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‘Mi hija me pide que la proteja de su madre'

La justicia ha decidido que Maricel debe volver a vivir con su madre a la República Checa, pero su padre, el tarraconense Antoni Miquel, asegura que luchará hasta el final para evitarlo

Carla Pomerol

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Antoni Miquel llevará a cabo movilizaciones.

Antoni Miquel llevará a cabo movilizaciones.

Después de una larga lucha, una jueza ha decretado que Maricel, una niña de 11 años que, desde el pasado agosto, vive en Tarragona, debe volver con su madre a la República Checa. El padre, un conocido tarraconense, Antoni Miquel, se niega en rotundo. No quiere  ni imaginar el momento. «Mi hija me pide ayuda y protección. Se la voy a dar. Mientras yo pueda evitarlo, mi hija no volverá a la República Checa», asegura Antoni Miquel, una semana después de conocer la decisión de la jueza. Pero no se rinde. Seguirá luchando. Asegura que, en breves, empezarán las movilizaciones en la calle para defender los intereses de su hija. Empecemos por el principio.

Antoni Miquel conoció a una chica en el camino de Santiago en el año 2005. Era checa y decidieron empezar una relación a distancia, ya que él regentaba negocios en Tarragona. Pronto llegó Maricel, la hija de ambos. En el 2011, la pareja se divorcia. Antoni Miquel no vivía en la República Checa, aunque pasaba gran parte de sus días. Dos o tres meses en Chequia y después, dos días en Tarragona, para controlar sus negocios.

Hace un año que la Maricel vive en Tarragona.

No fue hasta el 2012, cuando Antoni Miquel decidió trasladarse a vivir definitivamente a Chequia. «Mi hija lo pasaba mal cada vez que me iba. Me pedía que me quedara», asegura. La idea no le gustó a la madre, según explica el protagonista. «Me envió un correo que amenazaba que, si continuaba con la idea de vivir en la República Checa, no vería nunca más a mi hija. Aun lo guardo», asegura Antoni Miquel. Aquí empezaba su calvario. Poco se imaginaba lo que le esperaba a partir de entonces.

«Primero intenté llegar a un acuerdo. Confiaba en qué se arreglaría rápido. Pero no.», explica Antoni Miquel, quien finalmente decidió contratar a un a abogado, que pidió un régimen de visitas. Hasta el momento, no podía ver a su hija. La justicia checa le otorgó dos horas semanales para pasar con Maricel. «Luego, ya pedí la custodia compartida», explica.
Pero entonces, Maricel no quería ni ver a su padre. «No se quedaba conmigo porqué su madre le hablaba mal de mi. Le decía que me la quería llevar», relata Antoni Miquel, quien añade que la niña sufría Síndrome de Alienación Parental. Odiaba a su padre. Tal como recogen las psicólogas y las sentencias judiciales emitidas en Chequia, este trastorno era provocado por la madre. «Hicieron un equipo común para luchar contra el enemigo, que soy yo», asegura el padre. Antoni Miquel recuerda esa temporada como un autentico calvario. «Cada día iba a verla con el objetivo de dejarle claro que estaba allí, por ella», relata Miquel, quien añade que «pase hasta nueve meses sin poder estar con mi hija».

Empiezan las movilizaciones

El juicio para conseguir la custodia compartida tardó un año y medio en celebrarse, tiempo que Antoni Miquel aprovechó para reivindicar sus derechos a través de movilizaciones delante del tribunal de la República Checa. «La psicóloga recomendó a la jueza aumentará el régimen de visitas para luchar contra el Síndrome de Alienación Parental. Pero la justicia no hizo nada al respeto», asegura Miquel. Los medios de comunicación checos se hicieron eco de las movilizaciones de Antoni Miquel delante de los juzgados. Se transformó en un caso mediatico.

El juicio se aplazó hasta diciembre de 2015. Pero Antoni Miquel consiguió su anhelo: la custodia compartida. «Fue entonces cuando, –siempre según la versión de Antoni Miquel–, la madre maltrataba a la Maricel. Culpabilizaba a la niña de lo que yo iba consiguiendo. Le cortaba el pelo, le pegaba con una cuchara y la encerraba en casa», asegura.

Maricel
La menor está totalmente integrada en la ciudad.

Llegan a Tarragona

Una vez conseguida la custodia compartida, Antoni Miquel y Maricel tenían derecho a pasar entero el mes de agosto. Decidieron viajar a Tarragona. De esta manera, la pequeña –ya de 10 años– podrá conocer mejor el ambiente familiar del padre. «Cuando llevábamos una semana en Tarragona, Maricel me dice que no quiere volver a Chequia. Le dije que no podía ser y le cogió un ataque de pánico. Me dijo que le ayudará, que su madre le pegaba», explica Antoni Miquel. Fue entonces cuando llevó a su hija a una psicóloga para averiguar si se trataba de un capricho o realmente no quería volver. La segunda opción ganó, y Antoni Miquel, después de informar, según él, a la madre, al colegio de Chequia y a los servicios sociales, decidió quedarse en Tarragona con su hija. En setiembre de 2016, Maricel ya iba al colegio.

«Hemos vivido unos meses tranquilos, aunque con un poco de intriga sin saber cómo actuaría la madre», explica Antoni Miquel. Y al final, se descubrió el pastel. La madre de Maricel presentó, el pasado mes de febrero, una demanda de restitución. «No nos lo pensábamos. En septiembre, la madre vino y aseguró que respetaría la decisión de su hija. Pero una vez más, miente», asegura Antoni Miquel, quien añade que «durante todos estos meses, la madre no se ha puesto en contacto con la niña, y ha tenido la oportunidad».

Maricel debe volver

Hace una semana, Miquel recibió la dura sentencia. Maricel debe volver antes de 20 días a la República Checa con su madre.  Una decisión tomada por la jueza gracias a un informe psicológico del Servei d’Assessorament Tècnic en l’Àmbit de la Família (SATAF), en el que defiende una instrumentalización del padre hacia la hija.

«Me encuentro en la misma situación que en agosto del 2016. Mi hija me pide ayuda y protección», asegura Antoni Miquel, quien asegura que «la sentencia me deja como un secuestrador y quiero dejar claro que no he secuestrado a mi hija». Miquel apelará la sentencia. «No tengo miedo, pero estoy preocupado. No confío ni en la justicia de aquí, ni la de allá», y añade que «me da igual que me acusen de desobediencia. Yo no colaboraré en qué mi hija se vaya a la República Checa. Me debo encargar de buscar su máximo bienestar», explica. Maricel es una niña de 11 años totalmente integrada en la ciudad. Es una nastiquera más, participa en las fiestas de Santa Tecla y en una comparsa de Carnaval.

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