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La carpa del Camp de Mart de Tarragona caducará en dos años

El Ayuntamiento debe empezar a redactar el proyecto de sustitución de la cubierta, que podría llegar a costar unos 800.000 euros

CARLA POMEROL

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La carpa del Teatre Auditori del Camp de Mart se instaló en el 1993. En ese momento, fue considerada la más grande de Europa. FOTO: PERE FERRÉ

La carpa del Teatre Auditori del Camp de Mart se instaló en el 1993. En ese momento, fue considerada la más grande de Europa. FOTO: PERE FERRÉ

Que el Teatre Auditori del Camp de Mart se ha convertido en el principal equipamiento cultural de la ciudad ya es un hecho consolidado. Toda la programación se lleva a cabo en este espacio que, hasta hace tan solo unos meses, se ponía en duda su seguridad y comodidad. Pero con la pandemia ha habido una especie de redescubrimiento del Teatre Auditori del Camp de Mart, que funcionó como centro neurálgico durante las últimas Festes de Sant Magí y las de Santa Tecla. Lo sigue siendo este año, llenando el equipamiento con el Festival d’Estiu y, actualmente, con La iMAGInada. Ya ni preguntamos dónde se celebra el concierto de turno. El Teatre Auditori del Camp de Mart es siempre la respuesta. La amplitud del espacio, las butacas instaladas, el gran escenario y un entorno inmejorable, son las principales virtudes del equipamiento.

No obstante, no todo siempre es como parece. Lo cierto es que la carpa que cubre el auditorio caducará en un plazo máximo de dos años. Lo que significa que ha llegado el momento de que el Ayuntamiento se ponga manos a la obra y redacte un proyecto que permita cambiar la estructura. La cubierta textil fue instalada en el año 1993 y, en ese momento, fue considerada la más grande de toda Europa. Un informe municipal indica que la vida útil de esta finalizará en 2023.

«El informe que tenemos sobre la mesa es muy claro: a la carpa le quedan dos años de vida y, antes, deberemos, no solo cambiar la cubierta textil, sino también la estructura de hierro que la sustenta», explica Inés Solé, concejala de Cultura i Festes del Ayuntamiento de Tarragona, quien añade que «el estado de esta carpa forma parte de la dejadez que ha habido durante tantos años con los equipamientos culturales de la ciudad». Según Solé, «Tarragona, como capital, tiene una carencia en recintos de estas características que no se puede permitir».

La intención inicial del gobierno municipal era destinar a lo largo de este año 30.000 euros en la redacción del proyecto de la nueva carpa. «Pero los acontecimientos ocurridos en el Teatre Tarragona retrasarán un poco el calendario», explica la concejala. El objetivo sigue siendo que la nueva estructura esté instalada a finales de 2022. Parece ser que el principal problema con el que se encuentra la carpa es la presencia de hongos. Según estiman los técnicos, la intervención podría llegar a costar unos 800.000 euros, ya que se trata de una pieza única que no hay muchas empresas que se atrevan a montar.

La sustitución de la carpa del Teatre Auditori del Camp de Mart siempre ha estado envuelta por la polémica. Cabe recordar que, en el año 2017, el que entonces era concejal de Cultural en el Ayuntamiento, Josep Maria Prats –de Units per Avançar– decidió clausurar de manera provisional el equipamiento a la espera de informes que determinarán la situación de la carpa. Después, tras la marcha de Prats y la reincorporación de Begoña Floria –PSC– enfrente de la concejalía, el recinto reabrió sus puertas.

Un andamio durante 50 años

La cubierta textil no es la única preocupación para el Ayuntamiento. El alcalde, Pau Ricomà, anunciaba hace pocos meses una inyección económica de 140.000 euros para la construcción de una nueva pasarela que facilitará los montajes en el Teatre Auditori del Camp de Mart, una actuación que estaba pendiente desde la inauguración del equipamiento, hace ahora 50 años. Y es que, cada año, el consistorio se gasta unos 50.000 euros aproximadamente en el alquiler de estructuras provisionales –andamios– para llevar a cabo las tareas de carga y descarga del material necesario para conciertos y funciones. La instalación está situada junto al Col·legi Sant Pau.

En este caso, el proyecto ya está redactado y la actuación comportará la construcción de una estructura de 15 metros de largo e incorporará un muro de contención de cinco metros de altura para que el acceso esté al nivel del escenario.

Actualmente, cada vez que hay una función o un concierto, el Ayuntamiento debe alquilar una especie de andamio que cubra la deficiencia. Entre esta estructura provisional y el aspecto de abandono que presenta el patio de atrás, los artistas no se llevan una buena imagen del equipamiento.

«Da vergüenza»

El Diari ha preguntado sobre el estado del recinto a algunas entidades que ejercen como activos culturales destacados de la ciudad. Estas programan, desde hace dos años, actuaciones en el Teatre Auditori del Camp de Mart.

Es el caso, por ejemplo, de La iMAGInada, entidad que actualmente está ocupando el espacio con charlas, talleres, conciertos y teatros, entre otros. Aurora Sáez, miembro de este grupo, explica, a modo de anécdota que, «el viernes ocurrió una cosa insólita en el auditorio. El calor provocó una especie de condensación, y caía agua de la carpa», explica Sáez, quien asegura que, por su experiencia, la acústica del recinto no es de las mejores. Pese a ello, La iMAGInada está satisfecha con poder programar en el auditorio, cosa que el Ayuntamiento nunca les permitió hasta el año pasado, con la llegada de la pandemia.

También habla Jorge Pérez de la Torre, quien se subió al escenario del Teatre Auditori del Camp de Mart el pasado 10 de julio, como figurante de la ópera Rigoletto. «Es un espacio emblemático y con muchas posibilidades. Pero no está bien conservado», dice Pérez, quien lamenta el estado de los camerinos. «Da vergüenza traer artistas reconocidos y que vean el espacio así», asegura Pérez. Para él, desde el Rigoletto, «el tema de que hay una mala acústica lo pongo en duda. El recinto nos dio muy buenos resultados».

Finalmente, Jordi Anglès, miembro de la Txaranga Tocabemolls y de la Banda Unió Musical de Tarragona, explica como hace quince días, durante un concierto, aparecieron las filtraciones de agua por el mal estado de la carpa. «Además, cuando llueve de lado, las gotas se cuelan en las últimas filas del escenario. Supongo que es un tema del diseño», comenta Anglès, quien pide al Ayuntamiento hacer un lavado de imagen a este equipamiento, «que a muchas ciudades les gustaría tener».

Se ha demostrado que el Teatre Auditori del Camp de Mart es un espacio idílico, entre otras cosas, por ser polivalente. En él se han celebrado óperas, conciertos de pop, ball de gralles y hasta charangas. Ahora solo falta ponerlo a punto para conseguir un equipamiento de primer nivel.

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