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Modesta: «No tenemos miedo, pero todavía se debe tener precaución»

Algunos tarraconenses opinan que es pronto para quitarse la mascarilla en la calle. Otros celebran la medida

ACN/EFE

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Personas con y sin masca-rilla, ayer en la Rambla Nova de TGN. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Personas con y sin masca-rilla, ayer en la Rambla Nova de TGN. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Adiós a las mascarillas en la calle después de casi un año de obligatoriedad. En la Rambla Nova de Tarragona, la mayoría de personas preferían seguir llevándolas por precaución ayer por la mañana. La estampa se repetía en la Plaça Corsini, donde muchos de los peatones y compradores que entraban en el Mercat Central llevaban las mascarillas.

También había ciudadanos que la llevaban bajada, en el brazo o en el bolsillo para ponérsela al entrar en espacios cerrados. «No tenemos miedo, pero se debe tener precaución», dijo Modesta, una vecina de la ciudad, que opina que todavía es demasiado temprano para retirar la obligación de llevarlas. En cambio, Rubén agradece la medida: «Tenía muchas ganas de quitármela. Ha sido un año muy duro. Por fin vemos la luz».

Ana Celi paseaba con su familia por la Rambla con la mascarilla puesta. En su caso, la llevaban porque no recordaban que ayer ya había entrado en vigor la posibilidad de quitársela en espacios abiertos. «Ya era hora, si la gente lo respeta un poco y todos nos ponemos en consonancia con lo que está pasando creo que nos la podemos quitar», opinó.

Comparte su opinión Albert, un joven que no llevaba la mascarilla. «En enero pasé la Covid. Si tienes conocimiento y vas con cuidado no la necesitas. Eso sí, cuando entre en espacios cerrados o vea que hay riesgo de contagio obviamente me la pondré para evitar que el resto se contagie».

Miquel, vecino del Serrallo, paseaba por los alrededores del Mercat con su suegro, Joan. Ambos llevaban la mascarilla guardada en el bolsillo para ponérsela cuando fuera necesario. «Nos sentimos libres, nos la ponemos para entrar en los establecimientos», explicaban. Sin embargo, consideran que hace falta cordura y precaución entre la ciudadanía porque «la pandemia no ha terminado».

Muy diferente era el posicionamiento de José. Él tiene miedo de contagiarse y prefiere llevar la mascarilla en el exterior. «La llevo por seguridad. Siento que hay muchos contagios y yo ya soy mayor. Quiero vivir bastantes más años», decía con una sonrisa.

Tina explicó que había salido de casa con la mascarilla puesta, pero al pisar la calle decidió quitársela. Ella tiene asma y asegura que llevarla no le permite respirar bien. Pese a no llevar la mascarilla, considera que la medida de retirarla en el exterior ha entrado en vigor «demasiado temprano».

El Consejo de Ministros aprobó el jueves el real decreto que rebaja las restricciones. La mascarilla ha sido imperativa en el exterior durante casi un año. Catalunya lo aprobó el 8 de julio de 2020 y otras comunidades se sumaron a lo largo de ese mes. A pesar de los cambios que introduce el nuevo real decreto ley, se mantiene la obligatoriedad de llevarla en espacios cerrados públicos y en transportes públicos, así como en lugares abiertos si no se puede mantener una distancia con otras personas de metro y medio.

La psicóloga Raquel Huéscar explica que «dejar ir las mascarillas simboliza el acercamiento a lo presencial, al contacto de nuevo con los otros, a cierta sensación de libertad» tras las restricciones impuestas por la pandemia y habrá parte de la población que no esté preparada en este momento y necesitará más tiempo.

«No poder o no querer hacerlo ahora no quiere decir que más adelante se pueda», puntualizó la representante del Colegio Oficial de Psicólogos, quien insiste en que es necesario dejar pasar un tiempo para el cambio y para volver a sentirnos seguros sin ella.

En este sentido, se refiere a la sensación de la «cara vacía», que aunque rechaza que tenga que ser una patología, si cree que se puede producir al dejar de usar una protección que oculta parte del rostro y de la expresión.

«Ciertas relaciones personales se han establecido en este tiempo con personas a las que nunca hemos visto la cara, por lo que imaginamos como es su rostro. Incluso en este curso muchos niños no han podido conocer el rostro de los profesores, ni estos de sus alumnos», detalla.

Advierte de que será necesario un tiempo de adaptación para el cambio, para dejar ir la mascarilla y volver a sentirnos seguros sin ella, e insiste en que «la rapidez de la adaptación dependerá de ciertas características de personalidad (más o menos flexibles o rígidos con las normas...) y por supuesto de nuestra propia experiencia en este tiempo».

Continuar o no con la mascarilla puesta en los espacios al aire libre -siempre y cuando se respete la distancia interpersonal de seguridad- dependerá de cada uno, según señaló el pasado lunes el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón.

Según un estudio publicado por la consultoría Ipsos, uno de cada cinco entrevistados seguirá usando la mascarilla en espacios abiertos hasta que no se alcance la inmunidad de grupo en España.

Una retirada parcial de la mascarilla que rechazan el 26 % de los entrevistados, mientras que el 38 % considera que es una decisión precipitada y un 23 % no se siente ni cómodo ni seguro sin llevar el cubrebocas.

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