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Los vecinos de Centcelles tienen un problema con las arcillas expansivas

En algunos bloques de pisos, las cajas de las escaleras se están separando completamente de las viviendas

Núria Riu

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A este vecino le cayó una parte del techo de la escalera delante de la puerta. Foto: Lluís Milián

A este vecino le cayó una parte del techo de la escalera delante de la puerta. Foto: Lluís Milián

«Estaba trabajando y me llamó la policía local porque tenía que venir rápido porque había pasado una cosa», explica Mohamed Garmal. Vive en uno de los bloques  de pisos del barrio de Centcelles, en Constantí, y el año pasado se llevó un buen susto cuando le avisaron a las cinco de la tarde porque había caído una parte del techo de la escalera en la puerta de su casa. No deja de recordar que esta hora es en la que vuelve su hijo del colegio. «Era fiesta, pero podría haberse quedado atrapado tanto él como mi mujer», continúa.

Garmal dice que «cada dos por tres» se encuentra con nuevas piedras en el suelo y que, a pesar de que lo ha hablado con el presidente de los vecinos, «no me dan ninguna solución. Me iría, pero no tengo otro sitio», añade.

Para entrar en casa, esta vecina tiene que saltar esta grieta. Foto: Lluís Milián

En la calle del Sol, portal número 10, la situación realmente es muy preocupante. Cuando uno entra por la puerta ya puede comprobar como la caja de la escalera y la pared de los pisos están separadas un centímetro aproximadamente. Y lo que en el primer piso es una grieta de un dedo se convierte en una separación de hasta cinco en la puerta de la vivienda de Juan Díaz y Sílvia Sánchez. Ocupan el piso superior. «Empezó a abrirse todo. Cuando llovía si te pillaba en la escalera era como si estuvieras en la calle. Tenemos toda la puerta dañada, pero al final pusieron una tela arriba y se solucionó», explica el marido. Pero lo que empezó en el tejado pronto fue visible desde la escalera, por lo que en 2015 se puso un sistema para medir si la grieta iba a más. «Lo dejaron y no volvieron», sigue explicando Díaz. 

Sílvia Sánchez lo tiene muy claro: «Esto da miedo, yo me iría ya mismo, pero qué hacemos si no nos dan un piso». En la puerta de casa han colocado una lámina de madera para que cuando entren en casa no den un paso en falso. Y ya en el interior, ni rastro de las grietas.

Construido en la década de los setenta, la antigua Adigsa levantó este barrio de pisos protegidos en los que viven 600 familias. Al hormigón y a la precariedad de las construcciones hay que añadirles un nuevo enemigo: las arcillas expansivas, que en función de la humedad se dilatan o contraen, provocando movimientos en el suelo. 

Se colocó una escuadra para señalar la separación entre la pared de las viviendas y las escalera, que sigue desenganchándose. Foto: Lluís Milián

Evitar males mayores

Tras las quejas de algunos de los vecinos, ahora se estudiará el tema. Se realizarán los estudios geotécnicos que ha encargado la Agència de l’Habitatge de Catalunya y se evaluarán las patologías estructurales que presentan los edificios. Los puntos que se han seleccionado son los esquineros, ya que en estos se encuentran las principales afectaciones. Así lo explica el alcalde de Constantí, Oscar Sánchez, quien apunta que «es un tema que nos preocupa ya que hay el riesgo de que puedan desprenderse fragmentos del techo». El edil socialista asegura que a partir de los estudios se determinará la solución que debe darse a los afectados.

Aunque las arcillas expansivas no tan solo representan un problema para los vecinos de Centcelles. De hecho, es un problema que está afectando a buena parte del pueblo. La iglesia de Sant Feliu sigue cerrada desde el año pasado, cuando, tras acentuarse las grietas que habían aparecido en 2012, empezó a temerse por un incidente y finalmente la parroquia y el arzobispado decidieron cerrarla. 

Se reforzó el interior con micropilones para evitar cualquier daño estructural, y se mide si el suelo sigue moviéndose, antes de adoptar una decisión definitiva.

La iglésia de Sant Feliu sigue cerrada desde el año pasada por el miedo a que sucediera un incidente. Foto: Lluís Milián

«Después ya deberán ser el Arzobispado, la Diputación y la Generalitat los que decidirán lo que van a hacer, porque si sigue moviéndose estamos hablando de una intervención que costará mucho dinero», describe Oscar Sánchez.

Mientras tanto, la eucaristía se celebra en la pequeña parroquia que hay delante del Ayuntamiento. Al tratarse de un espacio reducido, con capacidad para entre 100 y 150 personas, en los días como la fiesta mayor, en los que se prevé una gran asistencia, o en los entierros multitudinarios, se condiciona el pabellón polideportivo.

Convivir con el problema

Las grietas también han aparecido en algunas viviendas antiguas de la calle Mayor, en las que progresivamente desde 2012, han ido haciendo acto de presencia. Entre la gente mayor ya se comenta que desde que se desvió agua del Francolí, el acuífero se seca más a menudo, y esto es lo que estaría ocasionando los problemas. En todo caso es un factor determinante cada vez que este municipio quiere tirar adelante un nuevo proyecto. «Los servicios técnicos del Ayuntamiento siempre que impulsan un proyecto ya lo tienen en cuenta», añade el alcalde. 

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