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Quejas por la proliferación de terrazas en la Rambla Nova

Los vecinos se oponen a la privatización de un espacio que los tarraconenses siempre han sentido muy suyo, lo que está generando un cierto debate en la ciudad

Núria Riu

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Las terrazas en la coca central de la Rambla despiertan recelo entre los vecinos. Foto: Lluís Milián

Las terrazas en la coca central de la Rambla despiertan recelo entre los vecinos. Foto: Lluís Milián

Caminando por las terrazas que hay por la Rambla Nova, uno constata que la mayoría de las mesas están ocupadas por turistas que están agotando sus días de vacaciones. Las guías de viaje, folletos y cámaras de fotos son una prueba irrefutable de que son visitantes que están disfrutando de unos momentos de sol y pausa mientras se toman un café o una cerveza. Y esta estampa se ha convertido cada vez más es un habitual, en una vía que hasta hace muy poco se había resistido.

La situación no acaba de agradar a los vecinos. Estos lamentan que ya son evidentes los primeros síntomas de saturación, y quieren abrir el debate sobre la ocupación de la vía pública antes de que esto acabe convirtiéndose en la Rambla de Barcelona, de la que los barceloneses poco a poco han ido abandonando. Aunque compararse con la capital catalana puede resultar ambicioso, hay vecinos de toda la vida que aseguran que se están sintiendo expulsados.  

María Elisa Aragonés vive en el número 1. «La gente de la Rambla estamos constatando que se está masificando demasiado. Hay horas en las que es un auténtico caos». Las críticas se centran en el tramo más próximo al Balcó del Mediterrani, donde, al flujo de personas, hay que añadirle las cuatro terrazas que hay en la coca central. «Cuando eres turista te gusta ir a una ciudad y verlo, pero cuando vives allí es diferente. Estamos deseando que se acabe», asegura.

Aragonés forma parte del colectivo de vecinos que hace unos años se movilizaron para evitar que este tramo se peatonalizara. «No queríamos que se convirtiera en otra Plaça de la Font. No queríamos un espacio lleno de terrazas», dice. Se quedaron los coches, y ahora también han llegado las mesas y sillas en la calle.

¿Se sienten los tarraconenses apartados de su Rambla como pasa en Barcelona?

Cuando este colectivo consiguió que no se prohibiera la circulación se integró dentro de la Associació de Veïns Tarragona Centre. Su presidenta, Núria Sabat, afirma que este tramo final «se ha convertido en un embudo». «Nos llegan muchas quejas de gente que nos dice que los bares y restaurantes nos están dejando sin espacio», apunta. Describe que hay un sentimiento de desarraigo entre los tarraconenses. «Tenemos miedo de que ya no podremos salir a ramblear. Aquello de pasear por el centro, sin preocupaciones, cada vez empieza a ser más difícil. Hay mucha gente que ya evita pasar por el tramo superior, porque una cosa es que haya movimiento, pero la otra es que se haya vendido por el beneficio de cuatro empresarios», argumenta. 

Sabat dice que «me sabe mal lo que está pasando. Salvando las distancias ya está pasando lo de la Plaça de la Font. Aquella imagen de los bancos en los que uno no puede sentarse porque están completamente rodeados de sillas ya se está produciendo. Hay veces en las que ya no puedes salir ni del ascensor del párking», explica.

Para esta representante vecinal, la ciudad debería abrir un debate sobre la utilización del espacio público. Un aspecto sobre el que también habla el presidente del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya en Tarragona, Joan Tous. «Estoy de acuerdo en que no puede privatizarse todo y en este caso, la coca central debería respetarse. En ningún caso la Rambla de Tarragona debería ser un espacio para mercadillos, terrazas o restaurantes. Otra cosa es que estemos hablando de una feria de tres o cuatro días, pero en este caso los arcenes son lo suficientemente anchos como para que todo pueda tener cabida. Cuestión aparte es que ocupen más espacio del previsto», matiza este experto.

Tous puntualiza que la situación no es comparable a la de Barcelona, donde se han expulsado a  los vecinos. Aunque defiende que «preventivamente no debemos dar determinados pasos para que esto no acabe pasando».

Con el traslado del mercadillo deberá abrirse el debate sobre los usos de este espacio

Por su parte, el presidente de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona, Agustí Pujol, es de la opinión de que «las terrazas han generado un cambio estético que está funcionando bien». Y lo justifica apuntando que «ha dignificado la ciudad. Es una actividad que da vida».

La concentración de personas se produce fundamentalmente en este tramo. A medida que uno va subiendo puede comprobar como la vida de la ciudad sigue fluyendo por esta arteria principal. 

El Teatre Tarragona, el Metropol, les Teresianes, el Banc d’Espanya, la Casa de les Punxes, el Atlantic son algunos de los edificios más emblemáticos de un paseo que con el tiempo se ha prolongado. «La demanda y la situación de cada momento ha ido alargado la Rambla. La llegada de El Corte Inglés y el paso de peatones de la Imperial Tarraco hizo que, aunque sea un tramo con menos vida, éste también pasase a integrarse. Y ahora ya podemos hablar de que la Rambla llega hasta el puente de Santa Tecla», argumenta Pujol.

Defiende que, con los años, este espacio ha ganado «continuidad». A pesar de que, como tarraconense, siente un apego especial por el extremo marítimo. «La tendencia de estos últimos dos años a mí me gusta. Es como un bulevar que se parece a la Rambla de Catalunya. La hace más digna», describe.

Dentro de unos meses se producirá un nuevo cambio. Después de más de diez años desaparecerá el mercadillo de los martes y jueves, lo que abrirá definitivamente el debate sobre los usos de un espacio del que los tarraconenses no quieren sentirse desplazados.

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