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La visita panorámica de los cruceristas por Tarragona

Crónica. Patrimonio y tradición se suman en una ruta a través de la cual
un grupo de 45 italianos pudo conocer la ciudad

NÚRIA RIU

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El grupo de turistas de Costa Cruceros delante del Amfiteatre de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

El grupo de turistas de Costa Cruceros delante del Amfiteatre de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

Marco Montalto es guía oficial de Tarragona. Todos los domingos, desde el 26 de mayo, está a las 8 horas de la mañana en el Moll de Llevant del Port de Tarragona. Allí atraca el Costa Fortuna, uno de los buques insignia de la italiana Costa Cruceros, con capacidad para 3.470 personas. Montalto trabaja para Tarraco Guide Bureau (TGB), una empresa local que ofrece paquetes de excursiones, que la naviera genovesa comercializa entre sus clientes. En concreto, este guía se encarga de la ruta Costa Grammer, pensada para aquellas personas que quieren tener una panorámica general de la ciudad.

En esta ocasión, el grupo es de 45 personas. Todos ellos italianos. El autobús sale alrededor de las 9.30 horas de la mañana y empieza su recorrido. Pasa por el Serrallo, de forma que los visitantes ya se quedan con una primera estampa de Tarragona. La Rambla Nova, con el Monument dels Castells, es otro de los sitios de paso antes de iniciar el recorrido por la Part Alta, en el Portal del Roser.

A diferencia de la ruta de la Tarraco Romana, la Grammer «está pensada para la gente a la que le gusta hacer fotografías y colgarlas en las redes sociales. El target es un poco diferente y les enseñas los lugares más visuales de la ciudad», explica el guía. Esto hace que el grupo tenga una media de edad más joven y que no se pretenda tanto explicar la historia de los monumentos, sino que el recorrido busca pasar por los espacios más pintorescos. Así que la primera parada es la calle Comte, para ver los pilones que se pintaron de nuevo hace apenas quince días. Las cámaras de fotos y los móviles empiezan a disparar desde todos los ángulos.

Lazos amarillos y castells

La calle Major, con la Catedral de fondo, ofrece otra de las instantáneas habituales de todo turista que visita Tarragona. Unos metros más adelante, en la Plaça de les Cols, Marco Montalto les explica que en este punto se viven algunas de las jornadas castelleras más apasionantes de la ciudad. También les habla del Pilar Caminant, que se celebra el día de la Mercè, con las cuatro colles locales.

El grupo dispone de unos quince minutos para conocer la Basílica Metropolitana y pasear por el mercado de antigüedades. Antes de arrancar de nuevo, uno de los visitantes pregunta sobre los lazos amarillos que hay en uno de los balcones de la plaza y que ya ha visto en varios puestos desde que ha llegado. La respuesta la encuentra en algunos de sus propios compañeros de viaje y, sin más tiempo para debatir, el grupo se pone en marcha de nuevo.

En la calle de Les Coques, con una de las vistas laterales de la Catedral más bonitas, el guía les explica sobre las fiestas patronales de la ciudad: Sant Magí y Santa Tecla. La sorpresa llega cuando una mujer del grupo pregunta sobre la tradición de entregar el chupete a la Víbria, un acto al que acudió en otra de las dos ocasiones que hizo escala con un crucero en Tarragona y que le llamó mucho la atención. Explica que vive en Sicilia y que cerca de la segunda ciudad más grande de esta isla, que es Catania, hay una localidad que se llama Santa Tecla, lo que les llamó la atención la primera vez que conoció Tarragona.

En esta visita panorámica de la ciudad, los cruceristas reciben información también de la restauración y la gastronomía. «Aquí en la Part Alta se concentra la oferta de hostelería», explica el guía. Las tapas, el «antipasti» que se sirve en muchos restaurantes de la zona, el cava o el vermut. También se habla de los dulces de Tortosa, con su cabello de ángel, y la salsa de romesco «muy típica de la ciudad para acompañar el pescado». Desde la Plaça del Fòrum, el grupo sigue hacia la Plaça del Rei. La Torre del Pretori es uno de los monumentos más fotografiados y el guía, llevado por la decoración modernista de la fachada de la iglesia de Natzaret, les explica que el reusense Antoni Gaudí fue uno de los artistas más universales y que precisamente tiene su primera obra en Tarragona.

Falta poco para acabar. El local de la Jove de Tarragona es parada obligatoria para hablar sobre los castells. «Llegan incluso a los diez pisos», indica el guía. Lo que despierta una inmediata reacción de una de las mujeres: «Bimbos coraggiosos».

Delante del Amfiteatre, reaparecen las cámaras que habían quedado ligeramente olvidadas fruto del bochornoso paseo. Tan solo falta llegar al Balcó del Mediterrani para sacar una última fotografía de otra de las vistas imprescindibles de la ciudad. Los cruceristas del domingo disponen de menos de doce horas para «conocer» la ciudad de Tarragona. Sin embargo, los Grammer se llevan el álbum completo.

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