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La playa es para los que madrugan

Sociedad. Jóvenes ‘cazando’ amaneceres para Instagram, caminadores, nadadores, limpiadores, buscadores de metales, voluntarios... Así son los que ‘estrenan’ la arena 

NORIÁN MUÑOZ

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Estos días de sequía informativa más de un noticiario ha dedicado varios minutos a la lucha encarnizada entre bañistas que se vive en muchos municipios de costa por plantar la sombrilla en la ansiada primera línea de playa.

No obstante, quien se acerque a l’Arrabassada para ver amanecer se dará cuenta enseguida de que la adrenalina de esas escenas aquí queda muy lejos. Un poco antes del amanecer (ayer el sol salía a las 7:09 h.) apenas había movimiento de personas en la playa.

Media docena de adolescentes con cara de sueño aseguraba que estaba esperando el amanecer para hacer fotos, aunque a alguna no se le viera muy convencida: «Hemos hecho algún Tik tok, pero nada del otro mundo», reconocía mientras se tapaba con la sudadera; un gesto necesario porque a esa hora no se llegaba a los 20 grados. Unos minutos más tarde sí que les veríamos bañarse porque, pese a lo que pudiera parecer, a esa hora la temperatura del agua era muy agradable.

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Más adelante encontramos a otro grupo de adolescentes, también a la ‘caza’ de la foto, que reconocían que esto de madrugar cuesta y que había sido algo puntual.

Entre los que sí son ‘fijos’ de la playa al amanecer la mayoría son caminantes. Un ejemplo es un señor que se baja del autobús. Viene cada día desde la Part Alta y siempre camina a esta hora «porque me gusta andar por el agua y a esta hora no me encuentro a nadie».

Entre los madrugadores hay, además, algún corredor, pero también los hay contemplativos, como Ricardo, un uruguayo que se ha instalado a beber su mate en la única tumbona que se ve en la playa. Está de vacaciones y viene a esta hora a ver salir el sol. «Es una postal lindísima», se emociona.

Mientras hablamos con Ricardo vemos que en el agua hay pequeñas boyas de colores chillones en movimiento. Resultan ser del grupo de natación en aguas abiertas de l’Arrabassada, que durante todo el año (también en invierno) se juntan para echarse al mar. En la colla hay unas cien personas pero se van juntando por grupos. En un buen día de verano pueden ser unas veinte y las boyas, nos explican, sirven entre otras cosas para que se les vea.

Además de los nadadores, en la playa eventualmente se dan cita muy temprano algunos surfistas, aunque ayer las condiciones del mar, que estaba como una piscina, no invitaban.

Buscadores de tesoros

Otro clásico de los amaneceres en la playa son los buscadores de pequeños tesoros. Es el caso de Juan, que viene expresamente desde Vilafranca a ‘peinar’ la zona con su detector de metales. Antes ha estado en Salou, pero no ha tenido suerte. Lo primero que aclara es que personas con detectores de metales hay muchas, pero lo suyo es diferente porque va por el agua. De hecho, está equipado con un traje de neopreno.

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Igual que los caminantes de toda la vida, Juan también advierte que el movimiento de bañistas ha bajado mucho, especialmente desde la pandemia. Entre los que comparten su afición se nota: «Hace quince años encontrabas más cosas; de un tiempo a esta parte solo te topas con algunas monedas y mucha bisutería», comenta.

Pero no todos los que madrugan vienen de paseo; el operario que lleva el camión que está rastrillando a conciencia la arena (limpia a 8 centímetros) cuenta que está trabajando desde las cinco de la madrugada. En días de semana va más tranquilo porque apenas hay movimiento, pero los fines de semana toca darse más prisa. La verdad es que da gusto estampar las huellas en la arena esponjosa recién rastrillada. Mientras, hay otro operario cambiando las bolsas de las papeleras. En el chirirnguito también comienza a verse movimiento. Son casi las ocho, y algunos madrugadores emprenden la retirada.

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