanto más fuerte era el tono de verde, mayor cargo tenía el portador dentro del ‘capítulo’.

No obstante a lo anterior, los colores azul (que simbolizaba la patria y la unión de todos los trinitarios), blanco (representa la bendición y la misericordia de Dios), y el rojo (sangre derramada por los trinitarios), también eran bastante habituales. Los integrantes de un ‘capítulo’, al menos en España, solían portar una vestimenta normal, sin gran similitud con las estéticas de los componentes de trinitarios en otros países, donde el empleo de los pañuelos y las prendas anchas de ropa es mucho más común.

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