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Marina Subirats: «El modelo masculino mata, y mata más a los hombres»

Educamos diferente desde la barriga. Subirats, una referente en políticas de igualdad, habla 
de cómo seguimos formando de forma distinta a niños y a niñas y sufriendo las consecuencias

NORIÁN MUÑOZ

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Marina Subirats, en el rectorado de la Universitat Rovira i Virgili antes de ser investida doctora Honoris causa. FOTO: ALBA MARINÉ

Marina Subirats, en el rectorado de la Universitat Rovira i Virgili antes de ser investida doctora Honoris causa. FOTO: ALBA MARINÉ

Marina Subirats Martori (Barcelona, 1943) fue investida ayer como doctora Honoris Causa por la URV. Catedrática emérita de Sociología en la UAB, es una referente en políticas de igualdad. Ha sido directora del Instituto de la Mujer, miembro de la Comisión de Igualdad de Oportunidades de la Unión Europea, regidora de Educación del Ayuntamiento de Barcelona y miembro del Consejo Escolar del Estado, entre otros.

¿La llaman mucho los periodistas alrededor del 8M? ¿Y el resto del tiempo?

Durante mucho tiempo el tema de las mujeres fue el tema del 8 de marzo, pero hace años que no. Ahora casi cada semana tengo una solicitud de conferencia, llamadas... El tema de las mujeres ha estallado por fin.

El confinamiento dejó a muchas mujeres agotadas tratando de teletrabajar o trabajando en primera línea, cuidando de los hijos… ¿Hemos aprendido algo?

Lo que hayamos aprendido todavía no lo sabemos. Lo que sí es cierto es que se ha visto la importancia de trabajos a los que se les da muy poca y que son de mujeres: el trabajo del cuidado en la familia, pero también en los hospitales, en las residencias... Pero el problema del que habla no empezó con la pandemia. Las mujeres hemos salido de las casas al mercado de trabajo, pero hemos seguido teniendo el trabajo familiar. Para ir bien esto necesitaba equilibrarse; que si nosotras hacemos el 50% del trabajo pagado los hombres hubieran hecho el 50% del trabajo no pagado, y eso no ha ocurrido.

¿En qué se traduce?

Durante mucho tiempo hice una encuesta importante en Catalunya y vimos que entre los 30 y los 50 a 55 años las mujeres llevan una sobrecarga tremenda porque es el momento de más intensidad en el trabajo profesional y es, además, la etapa de los hijos pequeños, de la crianza, que luego se enlaza con el cuidado de los padres. Con lo cual las mujeres en esa edad no tienen un minuto para ellas, hay una sensación de culpa, de no estar haciendo todo lo que tendrían que hacer y es algo que hay que cambiar.

¿Cómo convencemos a los hombres de que la corresponsabilidad puede ser buena para ellos?

Yo he ido por otro camino, que es estudiar la mortalidad femenina comparada con la masculina. Cuando estudias esto te encuentras que el modelo masculino actual mata, y mata a más hombres que a mujeres. Hasta los dos años mueren más o menos la misma cantidad de niños y de niñas, pero a partir de los tres empiezan los niños a morir más y hacia los 20 años las cifras dicen que por cada mujer que muere, mueren tres hombres, y no mueren de enfermedad, sino de masculinidad.

¿De masculinidad?

Las causas son suicidios, accidentes, drogas, homicidios, deportes de riesgo... Los criamos diciéndoles tú tienes que demostrar que eres un hombre, tienes que ser valiente, no tienes que tener miedo. Antes esto se hacía para que fueran a la guerra a morir y a matar... Ahora hay muchas horas, días y años de vida perdidos por parte de los hombres por masculinidad. Ellos no tienen la culpa, los hemos educado así y ellos tratan de cumplir con los mandatos que les hemos dado.

Justo ahora parece que comienza a prender la idea de elegir juguetes no sexistas y cuentos donde aparezcan mujeres. ¿Es relevante?

Esta es una reflexión que tenemos que hacer muy a fondo, yo llevo casi 40 años con este tema, he hecho miles de conferencias, artículos... Y está costando mucho que exista un interés real por la coeducación. De nada vale que una ley diga que los libros de texto tienen que cambiar si no se hace. En donde más mujeres hay es en los libros de idiomas modernos, porque como hay que estudiar el vocabulario cotidiano allí sale la mamá haciendo el ‘breakfast’. Pero, ¿qué referencia tiene la niña? Que cuando se habla de la historia los protagonistas son los jefes, los guerreros, los reyes.

Y alguna reina...

Y a veces también se olvidan. Una vez dirigí un trabajo al respecto y estudiamos la Conquista de América en todos los libros de texto. En algunos libros sobreviven Isabel la Católica y la Malinche; en otros ni ellas... Las mujeres escribimos sobre la arena y viene la primera ola y nos borra.

En esta universidad, como en otras, aunque hay más estudiantes mujeres, en las carreras científicas y técnicas sigue habiendo más hombres. ¿Qué pasa?

Todo comienza desde el nacimiento, incluso antes; ahora ya sabes si vas a tener un niño o una niña y preparas el cuartito, los colores, los juguetes... Sabemos por ejemplo que las madres dan el pecho de manera diferente a niños y a niñas; al niño le dejan mandar más... Estos son mensajes que van recibiendo en la etapa más receptiva para el cerebro. Por mucho que les hagamos después cursillos a los 14 años diciendo que hay mujeres ingenieras, vamos tarde porque la personalidad de base ya está hecha. Para que consigamos que las niñas puedan ir a ingenierías y que los niños puedan ir a magisterio tenemos que empezar desde el nacimiento.

¿Cómo?

En Barcelona fui concejala de educación y en las guarderías públicas, que dependen del ayuntamiento, comenzamos a desarrollar todo esto. Las educadoras nos decían: ‘son tan pequeños que no nos fijamos si son niños o niñas’, pero en cuanto empezamos a observar se dieron cuenta cómo les damos mensajes diferentes.

Entiendo que con la violencia de género pasa parecido.

Sí, también vamos tarde. En Navarra en la legislatura anterior hicieron un programa que se llama Skolae y que preveía la educación afectivosexual desde los seis años. ¿Qué pasó? Que tuvieron encima a todas las fuerzas vivas de Navarra, que el Opus lo denunció; y Vox... Hicieron una propaganda falsa diciendo que a tu hijo de seis años le van a enseñar a masturbarse... La iglesia ha estado impidiendo que hiciéramos una educación afectivosexual sistemática en las escuelas. Cuando estuve en el Instituto de la Mujer conseguimos mandar a todas las escuelas un material excelente pero en dos años que duró apenas se pudo implantar y llegó el PP y lo borró. Estoy hablando de hace 25 años. El resultado es que hoy los niños no tienen información adecuada ni de la familia ni de la escuela y buscan pornografía y es cuando comienzan a tener una idea de las relaciones sexuales completamente equivocada.

Ha habido muchas críticas a la ministra Montero por hablar de ‘niñes’. ¿Cómo lo ve?

Lo veo de una manera diferente. Creo que tenemos que ir hacia la desaparición de los géneros. Esto quiere decir que cada niño y cada niña nacen con un sexo. Está en todas sus células, que tienen el cromosoma Y o X. Eso lo vamos a dejar así. Lo que sí podemos cambiar, porque es una cosa social y además no nos funciona bien, es que si un niño, por ejemplo, quiere jugar con muñecas o ponerse faldas como su hermana, simplemente le dejemos en paz... Que cada persona pueda elegir a qué va a jugar, con quién acostarse, si va a ser a ser ingeniera o amo de casa. Entonces tendremos libertad y no necesitaremos lo de elles.

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