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Las pensiones, las kellys y la Manada centran las protestas del 1 de mayo en Tarragona

Más de mil personas salieron a la calle para pedir salarios dignos. Conductores de la EMT, empleadas de PortAventura o estibadores protestaron en una jornada con sello feminista

Raúl Cosano

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La cabecera de la manifestación que transitó ayer por la Rambla Nova. Foto: Alfredo González

La cabecera de la manifestación que transitó ayer por la Rambla Nova. Foto: Alfredo González

Gloria cobra 695 euros al mes, 12 pagas. Hace 33 horas a la semana. En ese sueldo van incluidas las pagas extras, así que por cada habitación limpiada Gloria percibe alrededor de 1,5 euros.

Su voz está en la manifestación, como el resto de otras camareras de piso de los hoteles de PortAventura. Como otros colectivos en lucha en Tarragona: los conductores de la EMT, los estibadores del Port, los de la industria metalúrgica, los de los geriátricos, los pensionistas, los policías locales o los empleados en el aeropuerto de Reus. 

Al 1 de mayo en la provincia le sobran frentes, causas, agravios y simbología. En la soleadísima Rambla Nova, junto al Balcó, final del recorrido, los mitos bendicen las actuales cuitas: hay un puesto con libros de Trotsky, Marx y Lenin, con el Manifiesto Comunista, revistas sobre el Che y publicaciones sobre el bolchevismo.

«Ahora nos toca a nosotros, ahora toca hablar de las cosas del comer», dice Vicente Moya, secretario general de CCOO en Tarragona. «Después de una temporada en la que el soberanismo y el unionismo han salido a la calle, era el momento de hablar de la agenda social, de salarios, de ocupación, de pensiones y de igualdad», recalcó Moya.

Joan Llort, su homólogo en UGT, mencionó los conflictos laborales abiertos en el territorio, como el bloqueo en el convenio del sector del metal. «Afecta a 20.000 trabajadores, en un territorio muy castigado por el pago. Pedimos que sean derogadas las dos últimas reformas laborales», dijo Llort, sin descartar la convocatoria en un plazo próximo de una huelga general. 

Una de las pancartas de las camareras de piso
de los hoteles de PortAventura, que protestan
por la precariedad. Foto: Alfredo González

El color fue variado: desde las banderas republicanas, al amarillo de algunos lazos (los sindicatos protestaron también contra el encarcelamiento preventivo de políticos y líderes independentistas), pasando por el fosforito de los estibadores –el lema era ‘Ni un paso atrás’– o un tono morado que ganó mucha presencia en el trayecto desde la Plaça Imperial Tarraco hasta el Balcó que reunió a más de mil personas.

No sólo las últimas marchas feministas, con el 8-M como punto álgido, han espoleado las reivindicaciones de igualdad; la calle ayer ardió también indignada contra la reciente sentencia de la Manada. «No es no», se escuchó pronto en la marcha, igual que gritos de ‘yo te creo, hermana’ y todo un reguero de consignas contra el patriarcado.

Más femenino imposible era uno de los colectivos que lleva semanas en rebeldía, el de las camareras de piso, las bautizadas como kellys. Un mocho de fregona sujeto a un cartel de protesta encabezaba su marcha. Había varios guantes de limpieza junto a una gran pancarta con el lema: ‘Condiciones dignas. Pisos y lavandería. Hoteles de PortAventura’. 

La amenaza de huelga

Andan las limpiadoras del parque temático a punto de ir a la huelga porque protestan por una externalización de los servicios que ha traído la precariedad extrema al sector. «Gente que está trabajando con nosotros desde hace años cobran 500 euros menos por hacer el mismo trabajo.

Y no les hacen un contrato de siete horas, sino de cinco y media. La empresa que ha llegado se olvida de que las camareras tenemos unas condiciones que desde 2013, y aunque estemos de subcontratas, quieren que ahora las perdamos. Estamos en lucha por todos», indica Dolores López, representante del comité de empresa de los hoteles.

Los trabajadores estuvieron cerca de ir a la huelga el pasado fin de semana pero se evitó a última hora, abriéndose así un periodo de negociación de un mes: «Esto no ha acabado. Luego será la asamblea quien decida si acepta el resultado de lo que se acuerde. La última palabra la van a tener los trabajadores, como siempre, y si vamos a la huelga no será de dos días, sino de más».

‘La vellesa no ha de ser un negoci’, se leía en otra de las pancartas, en alusión al mundo de la asistencia a la tercera edad. En otra se pedía un convenio justo para la industria. También era el momento para reivindicar pensiones dignas, otra batalla social de estos días. «El estado del bienestar nos ha fallado justo cuando más lo necesitábamos», clamaba Joan Llort durante los parlamentos finales, junto al Balcó del Mediterrani, después de otros momentos de gran voltaje alegórico, como el recuerdo de la movilización proletaria setentera. 

Quizás por eso sonó 'Un ramito de violetas', de Cecilia; no podía faltar, para ambientar, el guiño a la canción de autor, y para ello qué mejor exponente que 'Canto a la libertad', de Labordeta; notas de color para una realidad cruda sostenida por los sindicatos con algunos datos: el 80% de las personas cobran menos de mil euros, ocho de cada diez contratos son temporales y el 74% son a jornada parcial, porcentajes que arrojan toneladas de duda sobre la recuperación económica de las familias.

Luego vino 'L’estaca', esa canción multiusos de Lluís Llach que en los últimos tiempos se ha convertido en himno del Procés. Para acabar, algo autóctono y genuino, 'La internacional', con el puño en alto de muchos de los presentes. 

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