Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Los escolares descubren los juegos de Tarraco

Unos 2.200 niños se sumergieron en el pasado romano en una mañana en el Camp de Mart con carreras de sacos y gladiadores

Núria Riu

Whatsapp
Un banquete en la antigua roma en el Camp de Mart.  FOTO: Pere Ferré

Un banquete en la antigua roma en el Camp de Mart. FOTO: Pere Ferré

En un mundo en el que el juego pasa por una pantalla, y en el que cada vez más los niños sufren la falta de espacios en calles y plazas para correr libremente, jugar como lo hacían nuestros antepasados hace más de dos mil años constituye toda una descubierta. Es la experiencia que vivieron ayer alrededor de 2.200 escolares de toda la comarca del Tarragonès, que participaron en la vigésimoprimera edición de la actividad Juguem com jugaven els nens i nenes a Roma, dentro del programa de actividades de Tarraco Viva.

Desde la primera hora de la mañana, los jardines del Camp de Mart se transformaron en un enorme campo de juego, con un total de 128 propuestas distintas. Las había para todos los gustos. Algunas más movidas, otras de más tranquilas, dirigidas a los que prefieren sentarse y relajarse con un pincel o fabricando un muñeco. Y por supuesto no faltaban algunos clásicos como el tiro en arco, que siempre despierta pasiones.

«Yo pensaba que era más sencillo, pero es que no he dado ni una», decía incrédulo Guillem Prats, aún sujetando el arco. Era una de las propuestas que tenía más ganas de conocer, pero la falta de puntería le hacía perder el entusiasmo. «Ahora iré a ver a los gladiadores y después quiero probar con las ruedas», añadía. 

Taller de música, con los instrumentos tradicionales. FOTO: Pere Ferré

Mikel Calbache, de la Escola del Serrallo, se estrenaba ayer tirando de la cuerda. «Creo que me gusta más cómo jugaban los romanos que ahora», afirmaba mientras se recuperaba aún del esfuerzo. 

Si uno seguía todos los talleres podía vestirse, maquillarse, peinarse, enjoyarse e incluso construirse una corona de laurel. En cambio, Pau Medina, Adam Touil y Cristian Emilov preferían actividades más dinámicas. «Hemos estado haciendo tiro con arco y después un juego con una bolsa de bolas, que tenías que adivinar las que había en su interior», explicaban. Acababan de obtener un pegatina de color naranja tras una carrera con una rueda de madera pegada en un palo. «A mí esta es la que me ha gustado más», apuntaba Pau Medina, de la escuela Les Eres de Creixell. Este trío de amigos descubría ayer muchos de los juegos en los que no se habían entretenido nunca. «Yo creo que antes se lo pasaban mejor, jugar en la calle es más divertido», afirmaban sin dudarlo.

Formación previa

Un total de 47 escuelas participaron en la actividad. Eran niños de quinto curso de primaria, de edades comprendidas entre los nueve y los diez años. Organizado por el Camp d’Aprenentatge de la Ciutat de Tarragona, la actividad supone un trabajo de preparación previo considerable. «Primero hablamos con los profesores y los monitores para que tengan toda la información y los materiales de forma previa», explicaba la directora del centro, Monsterrat Cebrián.

Los alumnos pudieron vestirse de romanos. FOTO: Pere Ferré

El libro Els Jocs romans sirve de documentación para recuperar las diferentes actividades. «Algunos de los juegos hemos dejado de hacerlos, mientras que hay propuestas nuevas y otras que hemos recuperado para esta edición», explicaba. Cada uno de los niños llevaba colgado un pasaporte en el que después de cada actividad obtenía una pegatina, en función de si se trataba de una manualidad, un trabajo de ingenio o a nivel físico. «La idea es que vean los diferentes tipos de juego que había», explicaba Cebrián.

La peonza, a pares y a nones y el arco son algunas de las propuestas que, aunque de forma tímida, han sobrevivido hasta nuestros días. Sin embargo, hay muchas otras que se han perdido por el camino. «A día de hoy, a nadie se le ocurriría hacer una muñeca de paja o a partir de trozos de ropa», argumentaba Cebrián.

La pelota ya existía. Aunque no se trataba del balón que puede encontrar en nuestros días, sino que en este caso también se utilizaba la ropa u otros materiales diversos. ¿Dónde jugaban? «En las plazas y calles, una cosa que ahora, cuando vemos los niños solos encerrados en casa, de forma individual, se echa en falta», concluía la directora del Camp d’Aprenentatge.

Temas

Comentarios

Lea También