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Otra forma de vivir la masculinidad

Día del Padre. La figura paterna evoluciona en consonancia con los movimientos feministas y las demandas de igualdad

Glòria Aznar

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José Ibarz, miembro del colectivo Fridas, aboga por una desprogramación social para llegar a la igualdad. FOTO: Pere Ferré

José Ibarz, miembro del colectivo Fridas, aboga por una desprogramación social para llegar a la igualdad. FOTO: Pere Ferré

Un año más, hoy 19 de marzo se celebra el Día del Padre, jornada que pretende rendir homenaje a los progenitores masculinos. Sin embargo, con los tiempos, las familias han cambiado y la propia figura del padre ha evolucionado en consonancia con la sociedad, con la consolidación de los movimientos feministas y las demandas de igualdad.

En esta línea han ido surgiendo asociaciones como la tarraconense Fridas -que es mixta-, Papás blogueros en Twitter (@papasblogueros) o la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) -que nació en 2001- a la que también pertenece Homes Igualitaris (homesigualitaris.wordpress.com), por citar solo algunas.

El lazo de unión es que defienden otra manera de vivir la masculinidad, libre de prejuicios y estereotipos que también los atenazan a ellos. Son hombres que no se sienten identificados con la masculinidad tradicional hegemónica y que quieren contribuir a la transformación social.

¿Qué lleva a un hombre a defender los derechos de las mujeres? José Ibarz, del colectivo feminista Fridas (fridasfeminist.wordpress.com), comenta que es una forma de pensar y una manera de hacer las cosas. «Si queremos un futuro más digno, hay que revisar situaciones, sobre todo estatus sociales y privilegios. Pero más allá de eso, un hombre se vuelve feminista cuando busca la igualdad y la justicia», asevera. Una búsqueda que en su caso es personal y también profesional. 

Como educador social, José  sostiene que «tienes que entender muchas cosas». Más aún si se tiene en cuenta que durante el último año está trabajando con menas, vocablo de nuevo cuño que hace referencia a los menores extranjeros que se encuentran solos y con historias no siempre fáciles de asimilar. «Es ser un padre o una madre provisional para ellos desde que se levantan hasta que se acuestan», explica. Es cuidarlos, acompañarlos, escucharlos... Es, en definitiva, todo lo que se defiende cuando se habla de nueva masculinidad.

Otra manera de ser hombre, que tiene múltiples caras y que todas son válidas. «Es la famosa deconstrucción de la masculinidad hegemónica que sería la que todos tenemos en mente, que está arriba de la pirámide de opresión y a la que también se le llama tóxica», especifica José. La que está «encorsetada en unos valores, de un hombre frío, distante, posesivo, que ejerce un control a su alrededor y que antes además se incentivaba», señala.

Este movimiento, que ya no es tan nuevo, aboga por adaptar la situación a cada caso personal, «por no pasar todos por la misma criba sino que cada uno tenga su forma de evolucionar y por buscar un bienestar emocional», algo que José considera vital. Hombres que no tienen que demostrar todo el tiempo que lo son. Esto es precisamente lo que ganan cuando renuncian a una serie de privilegios. ¿A cuáles? «Cuando deconstruyes ganas muchas cosas.

Parece que tengas que perder, pero es al revés porque ciertos valores que te inculcan y que son la base de la educación, como ser competitivo o posesivo, llevan a un desgaste al propio hombre que los ejerce. Aunque en otros contextos puedan ser positivos», señala.

Para ilustrar el cambio hace referencia a la crisis de 2008 cuando muchos hombres tuvieron que cambiar obligatoriamente su trabajo en la obra por el hogar. «Se vieron relegados a un segundo plano a nivel económico en casa. Fue sin ningún tipo de preparación y ahí vimos una presión social sobre los propios hombres, que hizo que se sintieran mal. Porque es la educación que recibieron. Les enseñaron que tenían que llevar la comida a casa y que las mujeres se encargan de los niños. ¿Es menos hombre por quedarse con los niños en casa?» se pregunta.

‘Un proyecto de todos’

El recorrido hasta llegar a ese punto no es fácil, ni se hace de un día para otro. Y en el caso de José, este profesional y activista señala a su abuela, un «pilar muy fuerte en mi vida», revela. Así, recuerda cómo eran las conversaciones entre ella -que era modista- y las señoras que acudían a arreglar la ropa, que tenían verdadero interés. «Hablaban de la salud, de las situaciones familiares, de todo. Esas referencias me parecían mucho más interesantes que las charlas de partidos de fútbol y coches entre los hombres y que no iban al meollo», subraya. 

La lucha por la igualdad de género está en todos los ámbitos de la sociedad. Desde el «proyecto doméstico», como lo llama José, que «se tiene que entender como algo común, de todos» al laboral, «que realmente funciona mejor cuando ellos y ellas pueden aportar lo mismo», apunta. Y en último término, la violencia machista. Fórmulas mágicas no existen pero además del activismo, que muestra realidades diferentes, y el trabajo del día a día, estos hombres apelan a la educación como forma de salvar las barreras de género. «Para que la siguiente generación sea un poco más justa», concluye José.

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