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Multado por aparcar el bus en doble fila porque en su parada había coches

El conductor ha recurrido la multa con recargo que le ha llegado, que se eleva a 500 euros 

Carla Pomerol

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Esta imagen demostraría que en la parada del autobús había aparcados algunos coches.  FOTO: Cedida

Esta imagen demostraría que en la parada del autobús había aparcados algunos coches. FOTO: Cedida

A Antonio Bizarro, conductor de autobús escolar, le multaron por aparcar en doble fila en la entrada de un colegio. No pudo estacionar en su parada, ya que habían aparcado coches de padres y madres que iban a buscar a sus hijos. Bizarro pensó que se trataba de una broma y que todo quedaría en un susto, pero no fue así. Un año después de multarle, ha pagado la sanción que asciende a unos 500 euros aproximadamente. Ha recurrido, pero asegura que no confía mucho en que esta historia acabe bien.

Los hechos tuvieron lugar el pasado 10 de octubre de 2016. Antonio, como casi cada día, se dirigía a buscar a los niños que salían del Col·legi Sant Pau de Tarragona, para llevarles a jugar a fútbol a Campclar. También, como casi cada día, se encontró que la parada estaba ocupada por unos cinco coches. «Los padres no encuentran lugar para aparcar y bajan a buscar a sus hijos, y estacionan en la parada del autobús», explica Bizarro. En ese punto y en esa hora, siempre hay una pareja de agentes de la Guàrdia Urbana, que controlan el tráfico. «Ese día no eran los de siempre», relata el protagonista, quien añade que «uno de los agentes me pidió que diera una vuelta. La hice. Pero cuando volví, aún había coches. Me pidió que volviera a hacer otra vuelta. Y la volví a hacer. Pero a la tercera vez que me lo dijo, ya paré. Los niños me esperaban y no podía demorarme más. Estacioné en doble fila y los niños iban subiendo». 

Actualmente, la Guàrdia Urbana coloca unos conos que impiden que los vehículos aparquen

Fue entonces cuando, según Bizarro, el agente se acercó y le pidió la documentación. Le multó doblemente: por estacionar en doble fila y por desobediencia a la autoridad. Si pagaba en ese momento eran 100 euros cada una y si esperaba, eran 200. Pero Bizarro no firmó la multa y pensó que el problema se solucionaría. No fue así. Y al cabo de un año, la multa le llegó a casa. «Tenía que pagar 493 euros de mi sueldo. Y no podía dejarlo más, sino se iba incrementando la cantidad», explica Bizarro. Y ello es debido a que la notificación de la multa llegó a su empresa, que no recurrió ni se lo notificó al implicado. Y ahora le ha llegado la sanción con recargo.

Antonio se siente impotente porque «no entiendo por qué me multaron por desobediencia a la autoridad. No le dije nada, solamente que ya paraba de dar vueltas porque tenía que recoger a los pequeños. Nada más». Antonio hizo fotos para que quedara constancia de la situación.

Con consentimiento

El protagonista asegura que «antes de que me pusieran esta multa, aparcaba en doble fila con el consentimiento de la Guàrdia Urbana. No me quedaba más remedio, ya que mi parada estaba ocupada. Pero ese día no fue así», y añade que «esto suponía un autentico peligro para los menores, que se veían obligados a pasar entre los coches». 

Actualmente, Antonio ya no se encuentra con este problema. Desde que la Guàrdia Urbana le sancionó, Bizarro asegura que siempre que llega al lugar, hay conos que impiden que aparquen los coches, «lo que facilita mucho nuestro trabajo», y añade que «los agentes deben ir pronto, porque a partir de las cuatro, la zona se llena». 

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