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Los ingresos suben en todas las franjas de edad en Tarragona

El pico de contagios de la quinta ola queda atrás pero vienen días de aumento de pacientes. Las hospitalizaciones se cuadruplican en un mes y ya impactan en todos los segmentos

Raúl Cosano

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Un monitor en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS Ebre

Un monitor en el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS Ebre

Un 65% más de ingresos en una semana y cuatro veces más en lo que va de mes. El triple de pacientes en la UCI. Es solo una parte del balance del crudo impacto hospitalario de la quinta ola en Tarragona, un nuevo envite del virus que da las primeras señales de empezar a remitir. Como siempre ha sucedido en el casi año y medio de pandemia, cuando los contagios comienzan a bajar aún queda un tiempo de incremento de presión hospitalaria. 

Varias voces médicas tarraconenses inciden en que quedan varias semanas de aumento de hospitalizados. O, dicho de otro modo, si parece que el pico de positivos ha quedado atrás, no sucede lo mismo con la cresta de la ocupación de camas, que aún seguirá en aumento en los próximos días. 

El incremento de hospitalizados se está dando en todas las franjas de edad, aunque sobre todo esté afectando a los jóvenes. Los ingresos de hasta 30 años se han multiplicado por ocho (de dos a 17 en este mes) y los de 30 a 60 por cuatro (de 14 a 55). Es entre los 30 y los 50 donde están los colectivos más perjudicados por esta quinta ola. Sin embargo, la explosión de casos ha sido tan acentuada que, de la misma manera en que los contagios han afectado también a segmentos superiores de edad, ha sucedido lo mismo con la necesidad hospitalaria. 

De hecho, los pacientes con Covid-19 también aumentan en franjas tan delicadas y vulnerables como a partir de los 70 o incluso de más de 90 años, si bien lo hacen en una proporción menor y, en último término, convenientemente protegidas por los efectos de las vacunas. 

El incremento de pacientes afecta a perfiles de más de 70, que son más vulnerables

Mortalidad baja

La mortalidad continúa, por fortuna, orbitando en rangos bajísimos, a pesar de la altísima incidencia del virus, que ha conseguido el récord de la pandemia. Por decirlo de otra manera: en ningún otro momento había más probabilidades de contagio al salir a la calle. Sin embargo, la cobertura de las dosis (casi un 53% de tarraconenses tienen la inmunidad tras el doble pinchazo o el antígeno único de Janssen) está evitando un auténtico colapso en los hospitales y un gran número de defunciones. Sin embargo, el Departament de Salut ha comunicado en los últimos días la defunción de un joven del Baix Camp de entre 30 y 39 años. 

A pesar de la baza de la vacuna, el verano está siendo muy distinto al pasado: a estas alturas de 2020 solo había 13 pacientes ingresados en Tarragona, nueve veces menos que en la actualidad, lo que posibilitó entonces una tregua estival para los sanitarios que en esta ocasión no se está dando. 

La situación sigue siendo de alerta. La secretaria de Salut Pública, Carmen Cabezas, destacó la importancia de parar la transmisión y realizó una llamada a «limitar las interacciones sociales y a reducirlas a la burbuja ampliada», esto es, a un grupo estable, reducido y acotado de personas. La variante Delta, «especialmente contagiosa y con curvas más explosivas», según Cabezas, es la mutación predominante en esta quinta ola. Tiene un periodo de incubación más corto que la Alfa, más tiempo de contagio y una mayor transmisibilidad que se relaciona con una mayor carga viral y más eficacia infectando las células. 

La nueva cepa se ha ensañado especialmente con la juventud. En Tarragona, según los datos oficiales de Salut, un 30% de personas hospitalizadas tienen menos de 40 años. La diferencia con otros momentos crudos de la emergencia sanitaria es palmaria. A finales de enero, en los estragos de la mortífera tercera ola postnavideña, Tarragona tenía tres veces más ingresados, rondando los 350 en el pico. De ellos, solo el 2,5% tenían menos de 40 años. 

El otro momento sanitariamente muy comprometido fue la segunda ola, a partir de octubre. En noviembre se llegó al pico asistencial, con 308 ingresados a principios de mes. Por entonces solo el 6% tenían menos de 40. En la actualidad, casi un 51%, más de la mitad, tienen menos de 50. En cualquier caso, se trata de porcentajes que muestran que el impacto del SARS-CoV-2 en personas jóvenes también es notorio. 

De siete pacientes a 25 en UCI

Ser joven tampoco evita, en algunos casos, la gravedad. La radiografía de las UCI, aunque con un volumen menor de pacientes, es similar e igualmente preocupante. Las unidades de intensivos en la provincia han pasado de siete pacientes a 25 en apenas 20 días. Un 72% tiene menos de 50 años y un 40% no han cumplido los 40, según la estadística en Tarragona. Hay 10 jóvenes tarraconenses en las UCI por coronavirus, cuando a principios de mes solo había uno. Solo la menor comorbilidad de esas personas, que ingresan sin patologías previas o con menos, evita desenlaces fatales y posibilita una recuperación más rápida y, por lo tanto, estancias más cortas tanto en planta como en unidades de críticos. 

La vacuna, que no evita el contagio ni asegura no tener efectos, sí elimina en una gran parte la gravedad de la patología. Así, Cabezas detalló ayer que de los 487 ingresados durante el mes de julio en UCI en Catalunya, el 73,5% no estaban vacunados, el 12,9% lo estaban parcialmente y solo el 13,5% tenían la pauta completa. 

En esta ola se han acumulado en Catalunya 141.083 casos. De ellos, 14.291 son postvacunales (10,1%), 2.330 son reinfecciones (1,6%) y en 515 casos se dieron las dos circunstancias a la vez (0,37%). 

La escabechina de la quinta ola viene dada por esa variante Delta de la que también habló ayer el jefe del servicio de microbiología del Hospital Universitari Vall d’Hebron, Tomàs Pumarola. Destacó que la cepa ha entrado con «muchísima fuerza porque tiene una combinación de mutaciones perfecta. No solo hay un predominio claro sino un desplazamiento y una homogeneización de las variantes». Además, Pumarola subrayó que, «de momento, con las variantes actuales mantenemos la capacidad de protección de gravedad». A pesar de eso, alertó de que «estamos inmersos en un proceso extraordinariamente dinámico, en el que siempre hay un predominio de las variantes mejor adaptadas y con una mayor eficacia biológica, como pasa con la Delta. Por tanto, siempre hay la posibilidad de que aparezca otra mejor adaptada». Como otros expertos, el doctor de Vall d’Hebron dijo que «si se quiere ralentizar la dinámica de variantes, hay que evitar al máximo la transmisión persona a persona, además de seguir con la vigilancia continua» de las mutaciones.

Motivos para la esperanza

En medio de este panorama, la situación epidemiológica sigue desbocada, si bien hay motivos para la esperanza. Tarragona rozó ayer los 600 positivos, en la línea de otros días, pero tanto el riesgo de rebrote como la Rt –la velocidad de contagio– van a la baja. «En estos momentos casi todos los indicadores de la epidemia marcan una bajada de casos reales en Catalunya asociada al descenso de contagios de la semana pasada en gente joven», analizan los científicos del Grupo de Biología Computacional y Sistemas Complejos de la UPC (BIOCOM-SC), que monitorizan la pandemia diariamente. 

Otra comparativa algo halagüeña: en los últimos siete días en Tarragona se han registrado 1.992 casos sintomáticos detectados por test de antígenos. Supone un ligero retroceso respecto al intervalo anterior (2.170), cuando se dispararon estos diagnósticos en relación a la semana previa (1.338) y a la anterior (396). Puede ser otra señal ilustradora de que lo peor, en cuanto a contagios, ha quedado atrás. En ese análisis de perspectiva, la festividad de Sant Joan actuó como punto de inflexión a partir del cual se dispararon exponencialmente los contagios. En la semana previa a esa fecha señalada que prácticamente da inicio al verano, el número de positivos fue de 104. Es 20 veces menos que en la actualidad. 

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