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Los paradistas de Tarragona reciben las multas por cerrar los sábados

Después de que Espimsa les advirtiera sobre los reiterados incumplimientos en el horario vespertino marcado por el reglamento, el Ayuntamiento hace efectivas las sanciones

Carla Pomerol

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Los primeros en no abrir las tardes de los sábados fueron los negocios de pescadería, alegando problemas con el género. FOTO: lluis milián

Los primeros en no abrir las tardes de los sábados fueron los negocios de pescadería, alegando problemas con el género. FOTO: lluis milián

La tensión ha vuelto al Mercat Central de Tarragona. Algunos paradistas ya han empezado a recibir las sanciones económicas por no abrir los sábados por la tarde, tal como estipula el reglamento. Después de mucho advertir, el Ayuntamiento hace efectivas las multas, que oscilan entre 750 y 1.500 euros, dependiendo de los incumplimientos. Según ha podido saber el Diari, la mayoría de paradistas han decidido presentar alegaciones a las sanciones. Tienen quince días para hacerlo, a partir de la notificación. 

La sanción llega por carta certificada y los concesionarios de las paradas deben ir a buscarla a la oficina de Correos. Las primeras llegaron hace aproximadamente dos semanas, y cada vez son más los paradistas que reciben la multa. La mayoría tiene claro que no hará frente a su pago y, actualmente, los propietarios de las paradas están acabando de marcar la estrategia a seguir. Por el momento, no quieren hacer declaraciones a la prensa.

Las puertas del renovado edificio del Mercat Central se abrieron por primera vez, después de once años de obras, el 16 de marzo de 2017. Primero fueron las pescaderías las que decidieron no abrir las tardes del sábado, alegando que el género no se podía guardar tantos días. Después fueron verdulerías y otros negocios. El resultado es que las tardes del sábado solamente abren entre 11 y 13 paradas de las 47 que acoge el Mercat Central. 

Por su parte, Espimsa –empresa municipal gestora del equipamiento comercial– advirtió en muchas ocasiones a los paradistas de las consecuencias del incumplimiento reiterado del reglamento, aprobado en abril de 2015. Incluso, la empresa permitió un período de prueba para que los paradistas pudieran adaptarse al nuevo horario. Parecía que habían llegado a un acuerdo. Era indispensable que tres pescaderías abrieran durante las tardes del sábado. Y así fue durante unas semanas, pero rápidamente volvieron a cerrar al darse cuenta de que no les salía a cuenta abrir. 

El reglamento era claro y, durante el período de exposición al público, no se presentó ninguna alegación. La normativa marca que las paradas deben estar abiertas de las 9 hasta las 20 horas de lunes a sábado, con la posibilidad alternativa de abrir de las 8.30 hasta las 21 horas, bajando la persiana los sábados por la tarde, los lunes por la mañana, o bien, cada mediodía de 15.30 a 17 horas. Sólo se puede escoger cerrar una de las tres opciones. El problema es que las pescaderías –y otros negocios– cierran lunes y sábado. 

Según los servicios jurídicos municipales, no abrir expedientes por el incumplimiento de los horarios marcados en el reglamento podría significar un delito de prevaricación. Es por esto que, pasado un período de tres meses desde la apertura del nuevo edificio, Espimsa empezó a controlar e inspeccionar aquellas paradas que no cumplían con el reglamento. Se abrieron expedientes sancionadores y, en enero de 2018, el consejo de administración de Espimsa acordó trasladar los expedientes al Ayuntamiento con el fin de hacer efectivas las sanciones.

Las multas comportan importes entre 750 y 1.500 euros, dependiendo de los incumplimientos. Según fuentes consultadas por el Diari, en caso de abrirse en tres ocasiones un expediente sancionador a lo largo de 18 meses, podría derivar en la retirada  de la concesión administrativa para operar en el Mercat.

Las dos caras de la moneda

Las multas parecen haber hecho su efecto y, este lunes por la mañana, algunas paradas que nunca abrían, decidieron hacerlo. El problema sigue siendo los sábados por la tarde, cuando la oferta gastronómica se reduce a una docena de paradas, de las 47 que hay. Algunos concesionarios aseguran que no entra casi nadie, ya que «no hay mucho por comprar», y añaden que «los que sí abrimos somos los más perjudicados». En el otro lado de la moneda están los paradistas que quieren cerrar. «Somos comercios pequeños y queremos conciliar la vida familiar con la laboral», aseguran. En medio, la presidenta de la Associació de Concessionaris del Mercat Central, Montse Bertran, quien lamenta que aún haya tan pocas paradas abiertas durante los sábados por la tarde. 

En más de una ocasión, desde el Ayuntamiento se han defendido asegurando que «los paradistas ya conocían las reglas del juego antes de entrar, sin embargo nadie presentó alegaciones al reglamento». Ayer, la presidenta de Espimsa y concejal de Comerç en el Ayuntamiento de Tarragona, prefirió no hacer declaraciones, aunque alertó de que los paradistas cuentan con quince días para presentar alegaciones. Tampoco quisieron dar su nombre y testimonio los propietarios de las paradas sancionadas. 

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