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La comunidad musulmana podrá enterrar a sus difuntos en los cementerios de Tarragona y Reus

En la capital del Baix Camp este fin de semana ya se han celebrado seis funerales, ya que ahora mismo en Catalunya tan solo hay una zona habilitada en Barcelona y se ha limitado a los residentes

Núria Riu

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Miembros de la comunidad musulmana visitaron ayer el cementerio de Tarragona para ver el espacio.  FOTO: CEDIDA

Miembros de la comunidad musulmana visitaron ayer el cementerio de Tarragona para ver el espacio. FOTO: CEDIDA

El pasado viernes en el cementerio de Reus se oficiaron tres funerales en los que se daba sepultura a miembros de la comunidad musulmana de Manresa y Vic. El sábado se repetía la situación: tres nuevas víctimas y ninguna de ellas de la capital del Baix Camp. Y es que este cementerio es ahora mismo de los únicos de Catalunya que tiene un espacio reservado para el entierro de miembros de esta comunidad.

Las diferentes asociaciones de musulmanes han mostrado su inquietud en los últimos días. Desde que el Gobierno de España decidió cerrar sus fronteras, a mediados del mes de marzo, se negó la posibilidad a una práctica muy arraigada –sobre todo entre los emigrantes marroquíes– como es el traslado de los cadáveres para descansar en paz en su país de origen. La religión marca un conjunto de preceptos en el momento de la sepultura, por lo que muy pocos cementerios tienen tumbas reservadas.

«Sumándole la funeraria podemos decir que casi sale a lo mismo el traslado que enterrarlo aquí», explica Mohamed Said Badaoui de la Ass. Musulmana de Reus i comarca

Habitualmente los residentes de las comarcas tarraconenses que no son trasladados a su país encuentran reposo en el cementerio de Collserola (Barcelona) o en el de Zaragoza. Pese a ello, cuando se detectó que podría haber un incremento en la demanda, que dejara en insuficientes el número de plazas disponibles, se exigió que los difuntos enterrados debían ser residentes. Esto hacía que la Associació Musulmana de Reus i Comarca decidiera retomar una conversación que a finales de año habían iniciado con el alcalde, Carles Pellicer. «Ya habíamos empezado la negociación, cuando aún no sabíamos nada del coronavirus. Acordamos que se haría este año, pero que nos tomaríamos el tiempo necesario para hacerlo bien», explica su portavoz, Mohamed Said Badaoui.

Pero la solución tuvo que precipitarse y Pellicer les ofrecía la Illa 25, un espacio alejado, en el que los miembros de la comunidad musulmana pueden ser enterrados bajo el suelo, tal y como marca su religión, y con los cuerpos mirando hacia la Meca. En total son 36 tumbas, con capacidad para tres personas cada una de ellas, lo que suma un total de 108 espacios. Para agilizar la gestión, la asociación adquiere la tumba y se hace cargo de la tasa del cementerio, una cantidad que después fracciona de cara a las familias. «No es barato. De hecho, sumándole el precio de la funeraria podemos decir que casi sale a lo mismo el traslado que enterrarlo aquí», apunta Mohamed Said Badaoui. La intención de este colectivo es seguir adquiriendo nuevas tumbas en esta isla, de forma que se convierta en un espacio en el que los miembros de esta comunidad encuentren su reposo.

«Al menos, que  podamos ser enterrados donde vivimos», dice Acha el Gourgi de la Alianza por los Derechos y las Libertades

El Govern de la Generalitat pedía ayer a los ayuntamientos que busquen soluciones. En la ciudad de Tarragona también se está trabajando en esta dirección. Aquí la petición la ha hecho la Alianza Internacional Sin Fronteras por los Derechos y las Libertades, que se puso en contacto con el Ayuntamiento para explorar una solución. En este caso, el camposanto es titularidad de la Xarxa Santa Tecla y las tres partes se encontraron ayer por primera vez, para visitar los terrenos que se habilitarán en una superficie adyacente. En esta primera visita, también estaban algunos responsables de mezquitas del Camp de Tarragona, que hicieron llegar sus indicaciones sobre cómo debe ser la zona, de acuerdo con lo que establece la religión. Por el momento se marcaron cinco tumbas en el suelo, y está previsto que las obras se pongan en marcha cuanto antes para dar respuesta a esta situación. Acha el Gourgi, portavoz de esta asociación, se mostró muy contenta con esta decisión. «La gente tiene mucho miedo por lo que está pasando, y esto era una angustia adicional. Al menos que, dentro de lo malo, que no nos sintamos inferiores, porque tenemos el derecho a ser enterrados en donde vivimos. Para mí, Tarragona lo es todo y quiero que tanto nosotros, como nuestros hijos podamos tener un sitio aquí», decía El Gourgi.

Cada año hay entre 50 y 80 muertes de miembros de la comunidad musulmana en Tarragona

La concejal de Nova Ciutadania del Ayuntamiento de Tarragona, Paula Varas, estuvo presente en la visita a los terrenos. La edil destaca que «estamos trabajando en un espacio donde los musulmanes puedan llevar a cabo sus ritos mortuorios que tenga un carácter más permanente», aunque ahora va a hacerse esta actuación «de emergencia» por la Covid-19. Varas defiende que es una cuestión que se enmarca dentro de la premisa de «igualdad de derechos para todos los habitantes de Tarragona».

Según datos del Ayuntamiento de Tarragona, aproximadamente el 10% de la población de la ciudad es musulmana, de diversos orígenes, lo que ocasiona entre 50 y 80 muertes al año. ¿Y después qué? ¿Qué pasará cuando reabran las fronteras? Mohamed Said Badaoui asegura que muchas de las familias esperarán los cinco años que marca la ley, para desenterrar un cuerpo, y transcurrido este periodo tienen previsto acabar el viaje que ahora no pueden hacer. Una tradición que la primera generación de hijos de estos emigrantes ya no estarían dispuestos a seguir.

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