Tarragona Sociedad

Los recién llegados a TGN recibirán ayuda de un servicio de acogida

La atención se ofrecerá cuando las personas acudan a empadronarse y es una las iniciativas del Pla de Nova Ciutadanía. Cuatro de cada diez tarraconenses ha nacido fuera de Catalunya

NORIÁN MUÑOZ

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En el estudio estadístico hecho para el Pla de Nova Ciutadanía se refleja que Torreforta es el barrio con mas inmigración. FOTO: PERE FERRÉFUENTE: CONSELLERIA NOVA CIUTADANIA A PARTIR DEL PADRÓN MUNICIPAL

En el estudio estadístico hecho para el Pla de Nova Ciutadanía se refleja que Torreforta es el barrio con mas inmigración. FOTO: PERE FERRÉFUENTE: CONSELLERIA NOVA CIUTADANIA A PARTIR DEL PADRÓN MUNICIPAL

Cuatro de cada diez personas que viven en la ciudad (el 42%) nacieron fuera de Catalunya; el 22%, en el extranjero, y el 20%, en otra parte de España. No obstante, Tarragona no contaba hasta ahora con una fórmula para dar unas primeras nociones sobre cómo es y cómo funciona la ciudad a quienes vienen a vivir aquí. Hasta ahora solo había un servicio de acogida en el Institut Municipal de Serveis Socials, pero solo accedían quienes acuden a buscar ayuda a servicios sociales.

Paula Varas, concejal de Nova Ciutadanía, explica que la intención es que este nuevo servicio a partir de este mes se ofrezca desde la OMAC (Oficina Municipal d’Atenció Ciutadana) a todas las personas que acudan a empadronarse, independientemente de cuál sea su procedencia.

Así pues, la intención es que tengan información básica sobre cómo funcionan los servicios en la ciudad, cómo acceder al sistema de salud, orientaciones para la búsqueda de empleo, dónde estudiar catalán y castellano... Y también nociones sobre el patrimonio de la ciudad, su historia y el contacto de entidades de todo tipo.

«Es un cambio de enfoque radical», explica Varas, quien señala que ya ha habido una experiencia previa prestando este tipo de atención. Culminará este viernes con la entrega a un grupo de personas de los primeros ‘Certificados de acogida’ a personas llegadas recientemente a Tarragona. Estos ciudadanos han asistido a charlas sobre la ciudad y sus servicios, incluido un recorrido por sus principales monumentos, y han hecho cursos básicos de catalán y castellano, entre otros.

Además del servicio de acogida general, en breve comenzará también un plan piloto, en colaboración con la Cruz Roja, para orientar a las personas solicitantes de asilo y refugio.

Un plan ambicioso

La puesta en marcha de estos servicios se desprende de un marco más amplio que es el Pla de Nova Ciutadania, en el que ha estado trabajando el Ayuntamiento de Tarragona con los representantes de 61 colectivos inmigrantes de la ciudad.

Los colectivos (algunas entidades con larga tradición y otras que comienzan a organizarse), han trabajado para analizar cómo incorporar la mirada intercultural en todo lo que hace el Ayuntamiento. En el proceso, además, han participado diferentes departamentos municipales como servicios sociales, cultura, juventud o educación, entre otros.

Las entidades se han organizado a partir de la Taula de la Interculturalitat que se reúne cada mes. Varas explica que estos encuentros han servido no solo para hacer este diagnóstico, sino para visibilizar a un colectivo muy diverso. «Los inmigrantes no son una masa uniforme», apunta, sino que hay diferencias culturales y de orientación política.

Radiografía de la inmigración

Además de recoger la opinión de las entidades, el plan consta de un estudio estadístico que radiografía algunas características del fenómeno migratorio en la ciudad.

En base a los datos del padrón se puede constatar, por ejemplo, cómo ha sido la evolución de la inmigración con dos épocas de incremento claras entre los años 2003 y 2006 y del 2016 al 2019.

El principal país de procedencia de los inmigrantes de la ciudad es Marruecos, que en los últimos cuatro años ha tenido un índice de crecimiento del 35,54%. En este grupo destaca el crecimiento abrupto del número de menores de edad no acompañados, aunque el estudio destaca que «pese a que esta realidad ha cobrado relevancia y visibilidad en los últimos años, no es representativa del perfil de los inmigrantes originarios de Marruecos en nuestro país».

La segunda comunidad en número más numerosa en la ciudad es la rumana, aunque su crecimiento en los últimos cuatro años ha sido más leve, un 7,89%.

En el tercer lugar sí que ha habido cambios en los últimos años; si en 2016 ese sitio lo ocupaba la comunidad china, en 2017 pasó a ocuparlo la comunidad colombiana, que ha crecido en un 76,32%.

Las siguientes nacionalidades más importantes en número en la ciudad este 2021 son, en este orden, Italia, Paquistán, Venezuela, Nigeria y Argentina. De todas estas nacionalidades, la que ha registrado un mayor crecimiento estos últimos años fue la venezolana. Si en 2016 había 292 empadronados, este año son 844, lo que supone un crecimiento del 159,16%.

Diferencias por barrios

El estudio también encontró que la distribución de la inmigración es desigual entre los distintos barrios de la ciudad. Los barrios de Ponent, Sant Salvador y la Part Alta son las zonas con mayor densidad de ciudadanos extranjeros, aunque los datos también demuestran que el fenómeno no es homogéneo y que la nacionalidad también influye en el sitio donde se vive.

En el caso de la población marroquí, por ejemplo, la comunidad más numerosa es la que se encuentra en Torreforta. Mientras, el grupo más numeroso de rumanos reside en Sant Pere i Sant Pau.

En lo que se refiere a los colombianos, la mayor proporción vive en los barrios marítimos, mientras que los chinos viven, mayoritariamente, en el Eixample, igual que los venezolanos. Donde más italianos hay es en Llevant.

Visibilizar contra el racismo

La intención es presentar el plan el próximo mes de diciembre. Mientras, paralelamente, se seguirán programando actividades para visibilizar la diversidad cultural de la ciudad. Varas considera que esta visibilización es clave en momentos en que están en auge ciertos discursos xenófobos.

Considera que la no visibilización es una forma de racismo y hace el símil de lo que supondría sentar atrás en un teatro a las personas inmigrantes para que no se vean. «Se trata de que sepan que hay espacio para todos, que tendrán las mismas oportunidades que los demás de sentarse en cualquier sitio, ni mejor ni peor», resume.

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