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'Prefiero los virus que las balas, los controlas mejor'

Miembros de la ONG humanitaria hablan en Tarragona de su trabajo en la epidemia del ébola y en conflictos armados
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Miriam Alía, trabajadora humanitaria de MSF,y Toni Luna, responsable en Catalunya. Foto: Pere Ferré

Miriam Alía, trabajadora humanitaria de MSF,y Toni Luna, responsable en Catalunya. Foto: Pere Ferré

Esta semana los niños de Sierra Leona regresaban a la escuela después de una interrupción de ocho meses ocasionada por la epidemia del ébola. Es una de las pocas noticias que últimamente se ‘cuela’ en la prensa española sobre una enfermedad que el año pasado acaparó titulares durante semanas.

Pero quienes están sobre el terreno advierten de que los problemas están lejos de acabar. De ello da fe Miriam Alía, enfermera y trabajadora humanitaria de Médicos Sin Fronteras con 40 misiones a sus espaldas. La entidad organiza en Tarragona una serie de actividades para dar a conocer su actuación tanto en esta epidemia como en otras emergencias activas. Regresan a la ciudad después del éxito de la campaña ‘Tarragona Sense Fronteres’ del año pasado.

Alía relata que los médicos que están tratando el ébola sobre el terreno ya no están desbordados, pero todavía quedan asuntos cruciales por resolver antes de declarar ganada la batalla. Debería haber información suficiente para que los afectados no se escondan, confundan sus síntomas o mueran en casa. También falta información de traslados y enterramientos seguros y una vigilancia epidemiológica que controle los contactos de los afectados, algo que hoy no se hace.

 

Las tragedias tras la tragedia

La epidemia, además, ha dejado todo un reguero de nuevos problemas sanitarios, comenzando por la falta de profesionales, que se ha visto empeorada (han muerto alrededor de 500 médicos y enfermeras).

Tampoco se han hecho campañas de vacunación, por ejemplo, y ahora hay epidemias de sarampión y tos ferina. Ha aumentado, además, la mortalidad en los partos porque las maternidades dejaron de funcionar.

No obstante, Alía cree que también hay una parte positiva. Espera que ninguna epidemia vuelva a ser ignorada, como hizo la OMS con ésta durante meses. Pero, sobre todo, piensa en las 2.329 personas que superaron la enfermedad entre los 5.000 que trató la ONG. Recuerda el momento en el que se les daba el alta y un certificado. «Es muy emocionante, por fin puedes hablarles de verdad, sin el traje, tocarles...».

 

Frentes abiertos

Pero a pesar de este año marcado por el ébola, la entidad mantiene activa otra veintena de misiones en otros países, las más destacadas en Sudán del Sur, la República Centroafricana y Siria. En este último país las dificultades son enormes para garantizar atención porque los centros de salud también son objetivo frecuente de ataques. «Prefiero los virus que las balas», comenta Alía. Toni Luna, responsable de MSF en Catalunya, añade, no obstante, que la entidad sigue estrictos protocolos de seguridad para no exponer ni a sus colaboradores ni a los pacientes: «No mandamos héroes».

Igual que con el ébola, en Siria el sistema sanitario ha quedado desmantelado; los civiles no sólo mueren por los ataques, sino también por la imposibilidad de recibir otros tratamientos.

Luna destaca que, a dioferencia de lo que sucede con los gobiernos, la solidaridad de la ciudadanía sigue siendo ejemplar. En Tarragona, de hecho, MSF cuenta con 4.350 socios.

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