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Raúl Iván Perales: «Estoy aquí porque otros lucharon y ahora me toca a mí»

Raúl tiene parálisis cerebral y acaba de ganar un premio a nivel estatal por su trayectoria. Se encarga de las visitas en La Muntanyeta

Norian Muñoz

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Raúl Iván en el patio de La Muntanyeta, donde atiende a los grupos. FOTO: Fabian Acidres

Raúl Iván en el patio de La Muntanyeta, donde atiende a los grupos. FOTO: Fabian Acidres

Raúl Iván Perales (Reus, 1976) nos recibe en su despacho en la Associació Provincial de Paràlisi Cerebral de Tarragona La Muntanyeta. Esta es su casa, llegó a la escuela con cinco años y hoy es el encargado de atender a los grupos que llegan a visitar el centro. También se encarga de ofrecer charlas de sensibilización y de contar su experiencia allá donde se tercie.

El pequeño despacho está forrado de pósters del Real Madrid. «Es que es muy merengue», se meten con él sus compañeros. Sobre la mesa de metacrilato acoplada a su silla hay una estatuilla. Es el premio Ipsen Pharma 2019 de la Confederación ASPACE a la trayectoria vital que le acaban de entregar en Córdoba. 

Cuenta que no tenía ni idea de que otros compañeros de la entidad le habían postulado al premio, así que fue una tremenda sorpresa cuando recibió un correo electrónico mientras estaba en el comedor.

Escribir y ser libre

Tal vez este sea el momento de aclarar que Raúl se maneja como  pez en el agua con la tecnología a pesar de sus dificultades motoras (tiene un 75% de discapacidad). 

Eso no le ha impedido dar rienda suelta a una de sus grandes aficiones: escribir. Con siete años su madre le compró una máquina  y desde entonces no ha parado. A pesar de que sólo puede teclear con una mano, reconoce que es «concienzudo y perfeccionista».

Entre los sitios donde escribe con frecuencia se encuentra el blog de Aspace, ‘Contigo somos capaces’. Su última entrada sobre el derecho al ocio de las personas con discapacidad echa mano de humor e ironía para contar situaciones que a la mayoría no se nos pasan por la cabeza.

Cuenta, por ejemplo, lo que sucede «cuando entras en un pub o en una discoteca, te vas a la barra a pedirle al camarero una bebida espirituosa. Me pregunto ¿por qué siempre existe ese momento de pausa incomoda donde el camarero busca la mirada de aprobación de tu acompañante para servirte lo que has pedido?». 

Habla de la cara que ponen cuando le ven en medio de la pista de una discoteca, pero también de los que acaban bailando con él y también de los deportes adaptados que existen y que ha probado, como el esquí.

Durante las visitas de grupos a la entidad ha vivido situaciones de todo tipo, incluidas personas que se conmueven a tal punto que ha tenido que acompañarles fuera porque necesitaban llorar.

Está convencido de que, en lo que se refiere a la integración de las personas con discapacidad, las cosas han avanzado, pero queda mucho por hacer. «Estoy aquí porque antes otros lucharon, pero ahora me toca a mí trabajar por una sociedad mejor».

Demasiadas barreras

Para hablar de las barreras arquitectónicas de Tarragona haría falta una entrevista aparte. No entiende, por ejemplo, que se inauguren obras nuevas que no son accesibles, como el escenario del Teatre Tarragona.
Aunque cree que una parte de la lucha también depende de las personas con discapacidad y pasa por no quedarse en casa. «Tenemos que salir, hacer lo que nos gusta. Nosotros mismos debemos darnos visibilidad». Y se refiere no solo a salir físicamente, sino a tener presencia en las redes sociales, en el mundo.

A pocos pasos de su despacho están las aulas de la escuela de La Muntanyeta. Le preguntamos qué diría a los padres de los chicos que acaban de llegar, como él hace tantos años. Les recomienda «que tengan paciencia, el camino es largo y lento y tiene su cosas bonitas y feas, pero tienen que saber que se pueden sorprender y que sus hijos son únicos».
 

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