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Lácteos contra la obesidad abdominal

Estudio. Investigadores de la URV y el IISPV relacionan su consumo con menor riesgo de sufrir alteraciones metabólicas

Gloria Aznar

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Foto: Getty Images

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Yogures, leche, quesos... Los amantes de los lácteos están de enhorabuena ya que la ingesta de estos alimentos no solo no es negativa sino que se asocia a beneficios cardiosaludables. Esta es la conclusión a la que han llegado investigadores de la Unitat de Nutrició Humana de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y del Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili (IISPV). 

«No podemos afirmar de forma categórica que los lácteos tienen efectos beneficiosos para la salud cardiovascular porque necesitaríamos estudios de intervención, es decir, informes que nos permitan establecer una relación de causa-efecto», explican los miembros del grupo de investigación. Sin embargo, añaden que «con los resultados del presente análisis sí podemos manifestar de forma significativa que aquellas personas que consumen más lácteos tienen un menor riesgo de sufrir complicaciones metabólicas». 

El trabajo, que se ha publicado en la prestigiosa revista científica ‘Advances in Nutrition’, ha sido liderado por el investigador predoctoral Guillermo Mena-Sánchez, las investigadoras Nerea Becerra Tomás y Nancy Babio y el catedrático Jordi Salas-Salvadó. Y ha consistido en el análisis pormenorizado de 3.000 artículos científicos de todo el mundo. 

Hábitos saludables
«Los alimentos deben ir acompañados de un estilo de vida activo, evitando el consumo de tóxicos y el estrés». 

¿Qué se entiende por complicaciones metabólicas? «Lo que llamamos Síndrome Metabólico aparece cuando se acumulan al menos tres de los siguientes factores de riesgo cardiovasculares: tener barriguita o lo que es lo mismo, obesidad abdominal, tensión elevada, problemas con el metabolismo del azúcar, los triglicéridos altos y el colesterol bueno (HDL) bajo». Los investigadores destacan, asimismo, que sufrir este síntoma incrementa mucho el riesgo de padecer una enfermedad del corazón, «patologías que actualmente son la primera causa de muerte a nivel mundial», alertan.

El equipo de la Unitat de Nutrició Humana. Desde la izquierda, Jordi Salas-Salvadó, Nerea Becerra, Guillermo Mena y Nancy Babio. FOTO: URV

Enteros vs. desnatados
Cuando se habla de lácteos, es inevitable preguntarse qué tipo de yogures se deben escoger de entre los cientos y cientos que esperan pacientemente en las neveras de los supermercados. ¿Enteros o desnatados? «Se puede elegir entre uno u otro. Por ahora el que más guste». 

Entonces, ¿no engordan, como dice el mito? «No es un mito», sostienen. «La creencia de que los productos lácteos enteros son perjudiciales por el tipo de grasa que llevan todavía está a pie de calle», volviendo así a la puntualización de que no todas las grasas son iguales ni actúan del mismo modo en el organismo. 

«Las nuevas investigaciones siguen todas la misma línea e indican que no es lo mismo la grasa saturada de un yogur o de un vaso de leche que la de un trozo de carne. Los resultados de los estudios más recientes junto con el nuestro nos dicen que los productos lácteos enteros no se asocian con la aparición del síndrome metabólico». 

La ciencia desmitifica así algunas de las fake news que corren por las redes y que en los últimos tiempos se han dedicado a satanizar el consumo de leche de vaca. Otra cosa son las alergias específicas de cada persona, que nada tienen que ver aquí. En este sentido, los especialistas han comprobado que el consumo de un yogur al día se asociaba con un 23% menor de riesgo de padecer síndrome metabólico. Además, «de forma específica se ha encontrado que aquellas personas que consumían productos lácteos desnatados versus los que no tomaban ninguno, tenían menos riesgo de padecer este síndrome».

«Aunque se tenga el peso correcto, es importante llevar controles rutinarios»

Proteína de calidad
Los investigadores de la Rovira i Virgili y del Institut Pere Virgili resaltan que los productos lácteos tienen una matriz de nutrientes densa y compleja, con una elevada cantidad de proteína de calidad, útil para mantener la masa muscular y que además proporciona saciedad, de tal manera que «se disminuye la probabilidad de que se consuman otros alimentos menos sanos justo después de ingerirlos. Asimismo, facilitan el cumplimiento de las necesidades nutricionales de vitaminas y minerales», de aquellas que el cuerpo necesita para estar bien. 

No obstante, los alimentos por sí solos no tienen la clave de la salud. Con ellos, deben ir de la mano hábitos de saludables. Por ello, los profesionales sanitarios no se cansan de recomendar un estilo de vida activo, lo que quiere decir «hacer ejercicio físico, evitar el consumo de tóxicos como el tabaco, tener un hábito correcto de descanso y, sobre todo, evitar el estrés». 

Lo contrario puede llevar a una persona a tener consecuencias a nivel de patologías. «A veces solo nos paramos a pensar que tenemos un problema cuando tenemos esa pequeña barriga, pero no es así», cuentan los especialistas. «Llevando un estilo de vida poco saludable una persona puede encontrarse en un peso correcto pero tener problemas con la tensión, con los triglicéridos, con el metabolismo del azúcar o con los niveles de colesterol. De tal manera que este individuo también puede sufrir Síndrome Metabólico.

Por esto es importante llevar un control médico rutinario ya que, tal y como dice el dicho, las apariencias engañan», advierten.
Así las cosas, tras el análisis, ¿cuál es el siguiente paso? «Apostar por estudios de intervención para obtener la relación de causa-efecto tras su ingesta y plantear un cambio en las recomendaciones del consumo de lácteos en las guías alimentarias con la finalidad de ver si realmente solo se deben sugerir los productos lácteos desnatados o bien podemos incluir también la recomendación de los enteros», defienden estos expertos en nutrición. 

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