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Los disturbios ya frenan la economía de Tarragona

El comercio cae un 30% en el centro de la capital, pero también en Reus. El transporte sufre pérdidas. Algunas operaciones inmobiliarias se paran. El sector turístico se muestra muy preocupado

Raúl Cosano

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Agentes cerca de la Plaça Corsini de Tarragona.  Foto: Fabián Acidres

Agentes cerca de la Plaça Corsini de Tarragona. Foto: Fabián Acidres

Bajada de clientes en las tiendas, cancelaciones en hoteles, retrasos en carretera que suponen un gasto imprevisto para el transporte, descenso en el alquiler de vivienda y hasta menos carreras de los taxis. La semana de disturbios sobre todo en las calles de Tarragona –pero también en Reus– genera un impacto negativo en la economía de la provincia, claramente perceptible por sus agentes. 

La situación no es drástica pero sí preocupante, sobre todo en lo que atañe al comercio en el centro de la capital tarraconense y al transporte. «Lo que ha sucedido ha afectado mucho a los comercios de proximidad, de familia. Se han visto muchos establecimientos aislados y solitarios estos días. Perjudica mucho la imagen de suciedad y de vandalismo. Es difícil establecer un volumen de afectación pero la cifra es elevada», indica Florenci Vives, presidente de Pimec Comerç en Tarragona, que define unas zonas concretas especialmente agraviadas, y que corresponden al eje céntrico de la Rambla Nova, la Rambla Vella y la Part Alta. Más contundente si cabe es Salvador Minguella, presidente de La Via T: «Es un desastre, todo el mundo se está quejando mucho. Las ventas han bajado entre un 30% o un 40% entre nuestros socios». No es sólo una cuestión de Tarragona. También en Reus se ha vivido algo similar, como afirma Gemma Molné, presidenta de El Tomb de Reus: «Siempre que hay inquietud y malestar, como ahora, el consumo se resiente. También ha caído estos días la venta ‘on line’. Es algo que afecta a todos los comercios cuando hay disturbios en las calles». 

Otro sector fundamental como el turismo contiene el aliento. La violencia callejera también ha lastrado a los alojamientos. «Sobre todo nos ha afectado en aquello que tenía que ver con el aeropuerto de El Prat. Ha habido alguna anulación y gente que ha adelantado su marcha. Se han tenido que buscar alternativas», cuenta Xavier Jornet, presidente de los hoteles en Tarragona, que añade: «El turismo y toda la economía desea siempre estabilidad». 

Cruceros que no llegan
En la misma línea se expresa Eduard Farriol, presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Tarragona (FEHT): «Cualquier inestabilidad, ya sea política, económica o social, nunca es favorable para ninguna destinación turística». 

Farriol lamenta los «cruceros que no han atracado aquí estos días a pesar de que lo tenían previsto» y alerta del daño futuro que se puede ocasionar: «Tarde o temprano, todas las imágenes de violencia que se están emitiendo internacionalmente y también a nivel nacional no nos ayudan y seguro que el sector turístico sufrirá las consecuencias. Nadie quiere visitar un destino donde cree que puede haber disturbios o donde tendrá que llegar desde el aeropuerto caminando». 

Tampoco el transporte escapa a las turbulencias de los cortes de carretera constantes. Josep Lluís Aymat, director de la Federació d’Autotransport de Tarragona (FEAT), admite que las empresas del sector han sufrido pérdidas económicas: «Casi todas las protestas acaban con cortes y eso entorpece nuestra actividad. El sector no puede estar muy contento porque nos afecta de manera muy directa. Los servicios se acaban haciendo pero se tienen que soportar más costes, más desvíos. Más tiempo en carretera supone un dispendio mayor». También el taxi ha notado un repliegue de la clientela, que ha preferido aplazar su desplazamiento ante la previsión de que su viaje sufriera un trastorno por las barricadas. 

Los hoteles de Tarragona han padecido las cancelaciones de vuelos en El Prat

Según algunas voces, la coyuntura también golpea desde el punto de vista inmobiliario. «Hay menos consultas de cara a futuras ventas y alquileres. Luego está el factor incertidumbre. Ante un futuro incierto, se renuncia a comprar o a invertir», explica Diego Reyes, presidente de la asociación de promotores del Tarragonès. 

Él mismo ha preferido en estos últimos días postergar operaciones: «Yo he pospuesto mis compras y a mis clientes les pasa lo mismo. ¿Cómo vas a tomar una decisión de comprar un inmueble con estas situaciones?». Reyes cree que «tenemos una pistola y nos estamos pegando nosotros mismos un tiro en el pie». 

Desde Pimec en Tarragona, su presidente, Jordi Ciuraneta, admite que ha vivido en sus carnes el perjuicio, ya solventado: «En mi empresa, que es de aceite y está en el Priorat, durante la semana pasada, por la razón que fuera, sufrimos una bajada fuerte de los encargos. Ahora ya nos hemos recuperado y ha ido al alza». Ciuraneta resume: «Está claro que todo esto no nos beneficia en nada. No podemos parar las actividades económicas. La necesidad de estabilidad debe combinarse con que el ciudadano exprese su indignación, siempre sin violencia». 

Joan Llort, secretario general de UGT en Tarragona, apuesta por «el diálogo en esta situación tan crispada» y expresa su temor a que los tumultos se perpetúen. «Si la violencia se prolonga habrá consecuencias a nivel de inversiones y de trabajo», zanja el representante sindical tarraconense. 

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