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La estación del Camp de Tarragona revive gracias a los trenes 'low cost'

La irrupción del Ouigo y el servicio Avlo de Renfe ha atraído nuevos perfiles de viajeros, más jóvenes y que hasta el momento no eran habituales del alta velocidad

NÚRIA RIU

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La afluencia de viajeros se ha incrementado con el servicio ‘low cost’. FOTO:  PERE FERRÉ

La afluencia de viajeros se ha incrementado con el servicio ‘low cost’. FOTO: PERE FERRÉ

Ha pasado poco más de un mes desde que Ouigo llegaba con su primer tren a la estación del AVE Camp de Tarragona y en este corto periodo de tiempo ya puede hablarse del efecto del low cost. «Se nota que ahora viene más gente y supongo que también influye que estamos al inicio de las vacaciones y aún hay mucha gente que tiene miedo de ir al extranjero y hay más turismo nacional», afirmaba Gabriel Abajo, taxista de La Secuita. El trajín de viajeros con maletas es constante a lo largo del día.

La alta velocidad vive un periodo de crecimiento. A la liberalización de la línea Madrid-Barcelona, que suponía la irrupción de la compañía francesa en España, hay que sumarle la puesta en funcionamiento del Avlo, el servicio con billetes económicos de Renfe. Su entrada en servicio tuvo que demorarse prácticamente un año por la pandemia. Finalmente, empezaba a circular el pasado 23 de junio y, en tan solo una semana, la compañía asegura que entre los servicios AVE y el Avlo la cifra de usuarios con destino o procedencia a la estación de Camp de Tarragona ha sido de 10.587.

Comparar los datos con los del año pasado o incluso con los meses anteriores se hace difícil, ya que la movilidad en transporte público aún sigue entre el 65 y el 70% respecto a 2019. Pese a ello, el portavoz del operador Renfe, Antonio Carmona, asegura que se ha llegado a «nuevos usuarios» y que, entre estos, «sobre todo estamos hablando de jóvenes y familias que antes no utilizaban el tren, sino que iban en coche».

Durante el pasado fin de semana se duplicaron las plazas disponibles coincidiendo con la operación salida. Y, según afirma la compañía, se modificarán o ampliarán los servicios en función de la demanda, con el objetivo de acercarse lo máximo posible al 100% de la ocupación, que es el escenario que debe garantizar la viabilidad del negocio.

Ouigo, por su parte, asegura que en el primer mes desde la entrada en funcionamiento de la parada de Camp de Tarragona, el pasado 27 de mayo, la cifra de usuarios a o desde esta estación ha sido de unos 8.000. Los días de más afluencia son los fines de semana y coincide en que el perfil son «muchos jóvenes y familias», un target que la compañía señalaba como prioritario en el momento en el que decidió iniciar la explotación comercial de esta línea.

Esta mayor afluencia de viajeros se está notando en la estación de La Secuita, que entre el AVE low cost y la circulación de los trenes Euromed del Corredor del Mediterrani ha visto como en el último año y medio se han incrementado los servicios. Estos picos hacen que en determinadas horas puntas algunos de los usuarios tengan que esperarse para poder coger un taxi. Es el caso de David, que ayer por la mañana tuvo que permanecer durante más de 25 minutos en la parada esperando un vehículo. «Cuando sales del tren hay que venir corriendo, porque hay muy pocos», decía. Llegó con el tren de Madrid sobre las diez de la mañana y ayer decidió pasarse antes por la cafetería. «Si hay que coger un taxi, no hay café», lamentaba.

Los trece conductores profesionales de La Secuita y Perafort siguen teniendo preferencia de carga sobre sus compañeros de otras localidades. «Con la pandemia se han reducido algunos trenes y llega mucha gente con el mismo tren o estos van muy seguidos. En estos momentos no llegamos y, en cambio, después podemos pasar media tarde parados», decía Abajo.

Jennifer Medina es una de las nuevas usuarias que se ha pasado del coche al tren. «Hemos sacado unos billetes por treinta euros la ida y treinta la vuelta para ir a Madrid y nos salía más barato, porque vamos dos», afirmaba. Asegura que «antes no me planteaba coger el AVE». Ahora ha hecho cuentas y el factor precio ha sido determinante. «Si fuéramos más, igual nos hubiéramos planteado ir en coche», añadía.

A pesar de la importante afluencia que registra la estación, los servicios siguen bajo mínimos. Aún hay ocho locales comerciales cerrados y, de hecho, tan solo hay una cafetería y un establecimiento de alquiler de vehículos, que alrededor de las diez de la mañana tenía una cola con más de doce personas esperando. «No hemos recuperado el volumen de antes de la pandemia, pero no podemos quejarnos», afirmaba Rosa Padilla. Entre los clientes, principalmente gente de negocios que de lunes a viernes coge el vehículo a media mañana y lo devuelve por la tarde. La media de operaciones puede llegar a los veinte turismo diarios. Sin embargo, Padilla lamentaba que «debería haber más servicios en la estación. No hay ni cajero, y durante la pandemia, ni cafetería», lamentaba.

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