«Me vacuno para proteger a mis abuelos»

Nervios, llantos, muchas ganas y la lección bien aprendida en el primer día de la inoculación de los niños de 5 a 11 años en Tarragona. Las citas para estos días se han llenado rápidamente

Raúl Cosano/Marina Pallás

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Pau Lladó, de cinco años, vacunándose ayer en el Palau. Foto: Alfredo González

Pau Lladó, de cinco años, vacunándose ayer en el Palau. Foto: Alfredo González

Roger (11 años) y Pau Lladó (5) argumentan por qué se vacunan con una solidez pasmosa y una gran desenvoltura. «Estaba un poco nervioso pero sé que es importante hacerlo, para contribuir a proteger a la comunidad. Si yo me vacuno sé que estoy ayudando también a los demás, a la gente de mi alrededor», explica Roger, el mayor de los dos hermanos que han estado entre los primeros de la franja de 5 a 11 para inocularse en Tarragona. «Me vacuno para que el Covid-19 no me afecte», dice, también muy informado, el pequeño Pau, que en unos días cumplirá los seis años. 

Ellos y su familia se contagiaron hace un año y saben lo que es. La pedagogía sobre la pandemia está bien asimilada en el hogar. Por eso forman parte de los convencidos que no han dudado en coger cita. «Me vacuno para proteger a mis abuelos», sentencia Arnau Ribas (10 años). Acude con su padre, Mingo: «Yo soy sanitario y ya tengo la tercera. En cuanto he podido he cogido cita para mi hijo, para protegerle a él y a toda la familia. Tengo confianza total en las vacunas, sé que no harán daño y que están siendo muy útiles». 

Inquietud y rostros serios
Los niños se pinchan en un goteo constante en el Palau d’Esports de la Anella Mediterrània, donde entran por otra cola para recibir el antídoto pediátrico de Pfizer-BioNTech. Después, descansan en la sala de espera, como han hecho los adultos. Allí reconocen un cierto dolor en el brazo, pero nada más. Hay más nervios que en los mayores y algunos llantos. Mandan los rostros serios y las respiraciones agitadas. Y eso que muchos llegan con la lección aprendida de sus padres.

En el Palau se ha dispuesto una segunda cola para recibir el antídoto pediátrico

Marc Sentís, de ocho años, lo ha pasado mal. Le sobrepasó un poco el momento y acabó llorando, aunque luego se recuperó rápidamente del pinchazo. «Le hemos dicho que era importante vacunarse para estar más tranquilos en la familia. No hemos dudado en ningún momento, porque toda la familia se vacunó en su momento, cuando le tocó», afirmaba Elisabeth Serra, su madre.

Una niña recibe el pinchazo contra la Covid-19, ayer en Tortosa. Foto: Joan Revillas

«Es bueno para ella y para todos los demás. Nos hemos informado, le consultamos al pediatra, que nos lo recomendó. Es mejor vacunarse que pasar la enfermedad», decía Maria del Carme Esteban, madre de Maria del Carme Córdoba, de siete años.

Y otra vez, los mayores entran en la ecuación para decidir y para convencerles de que el mal trago vale la pena, sobre todo cuando a la vuelta de la esquina aparecen las reuniones familiares de la Navidad. «Tenemos a los cuatro abuelos y hay que pensar en ellos», añade Elisabeth. 
«Para no contagiar a mis abuelos», resume Jan Casas, cambrilense de ocho años. Su padre, Francesc, agrega: «Tenemos mayores de 79 años y de 85 y es importante que los más pequeños están completamente protegidos».

Otros han sido madrugadores por razones un poco más prácticas y prosaicas. «Sé que las vacunas son seguras, pero sobre todo vacuno a mi hija para quitármelo de encima, porque al final te lo van a pedir para salir de viaje, así que hemos venido pronto», cuenta Carlos Marín, de Constantí. Su hija Daniela, de siete años, sale contenta del pinchazo. 

Vacunación pediátrica en el Palau d'Esports de la Anella, en Campclar. Foto: Alfredo González

Alba Martín, enfermera y coordinadora de vacunación en el Palau d’Esports, admitía ayer el buen ritmo de la vacunación entre los pequeños: «No lo teníamos nada claro, pero las citas que habíamos ofertado se han llenado todas. Al cabo de dos horas ya no quedaban, aunque ahora ya hay horas libres para los días 22 o 23, o en la semana después de Navidad». Los días festivos que se avecinan pueden ser una oportunidad para que las familias opten por inocular a sus pequeños y protegerles de cara a la vuelta al cole, en enero. 

Ayer había dos boxes preparados para la vacunación en el Palau, aunque la idea es ampliar a cuatro e incrementar las dosis este sábado y domingo. «Hemos abierto 64 citas que se han llenado. Estos días ofertamos solo por la tarde, para amoldarnos a los horarios de los colegios, y de cara a la semana que viene se incrementarán», cuenta Martín. 

«Un poco más de paciencia»
El ritmo de trabajo con estos pequeños es distinto al de los mayores de 12, porque la aguja, a pesar de toda la concienciación y la sensibilización, impone lo suyo. «Se tiene que tener un poco más de paciencia. Hay algunos que vienen muy convencidos y con ganas; otros también vienen con ganas pero cuando entran aquí les cuesta más, pero en todo caso el circuito va fluido», indica Martín. 

El suero pediátrico se administrará en todos los puntos poblacionales que estaban abiertos para el antídoto de adultos en el Camp (Palau, Pabellón Joan Ortoll de Calafell, Mas Iglesias en Reus, Sala Kursaal en Valls) y se añade un punto más, el CAP Llevant, en Tarragona. La primera sesión en ese centro se hará este fin de semana, mañana y tarde. Según los balances de los responsables sanitarios, en la región del Camp de Tarragona hay 20.000 niños llamados a la vacuna desde ahora. 

Muchos padres han concienciado a sus hijos para hacerles ver que el beneficio es comunitario

En las Terres de l’Ebre se calcula que hay 11.000 niños de la franja de edad de 5 a 11 años que pueden ya pincharse. Ayer por la tarde lo hicieron ya los primeros. Algunos, menos asustados, hacían caso de sus padres y de las dos enfermeras que se ocupan de cada niño; otros, en cambio, se echaban a llorar nada más cruzar la puerta del CAP, aterrorizados por los temidos pinchazos. 

Preparación de la vacuna infantil en el Palau d'Esports, este miércoles. Foto: Alfredo González

En las Terres de l’Ebre hay tres puntos masivos de vacunación pediátrica, en Roquetes, Amposta y Móra d’Ebre. Cada día se inyectarán 110 vacunas. Ayer la directora de la línea pediátrica del ICS Terres de l’Ebre, Sònia Ponce, y el doctor adjunto a dirección de la línea pediátrica, Miquel Navarro, explicaron que prácticamente están todas las horas ya reservadas hasta el día 23. En el caso del CAP de Roquetes, en sólo dos horas se llenaron las reservas para ayer. «Hay dos cosas que nos preocupan: por un lado, pedimos que si los niños no vienen con un padre, el adulto lleve una autorización. Por otro, pedimos que si el niño está confinado por un contacto positivo esperen a que acabe su confinamiento para pedir hora», expuso Ponce. 

El ritmo será más lento
Navarro insistió en la vacunación para evitar riesgos graves, normalizar la vida de los niños y ayudar a controlar la pandemia. «Pedimos a los padres que reserven cita online y no acudan a los centros», precisó. Aunque prevén unas buenas cifras, el ritmo de vacunación con los pequeños será más lento que con los adultos y adolescentes, ya que son necesarias dos enfermeras por niño y algunos se oponen a los pinchazos. En el caso del CAP de Roquetes se ofrece la vacunación infantil de 16 a 20 horas de lunes a viernes y los sábados de 10 a 14 horas.

Mientras, continúa la vacunación paralela de mayores de 12, incluyendo primeras, segundas y terceras dosis. Ya se ha dejado atrás ese repunte de los primeros viales provocado por la necesidad de tener el pasaporte Covid para acceder al interior de discotecas, restaurantes, bares o gimnasios. De las casi 66.000 vacunas puestas en Tarragona durante el mes de diciembre, la gran mayoría, 52.000, son terceras dosis para reforzar la inmunidad. 

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