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Pasos solidarios por Madagascar

140 alumnos de Antananarivo necesitan clases para poder estudiar el bachillerato. La 23ª Marxa de la Solidaritat de Mans Unides recaudó fondos para una escuela en el país africano

Esther Garrido

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Entre 800 y 1.000 estudiantes cubrieron ayer los 15 kilómetros de la Marxa de la Solidaritat. FOTO: ALBA MARINÉ

Entre 800 y 1.000 estudiantes cubrieron ayer los 15 kilómetros de la Marxa de la Solidaritat. FOTO: ALBA MARINÉ

Carreteras llenas de jóvenes de secundaria de nueve colegios y un instituto, marchando a paso ligero y armando alboroto, pero llenos de buenas intenciones. Así transcurrió ayer la 23ª Marxa de la Solidaritat organizada por Mans Unides, que este año estuvo dedicada a recaudar fondos para construir aulas de bachillerato en un barrio periférico de Antananarivo, la capital de Madagascar. El coste para su realización es de 31.323 euros y espera acoger a 140 alumnos.

En la Marxa participaron el Instituto Martí Franquès, el colegio de Santa Teresa de Jesús, el de Sant Pau, el Joan Roig, el Joan XXIII, la Salle de Torreforta, Vedruna, Lestonnac, Sant Domènec de Guzmán y Mare de Déu del Carme. En total, entre 800 y 1.000 alumnos caminando bajo un sol que les calentaba. Pero sus corazones ya estaban cálidos. Está a menudo extendida la creencia de que la juventud es poco solidaria y poco empática con su entorno, pero gracias a campañas como esta la dinámica cambia radicalmente. A lo largo de 15 kilómetros, que empezaron en el auditori del Camp de Mart a las 9 de la mañana y terminaron sobre las 16 de la tarde en la plaça de la Font, los jóvenes aportaron su granito de arena en forma de pasos para el proyecto.


Jóvenes motivados
Caminar y patrocinar. Parte de la tarea de los alumnos era conseguir dinero entre sus parientes y amistades para financiar el proyecto, los llamados patrocinadores. Cuentan con todavía una semana para recaudar el dinero, puesto que hay colegios que no han empezado aún y otros que ya cuentan con 200 euros, como es el caso de la escuela Joan XXIII. Aún estan muy lejos de la meta, pero lo intentarán con todas sus fuerzas. Los colegios han cumplido con éxito su tarea de concienciar y explicar en las clases, ya que la mayoría de respuestas de los participantes expresaban su deseo de ser solidarios.

Y no lo hacían por obligación, sino porque así lo sentían. Como comentaba Isabel Gomiz, profesora del colegio Sant Domènec, «lo que se obliga se rompe» y que «han de sentir que han de venir, si no, no tiene consistencia». Y no faltó ninguno. También declaró que «hay que sensibilizar a los jóvenes» ya que «aquí tienen de todo» y han de ser conscientes «de la realidad de otros lugares».


¿Qué dicen ellos?
Cada uno de los encuestados sabía de qué iba la campaña y su importancia. Los amigos Iker y Oriol, del colegio Martí Franquès, aseguran que les gusta ayudar a los demás, y que de este modo «ayudan a los que quieren estudiar y no pueden». La estudiante Ane Saldaña añade que al ayudar «te conviertes en mejor persona». Alba Fuentes y Meritxell Gausté, del colegio Joan XIII, tenían claro que «igual que nosotros queremos futuro, ellos deben tener futuro» y que han de tener las mismas oportunidades.

Para los amigos Dani Sáez, Carles Peich y Javi Boscò, de la escuela Mare de Déu del Carme, lo más importante «es que puedan progresar».

Después de estas palabras, hay que dar la razón a los profesores de las Teresianas, quienes afirman que sus alumnos son conscientes de la realidad, de la pobreza del día a día. Como dicen, «participar es vivirlo».

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