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Los rescates en la montaña y el campo se disparan un 50%

La situación de pandemia ha provocado que la gente no viaje tanto y prefiera salir a pasear por el entorno más cercano. Baix Camp y Baix Ebre, las comarcas con más intervenciones

ÀNGEL JUANPERE

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Imagen de un rescate de este año en los Ports de Tortosa. FOTO: BOMBERSDOS LANCHAS DE BOMBERS DURANTE LA BÚSQUEDA DE UN JOVEN DESAPARECIDO EN MIRAVET. FOTO: JOAN REVILLAS

Imagen de un rescate de este año en los Ports de Tortosa. FOTO: BOMBERSDOS LANCHAS DE BOMBERS DURANTE LA BÚSQUEDA DE UN JOVEN DESAPARECIDO EN MIRAVET. FOTO: JOAN REVILLAS

Pueden descender en rapel desde un helicóptero, adentrarse en una cueva profunda, sumergirse en lo profundo de un pantano o, simplemente, asistir a una persona que se ha torcido el pie mientras hacía excursionismo por la montaña. El Grup d’Actuacions Especials (GRAE) de los Bombers de la Generalitat ha visto este año –coincidiendo con la finalización del confinamiento– incrementar su trabajo. En el caso de la demarcación de Tarragona, el número de intervenciones ha aumentado un 50 por ciento. Si en los primeros ocho meses de 2019 efectuaron 110 servicios en las diez comarcas tarraconenses, este año la cifra se ha disparado hasta 156.

La pandemia ha cambiado muchos hábitos de los ciudadanos. Ante la imposibilidad –o dificultad– de salir al extranjero o simplemente marcharse de casa para pasar las vacaciones, muchos han optado por redescubrir el entorno natural más cercano. «Sí que puedes salir al extranjero, pero mucha gente ha preferido no hacerlo. Los catalanes somos gente muy viajera. Pero muchos se han quedado en casa y han preferido salir a pasear por las zonas montañosas». Es una de las reflexiones que lanza Alfons Esterlich, miembro y portavoz del GRAE, una unidad del cuerpo de Bombers de la Generalidad de Catalunya especializada en salvamentos y rescates en el medio natural y en lugares de difícil acceso.

«El hecho de que haya más gente en la montaña provoca que se produzcan más accidentes», recalca. Cree que este es el motivo principal por el que se han disparado los servicios que efectúa el grupo, y no tanto si están más o menos preparados para salir a caminar por el campo.

La plantilla actual

Actualmente, el GRAE está formado por 95 efectivos –se acaban de incorporar 14 nuevos–, además de 19 médicos del Sistema d’Emergències Mèdiques (SEM). Están repartidos en tres bases: Cerdanyola del Vallès, Olot, y La Seu d’Urgell. Por su parte, la unidad subacuática se encuentra en Cerdanyola. Para realizar los rescates, salvamentos o para moverse por el territorio catalán disponen de cuatro helicópteros, aunque uno no cuenta con el dispositivo de grúa y, además, le queda poca vida operativa. El de Olot, dependiendo de la época del año, es movible.

Los tres aparatos siempre están disponibles para despegar –nunca de noche–, siempre y cuando no estén averiados o en revisión. El personal de GRAE de Cerdanyola hace sus guardias en el aeropuerto de Sabadell, donde está el helicóptero. «De esta manera se facilita el entendimiento entre la tripulación y los bomberos. Además, se sale más rápido hacia la emergencia –porque no se hace parada en el parque de bomberos de Cerdanyola–. «Hay una interacción social entre todos», asegura Esterlich.

Cada día están de guardia un mínimo de siete ‘graes’ de montaña –cuatro en Cerdanyola y tres en las otras dos bases– y cuatro subacuáticos, además del coordinador, que se queda en la sala de control de Bellaterra. Cada base tiene territorio. En el caso de la demarcación de Tarragona, baja el personal de Cerdanyola con el helicóptero. «Pero si un servicio requiere más efectivos, se le da una respuesta adecuada a la emergencia y, si es necesario, acude personal de otras bases», recalca el sargento del GRAE. Añade que alguna vez, «muy pocas», se han dado dos emergencias graves en la misma zona, «y tenemos que decidir a qué servicio se acude antes».

Esterlich tiene un gran bagaje en el cuerpo de bomberos –ingresó hace 34 años–. En 1997 entró en el GRAE, donde ha permanecido hasta el 2005 como rescatador, cuando ascendió a cabo y fue destinado a un parque de bomberos. «Soy escalador. Mi deporte ha sido la escalada en roca. Cualquier escalador que sea bombero, su culminación es entrar en el GRAE», señala. Por ello, cuando hace dos años ascendió a sargento y le salió la oportunidad de volver al GRAE –aunque sea de coordinador, una figura organizativa–, no se lo pensó dos veces. Recalca que el grupo «ha llegado a una especialización muy grande, con muchos efectivos y medios». Todos los bomberos que están en el GRAE son escaladores o tienen conocimientos de montaña. Lo mismo ocurre con los subacuáticos.

El viajar

Este experto montañero no cree que realicen más servicios porque la gente salga a caminar o a hacer excursionismo sin estar preparada, sino sencillamente porque en los dos últimos años ha habido un alud de personas que, ante la imposibilidad de viajar, han salido a pasear en el entorno que tenían más cercano o al que podían ir. «El año pasado salíamos de un confinamiento domiciliario. Y a algunas playas no se podía ir por un tema de guardar la distancia. Mucha gente optó por ir a la montaña y tuvimos un incremento de rescates en las rieras. En el caso de Tarragona recuerdo muchos servicios en las pozas –gorgs– de La Febró, Mont-ral y Alcover», recuerda. La mayoría de intervenciones fueron por caídas o resbalones en las rocas.

El sargento de los bomberos reconoce que a veces las personas «son demasiado optimistas respecto a sus capacidades, mientras que otras actúan empujadas por sus mismos compañeros, que le quieren enseñar una cima o un itinerario. Y aquella le va grande a la víctima». A veces, también uno peca de optimismo cuando piensa «yo esto lo he hecho», pero quizás hace treinta años, con más corpulencia física y con otro tipo de comportamiento meteorológico.

En Tarragona, el GRAE acude a la zona de Prades –por excursionistas y gorgs– y a los Ports de Tortosa. También a la Serra de Llaberia –Vandellòs, Tivissa y Colldejou–. «La escalada es un deporte de componente de riesgo bajo, pero da accidentes muy graves», recuerda el coordinador del GRAE, aunque añade que «a Tarragona se baja muy poco por este tipo de servicios». Las intervenciones más habituales son por torcedura de tobillo, por rodilla o de clavícula en caso de caída de ciclistas. «Estos van por pistas poco accesibles y llevan velocidad. Cada día tenemos más intervenciones de este tipo».

A veces tienen que rescatar a compañeros del mismo departamento de la Generalitat, como a un mosso d’esquadra que se encontraba en una zona de difícil acceso desmantelando una plantación de marihuana. Sufrió un traumatismo y se lesionó una rodilla. Tuvieron que acudir a rescatarlo los bomberos del GRAE. El coordinador recuerda también la búsqueda de una persona con problemas de ludopatía que había dejado incluso una nota despidiéndose. Al cabo de unos cuatro días apareció vivo.

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