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Negocios de barrio: 'Del gimnasio han salido muchos matrimonios'

El gimnasio Kaptain Nemo's de La Granja cumple 30 años. Sixto Duque, el dueño, pone las sesiones de 'spinning' y de musculación; su hijo Sixto, las clases de salsa y bachata. Aquí se adelgaza, se desconecta e incluso se liga. Acude hasta una señora de 83 años

Raúl Cosano

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Sixto Duque, el padre, que regenta el gimnasio, junto a su hijo, que da clases. Foto: Pere Ferré

Sixto Duque, el padre, que regenta el gimnasio, junto a su hijo, que da clases. Foto: Pere Ferré

El primer mes, allá por 1987, fue gratis. Había que captar al público. Sixto Duque (62 años) ya tenía experiencia en gimnasios de los barrios de Ponent cuando se lanzó a fundar el Kaptain Nemo’s, en La Granja. «Nos iba muy bien. Empecé haciendo diez horas de clase diarias, desde las 7 h. de la mañana», recuerda Sixto.

Al principio habilitó una sala y compró la primera maquinaria. Del capitán Nemo, el comandante del Nautilus de Julio Verne, tomó su nombre el local, tematizado para la ocasión: un ancla del puerto en la entrada, la simulación de las puertas de un submarino y hasta un despacho bautizado como ‘sala de máquinas’.

El médico receta deporte

Pronto se ganó la confianza del barrio, de esa clientela que luego acabó siendo para toda la vida. «La clave está en la cercanía, en que somos el gimnasio del barrio. Aquí han venido algunos padres que luego han traído a sus hijos», cuenta Sixto, natural de Puertollano pero vecino de La Granja desde que era un adolescente. «La mayoría de personas vienen a perder peso, o porque tienen algún problema de salud y el médico les ha dicho que hagan algo de deporte. También viene gente con problemas de espalda o con colesterol. Esto les ayuda».

Sixto se encarga de la preparación física. Hace musculación, ‘step’ o ‘spinning’; en conjunto, procura en sus clases un entrenamiento cardiovascular. Entre sus habituales más ilustres, una señora de 83 años que aguanta el ritmo de la música. «Muchos vienen a liberarse de la rutina y a desconectar. Esto es un sitio de escape, de olvidar problemas».

«Otros vienen a socializarse», interviene Sixto Duque (34 años), el hijo. Si su padre pone la parte física, él aporta las clases de baile, el embravecer al respetable a golpe de bachata y salsa latina, ritmazos para mantener igualmente la forma, pero con un plus de diversión. «A mí de pequeño no me dio por el gimnasio. Opté más por el baile», concede Sixto ‘júnior’, el animador que fundó una escuela después de enamorarse de la salsa cuando salió un miércoles por la noche a tomar algo.

Ahora imparte lecciones en el Casino de Tarragona y en este gimnasio, además de en otros lugares. «Bailar es una forma de conocer gente. Además, va asociado a la discoteca, a todo el ocio nocturno», indica.

Chistes y estilo de barrio

Con esos mimbres, las paredes del Kaptain Nemo’s han visto forjarse el amor entre los artilugios de fitness y sesiones con merengue sonando. «De aquí han salido muchas parejas. Algunas se han roto, pero otras siguen. Se han formado muchos matrimonios», dice Sixto hijo, todo un torbellino cuando se pone en acción. «A veces cuento algún chiste o explico las cosas de cachondeo, con un estilo muy de barrio. Soy un poco malhablado», confiesa entre risas. Él ha forjado su maestría en algunos templos imprescindibles de la farra. Ahí están Enjoy, Emporio, Graffiti, Juanchito y, sobre todo, Cayo Largo.

Aquí la marcha no para, ni siquiera con sanciones. «Una vez un vecino se quejó porque teníamos el volumen muy alto. Tuvimos que estar un año sin música», rememora Sixto, el padre, que también adereza sus sesiones con trallazos electrónicos o cadencias caribeñas. Hubo solución: para animar él daba palmas y hasta se puso a cantar. La fiesta nunca decae en Kaptain Nemo’s.

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