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Los robos en el interior de los coches se disparan un 28% el último año

El perfil de los autores es un vecino de Tarragona, delincuente habitual, que elige un vehículo al azar después de romper el cristal durante una tarde del fin de semana

Àngel Juanpere

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En la mayoría de los robos de este tipo los ladrones rompen uno de los cristales.  Foto: àngel juanpere

En la mayoría de los robos de este tipo los ladrones rompen uno de los cristales. Foto: àngel juanpere

Un hombre vecino de la ciudad de Tarragona, delincuente común o habitual, no especializado y que no va a buscar objetos en concreto sino aquello que encuentre después de romper uno de los cristales del vehículo. Es el perfil de aquellos que se dedican a asaltar coches en Tarragona para robar lo que encuentren en el interior. Lo asegura el inspector responsable del Àrea Bàsica Policial del Tarragonès de los Mossos d’Esquadra, Vicent Lleonart. Y es que en el último año ha habido un repunte de este tipo delictivo, no sólo en la ciudad de Tarragona sino también en la comarca e incluso en otros puntos de Catalunya, reconoce este mando policial. Este aumento de los delitos va acorde con un incremento del consumo de heroína. 

En la última Junta Local de Seguretat de Tarragona –del pasado 20 de junio– uno de los temas que se abordó fue el importante incremento en el último año de los robos en interior de vehículo. Lleonart afirma que dicho delito va asociado a la actividad económica y social, «es un delito fluctuante», sentencia. Y es que en las últimas décadas ha sufrido un progresivo cambio. A finales del siglo pasado el objetivo de los delincuentes eran los radiocasetes fijos, que se veían desde el exterior. Ahora, el delincuente de Tarragona no es selectivo. Ya no es necesario ver algo desde el exterior para atacar aquel vehículo. Muchas veces, acceden al interior y no roban nada porque no hay ningún objeto que les merezca la pena coger.

Poco valor

Los ladrones, en muchos de los palos sustraen efectos que apenas llegan a los diez euros de valor, que rápidamente venden en tiendas de segunda mano o a otro delincuente. Se trata principalmente de personas desesperadas, que necesitan con urgencia dinero. Algunas fuentes apuntan que dicho efectivo es para comprar heroína, una droga que en los últimos años está teniendo un repunte importante, como lo demuestran las diferentes incautaciones de kilos de dicha sustancia, importada de Asia.

Si este delito es fluctuante en el tiempo, también lo es durante el año. «Entre mayo y julio tenemos un repunte importante, y también durante la campaña de Navidad, aunque se trata de un hecho que se da durante todo el año».

El mando policial reconoce que en los dos últimos años ha habido un importante aumento de este delito en la ciudad de Tarragona, «pero si lo comparamos con cinco años atrás, ha habido una reducción del 12,9 por ciento». Si se mira el problema por la media de los casos mensuales, en los últimos años se ha situado entre los 80 y los 120 asuntos. Si entre 2010 y 2013 la media era de 100 a 120, de 2014 a 2017 son entre 80 y 100 hechos delictivos. «Ahora estamos en 98», dice Lleonart.

Una circunstancia parecida se da en la comarca del Tarragonès. Entre 2010 y 2013 la media se situaba entre 200 y 240, y de 2014 a 2017 entre 140 y 170. Actualmente es 166 hechos: «En los últimos cinco años este delito se ha reducido un 31 por ciento en la comarca».

Tanto en la ciudad como en el Tarragonès, la mayor parte de los robos en interior de vehículo se dan de viernes a domingo, principalmente por la tarde. En Tarragona, el 85 por ciento de los objetivos son turismos, un cinco furgonetas y el resto –un 10 por ciento– otra clase de vehículos, como camiones, motos, etc. Y el 90 por ciento de los hechos se producen en vía pública urbana, y en mucho menor media en aparcamientos públicos y en la playa –durante el verano–. En el caso de la comarca, los asaltos a turismos representan el 70 por ciento, el de furgonetas un 10 y el resto se lo reparten los otros vehículos.

En ciudad se roba más

A pesar de la posible creencia de que la mayoría de robos de efectos en el interior de vehículos se da en los barrios, las estadísticas demuestran lo contrario. La mitad de los delitos se cometen en la ciudad, una cuarta parte en los barrios de Ponent, un doce en los de Llevant y el restante 13 por ciento se lo reparten otros barrios –como Sant Pere i Sant Pau o Sant Salvador– y zonas diseminadas.

Vicent Lleonart asegura que no hay ninguna zona más problemática que otra. Si se observan sobre el mapa los puntos donde se han cometido estos delitos, están diseminados totalmente. 
Hace ya algunos años los buenos delincuentes abrían rápidamente un vehículo por la cerradura y sin dañarla. También podían emplear una cinta para, desde el cristal, desbloquear el seguro. Ahora ya no quedan delincuentes finos. Con la mejora de la seguridad de los vehículos y una cierta desidia de los ladrones ahora el método más utilizado para abrir coches es la rotura de uno de los cristales del vehículo.

En segundo lugar, pero a mucha distancia, está el blincamiento, que consiste forzar el vehículo a través de la parte más frágil de la puerta. Y en tercer puesto se sitúa forzar la cerradura. 
El responsable policial afirma que cada vez se dan más casos de robo por un descuido del propietario, bien porque se ha dejado la ventana abierta –más ahora en verano– o porque con las prisas y los niños se dejan la puerta sin cerrarla del todo, «las patrullas están cansadas de cerrar puertas».

Investigar estos robos, asegura el mando policial, no es fácil. Es muy difícil encontrar las huellas del autor en medio de decenas porque los vehículos los suelen tocar muchas personas. Además, muchas veces la víctima limpia el coche y borra cualquier rastro.

Los Mossos d’Esquadra aseguran que realizan operativos propios y conjuntamente con las Policías Locales contra esta práctica delictiva. «Llevamos un año y medio inspeccionado posibles puntos de receptación de objetos robados. También controlan los establecimientos de segunda mano y locutorios», dice Lleonart, quien añade que «es uno de los delitos en que la gente colabora más», posiblemente porque sienten que cualquier día pueden ser ellos la víctima.
Otra de las dificultades con que se encuentran los investigadores es que muchas veces recuperan objetos sospechosos de haber sido robados pero si en su día el denunciante no los identificó correctamente, cuesta mucho relacionar dichos objetos con el ladrón, o incluso devolvérselos a la víctima. 

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