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La inclusión no se va de vacaciones en Tarragona

Sociedad. Los padres de la escuela SOLC se organizan para que sus hijos, con necesidades especiales, puedan disfrutar de un casal

NORIÁN MUÑOZ

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Una de las peculiaridades del casal es que se necesita una ratio mucho mayor de monitores por niño.  FOTO:alba mariné

Una de las peculiaridades del casal es que se necesita una ratio mucho mayor de monitores por niño. FOTO:alba mariné

La inclusión no se va de vacaciones en Tarragona

La inclusión no se va de vacaciones en Tarragona

La situación es universal: por un lado hay niños con muchos días de vacaciones por delante, derecho a divertirse y ganas de estar con amigos y, por otro, padres que, si tienen vacaciones en el trabajo, rara vez se equiparan con las de sus hijos.

Pero la ecuación, ya de por sí difícil, se complica cuando el niño o la niña tiene necesidades educativas especiales. Así lo reconoce Isabel Gorostiaga, presidenta del Ampa de la Escola SOLC, centro donde los padres se las han ingeniado, por tercer año consecutivo, para que sus hijos puedan contar con un casal adaptado. De otra manera sería casi imposible que pudieran acudir a uno.

Cuenta Gorostiaga que si la asociación de padres hubiera tenido que costear los gastos con sus propios medios, los precios habrían sido inasumibles para las familias. Se necesita una ratio muy alta de monitores, y con una formación especial, para ocuparse de estos chicos.

Así fue como, un año más, comenzó la tarea de buscar quien les apoyara económicamente. En esta oportunidad cuentan con el soporte de la asociación Port Solidari. De hecho, ayer les acompañaba Xavier Casanovas, trabajador del Port de Tarragona que ejerció de ‘padrino’ del proyecto. «Es una experiencia gratificante», apuntaba. Sus compañeros de trabajo votaron para que esta fuera una de las tres propuestas (de entre 14) seleccionadas para las ayudas sociales Silvia Cuesta.

Este año también recibieron el apoyo económico de la Fundació ‘la Caixa’ y del Ayuntamiento de Tarragona, que ha colaborado en cada edición. Además, la escuela cedió sus espacios para poder hacer la actividad.

Amigos, playa y música

Los monitores que se han encargado de las actividades son de la Fundació Pere Tarrès e, igual que en los casales que se desarrollaron en otras escuelas de la ciudad, el eje central es el mundo del circo.

Las actividades que más gustan a los chicos (17 en total, de 10 a 20 años) no son muy distintas a las de cualquier otro casal: la playa, los juegos de agua, los animales del Parc Samá...

Uno de los participantes, Alex, de 13 años, se acerca espontáneamente a chocarnos la mano. Dice que lo que más le gusta del casal es bailar y estar con sus amigos Iker y David, «que son de p. madre pero no quiero decir palabrotas». Efectivamente, suena la música y aquí los chicos se arrancan a bailar a su manera... Hasta el verano que viene.

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