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La Dixie cierra su 22ª edición con un público más diverso que nunca

Balance positivo de la organización, no sólo por la cantidad de espectadores sino sobre todo por su perfil variado

Francisco Montoya

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El Picnic Dixie en el Parc de l´Amfiteatre fue uno de los actos centrales de la jornada de ayer. Foto: pere ferré

El Picnic Dixie en el Parc de l´Amfiteatre fue uno de los actos centrales de la jornada de ayer. Foto: pere ferré

Tarragona clausuró ayer la 22ª edición del Festival de Dixieland, en una jornada con diversas actividades pero con epicentro en un alegre y desenfadado Picnic Dixie que, al fin con buen tiempo, pudieron disfrutar centenares de personas en el Parc de l’Amfiteatre. Fue una clausura familiar para un festival cada vez menos sectario –si es que jamás lo fue– y más generalista, universal. Abierto a un público que, en esta ocasión, ha sido más diverso que nunca.

Ésa es, al menos, la lectura que hace el director artístico del certamen, Kike Colmenar, que ayer se confesaba «contento y satisfecho» con el desarrollo de la edición de este año. «Contentos sobre todo de que hemos conseguido no sólo que haya mucho público, sino muy diverso», destacaba.

Colmenar reveló que «todos los conciertos han estado llenos, tanto los de pago como los gratuitos, y con un público muy diferente». «Tenemos a artistas venidos de fuera que estaban sorprendidos, porque el público de dixie o jazz normalmente va de los treinta y largos a los sesenta, y aquí han visto a mucha gente joven», añadía.

Para Colmenar, se trata de un síntoma inequívoco de que «la Dixie ha dejado de ser una propuesta para público especializado, Tarragona lo ha hecho suyo». Más aún:«Se ha convertido también en un atractivo para que gente de fuera venga a la ciudad».

Desde la organización se apunta además que «no es sólo el público, sino que también los locales de restauración, los que se animaron a impulsar actos... Todos están satisfechos». Y, contra lo que pudiera pensarse, «que haya programadas actividades de pago y gratuitas a la vez no supone competencia entre ellas, sino que se complementan y retroalimentan». «Si una actividad aislada de jazz en Tarragona podría congregar digamos a 200 personas muy aficionadas, en cambio, en el marco de un festival, este fin de semana ha llegado a haber, al mismo tiempo, 2.000 personas presenciando espectáculos del festival, y eso sólo contando los recintos cerrados de los que conocemos el aforo exacto», argumenta Colmenar.

La satisfacción entre los organizadores era doble al haber logrado el éxito a pesar de la lluvia:«Hemos tenido mucha suerte, porque es obvio que el tiempo no ha acompañado, y normalmente la Dixie llegaba con el inicio de la primavera y hacía buen tiempo. Esta vez ha sido al revés, después de un invierno de buen tiempo llega la Dixie y se pone a llover. Pero, aun así, la afectación ha sido mínima», admite Colmenar, y explica: «Los espectáculos de interior por supuesto se desarrollaron todos sin problemas, y al aire libre sólo ha habido que suspender uno, una actuación itinerante del sábado a mediodía, pero que sí pudo verse por la tarde, por lo que a pesar de la lluvia se han podido ver todos los espectáculos».

Pese a la satisfacción, la Dixie también tiene «espíritu crítico». «También nos fijamos en lo que puede mejorar. Yo ya trabajo en la edición del año que viene, que es un año importante para la ciudad por los Juegos Mediterráneos, y también un año importante en el mundo del jazz, porque se celebran varias efemérides. Así que, en la medida que el presupuesto lo permita, me gustaría un festival con bastante más actividad en la calle, al aire libre. Es hacia donde creo que debemos mejorar», concluye Colmenar.

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