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Música, comida y vino en el XXVIII de mestres romescaires

Retorno. El certamen llevaba cinco años sin celebrarse y ayer retomó su tradición con dieciocho grupos de participantes

JÚLIA VIDAL

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El concurso empezó a las 9 horas y dispusieron de cuatro horas para preparar los platos. FOTO: FABIÁN ACIDRES

El concurso empezó a las 9 horas y dispusieron de cuatro horas para preparar los platos. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Un olor delicioso y buena música despertaba el Serrallo ayer por la mañana. Y es que después de cinco años de parón se celebró la XXVIII edición del Concurs de Mestres Romescaires, que a pesar del tiempo, fue todo un éxito.

A las 8.30 horas los concursantes empezaban a presentarse a la pérgola del Serrallo, pero la lluvia y el fuerte viento tampoco tardaron en llegar. Los participantes tuvieron que cambiar la ubicación al porche del Centre d’Entitats del barrio, donde una vez ubicados y tocadas las 9 horas se pusieron manos a la obra con los primeros pasos de la salsa del romesco.

Entre ellos estaba Fuensanta Budesca, de la Barca Nova Tortosina del barrio. «Todo esto es muy típico del Serrallo de toda la vida», contaba, añadiendo que ella y su marido Manuel López seguían la receta de sus abuelos.

Confesó dos de sus consejos para un buen romesco. «El primero, trabajo manual. Picar en el mortero sin parar, ¡y nada de minipimer!, explicaba. Su segundo secreto es añadirle algo de patata a la mezcla. «De esa forma, tradicionalmente, salían más raciones, y le da un buen sabor», contaba.

Otra pareja participante era la de Erica Serafín y Matías Leandro. A las 11 horas se disponían a desayunar tranquilamente, ya que tenían la mayor parte del plato hecho. «No cocinaremos la última parte hasta el final, para que esté bien caliente», explicaban.

En su caso, su secreto es «mucho amor y ilusión». Definían su plato como una colaboración internacional: «una fusión entre Catalunya y Argentina, de base catalana, pero con el cariño y mano argentinas», comentaban, haciendo referencia a sus orígenes.

Entre los concursantes también estaba Joan Cobos, que en una edición pasada se llevó el premio de Mestre Major Romescaire trabajando con el restaurante Estació Marítima. Esta vez, con sus compañeros Joan y Claudi, preparaban un plato por diversión, y muy seguros de su receta.

La Associació Empresaris Hosteleria Tarragona Ciutat fue la responsable de la iniciativa de retomar el concurso. Su presidente, Javier Escribano, comentaba que colaboraron con ocho entidades para hacerlo posible. «Había un runrún en el barrio que quería recuperarlo», explicó él.

Se trataba de uno de los actos previos de las IV Jornades Gastronòmiques Romesco que empiezan el próximo miércoles. Con ellas, desde la asociación quieren «tarraconizar las cartas de los restaurantes de la ciudad para que incluyan más productos locales como el romesco», explicaba su presidente, exponiendo así su deseo de que se mantenga en sus cartas pasadas las jornadas.

Llegadas las 13 horas, las 18 cazuelas entraban a toda prisa al Centre d’Entitats preparadas para ser probadas por el jurado, todos miembros de las ocho entidades colaboradoras del concurso.

El público aguardaba paciente el veredicto fuera del local. Algunos amenizaron la espera con una ración de romesco y vino, que vendían mediante tíquets de cinco euros.

La resolución

Pasaron casi tres cuartos de hora hasta que el jurado tomó una decisión, galardonando con ella a la serrallenca y miembro de la Associació de Veïns del Serrallo, Maria Bordas. Le entregaron el diploma de Mestre Major Romescaire, además de una noche para dos personas en Falset, entre otros obsequios. Se reconocieron también los cuatro puestos siguientes con el título de Mestre Romescaire a los grupos de Erica Serafín, Quico Dalmau, Jordi Mallol y Anna Magadán.

La jornada terminó con la subasta de las cazuelas, y con gran satisfacción por la vuelta del concurso tradicional del barrio.

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