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La Festa de la Calçotada de Valls, una cita obligada en el calendario

Como es tradición se celebra el último domingo de mes y reúne cada año a miles de turistas de todo el mundo

Alba Tudó

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Uno de los participantes en una edición  de la Gran Festa de la Calçotada que tiene lugar a la plaza del Pati de Valls.  FOTO: DT

Uno de los participantes en una edición de la Gran Festa de la Calçotada que tiene lugar a la plaza del Pati de Valls. FOTO: DT

La ciudad de Valls es conocida por ser la cuna de los castells y los calçots. Y es que la capital del Alt Camp hace  más de cien años que hace calçotadas.  Desde finales del siglo XIX, la tradición ha pasado de generación en generación. 

Como ciudad origen de la calçotada, Valls celebra la Gran Fiesta que da salida a la temporada más fuerte de las calçotades.

Se celebra el último domingo del mes de enero y reúne a miles de turistas de todo el mundo. 35.000 visitantes no se pierden esta cita anual. 

Durante toda la mañana se suceden actividades relacionadas con esta cebolla y dirigida a todos los públicos y edades. Además de la demostración, el visitante puede ver diferentes competiciones: el concurso de comer calçots, el concurso de salsa o el de cultivadores de calçots que tiene lugar a la plaza del Oli y en el Pati.

La cultura popular también es la protagonista con los elementos festivos de la calçotada: los gigantes, la Mulassa, el gegant del Calçot. 

Al final, todo el mundo está invitado a la degustación popular de la calçotada en los diferentes espacios habilitados en las calles del barrio antiguo de Valls. 

El calçot de Valls debe consumirse desde mediados de noviembre a mediados de abril. Una cincuentena de restaurantes de la comarca ofrecen calçotadas.

Hay un menú especial a base de calçots, morcillas, carnes a la brasa, vino y postre. Atrae cada año a miles de aficionados y se ha convertido en la base económica de toda una región.

Los calçots se llevan a la mesa todavía envueltos y colocados en una teja, los comensales los reciben preparados para disfrutar cada uno con su correspondiente babero para no ensuciarse, con la tarrina de salsa llena y con una rebanada de pan que sirve de acompañamiento y retiene el goteo de la salsa. 

Los calçots se comen tradicionalmente de pie y la cantidad depende de la experiencia y el hambre de la persona y se puede consumir entre unos 20 a 35 calçots por persona

Y es que el calçot de Valls cuenta con la calificación de Indicación Geográfica Protegida (IGP).Éste es un distintivo de calidad, establecido por la Unión Europea, con la que distingue ciertos productos el Departamento de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Generalidad de Catalunya.
Estos productos se diferencian por su método de producción y de elaboración de las materias primas que proceden de una zona geográfica concreta. 

Así, el consumidor puede disfrutar de productos cultivados en el campo con unas condiciones de clima y suelo que, junto con el esfuerzo que hacen los agricultores, les dan unas características organolépticas de una calidad excepcional, apto para el deleite de los paladares más exigentes.

El calçot fue introducido en la gastronomía por un solitario ciudadano vallense de finales del siglo XIX llamado Benaiges y conocido como Xat de Benaiges. Él empezó a cocer a la brasa los brotes tiernos nacidos de la cebolla vieja, cultivados especialmente para ser cocidos en la llama. También fue él quien ingenió el aliño o salsa. A partir de las primeras décadas del siglo XX, la calçotada se convirtió en una comida habitual de muchas familias vallenses durante los días festivos.

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