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Mas Mallol de Tarragona cumple 95 años sumido en el olvido

No hay planes ni presupuesto para este edificio modernista catalogado como bien de interés local. Quedó en desuso hace seis años, tras el cierre de la Escuela Olga Xirinacs

Norián Muñoz

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El edificio, catalogado como Bien de Interés Local, permanece vacío desde el cierre de la Escola Olga Xirinacs, hace seis años.  FOTO: Alba Mariné

El edificio, catalogado como Bien de Interés Local, permanece vacío desde el cierre de la Escola Olga Xirinacs, hace seis años. FOTO: Alba Mariné

«Me da mucha pena, hace tiempo que allí no entran más que las palomas», dice la vecina de un adosado cercano al edificio de Mas Mallol, un caserón modernista de tres plantas que llegó a albergar dos escuelas distintas y que hoy se muere sumido en el abandono en la Muntanya de l’Oliva.

El edificio fue construido entre 1920 y 1923 (este año cumple su 95 aniversario) por el arquitecto Francesc Morera i Gatell como casa de veraneo para el empresario naviero Macià Mallol. Es de los pocos edificios, junto con la Casa Rosell, en la Rambla Nova,  que dejó en la ciudad este arquitecto nacido en Tarragona, ya que luego se convertiría en arquitecto del Ayuntamiento y de la Diócesis de Lleida. El edificio albergó la Escola Pax desde su creación por un grupo de padres en 1963 hasta 2002, fecha en que el centro escolar se trasladó a un nuevo edificio en un solar vecino.

Mas Mallol pasó entonces cinco años vacío hasta que en 2007 volvió a abrir de la mano de la recién fundada Escola Olga Xirinacs. El centro, no obstante, fue cerrado en 2012, en la época más dura de los recortes en educación. Aquello implicó la dispersión de los 119 alumnos que había en la escuela y el cierre del edificio, que dura hasta nuestros días.

Hoy el edificio principal, desde fuera, parece aguantar estoicamente el paso del tiempo, aunque quienes han estado recientemente en el interior explican que hay cristales rotos, lo que ha favorecido la entrada de palomas que campan a sus anchas, con los consecuentes problemas de limpieza. La caseta contigua, justo a la entrada, sí que tiene peor aspecto y tiene las puertas rotas.

Los terrenos que lo circundan están igualmente degradados, aunque un imponente sauce llorón sigue dando sombra en el que fuera el patio.
De estilo modernista, el edificio figura como Bien Cultural de Interés Local  (BCIL) en el Catàleg del Patrimoni de la Generalitat de Catalunya.
Consultados respecto al destino del edificio, desde el Ayuntamiento de Tarragona explican que no hay, de momento, un plan para darle uso ni tampoco presupuesto para ello. 

Esperando un uso educativo

«Nos sabe muy mal que nadie se preocupe por este edificio. Es una casa preciosa con la que muchos tarraconenses que estudiamos o trabajamos allí tenemos una conexión emocional... Da pena, porque ya sabemos cómo acaban los edificios que no tienen uso», explica Maria Guell, actual directora de la Escola Pax, principales vecinos del Mas Mallol.

Guell recuerda que el hecho de que los fundadores de la escuela eligieran esta casa como sede en los años sesenta le dio un carácter acogedor que influyó en su manera de enseñar. Clara Dalmau, exalumna que estudió en la escuela antes de su traslado al edificio nuevo, apuntaba que «estar en un colegio con estas características era distinto, sabías que no era una escuela como las demás, con aquellas escaleras de caracol, el patio que más que un patio era un bosque... Me sorprende mucho que un edificio como ese no esté en uso, que no lo aprecien», se lamenta.

Y no es la única; Joan Juera, presidente del Ampa de la escuela PAX, recuerda que cuando en su momento la escuela entregó la casa al Ayuntamiento de Tarragona fue para un uso educativo por lo que, consideran, debería dársele un uso educativo o cultural. El mismo año en que se cerró se habló de instalar allí un Aula Municipal de Artes Plásticas, pero la idea no se concretó.

Los vecinos de la zona también se quejan del abandono del inmueble, tal como explica Juantxo González, presidente de la Asociación de Vecinos Tarragona 2, quien no se explica que «a un edificio catalogado como éste no se le preste ninguna atención». Él también reivindica que el uso que debería darse al edificio sea educativo.

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