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Reggaeton feminista

Tendencias. Un estudio, liderado por la URV, analiza nuevas vertientes adoptadas por este estilo considerado machista 

Iñaki Delaurens

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Iolanda Tortajada (i) y Núria Araüna (d), autoras de este estudio sobre esta tendencia musical. Foto: Alfredo González

Iolanda Tortajada (i) y Núria Araüna (d), autoras de este estudio sobre esta tendencia musical. Foto: Alfredo González

«Y es que yo quiero la combi completa. ¡Qué! Chocha, culo y teta», Daddy Yankee. 

«Sigue tu camino que sin ti me va mejor. / Ahora tengo a otras que me lo hacen mejor. / Si antes yo era un hijueputa, ahora soy peor», Bad Bunny.

«Estoy enamorado de cuatro babys. / Siempre me dan lo que quiero. / Chingan cuando yo les digo /ninguna me pone pero», Maluma.

El reggaeton siempre se ha considerado machista. La música por sí sola no forma parte de un colectivo o ataca a otros. Son sus artistas con sus letras y hábitos los que le dan carácter y la definen. Como decíamos el reggaeton desde sus orígenes ha ido ligado a costumbres machistas, pero en los últimos tiempos algunos cantantes han optado por darle la vuelta y convertirlo en un arma feminista.

Reggaeton feminista en España: mujeres jóvenes subvierten el machismo a través del perreo es el título del estudio liderado por las investigadoras de la URV  Iolanda Tortajada y Núria Araüna, y también de Mònica Figueras-Maz de la UPF. La investigación analiza la nueva tendencia feminista que está adoptando este estilo de música. 

El estudio se centra en la figura de tres artistas que son Ms Nina, Tremenda Jauría y Brisa Fenoy, autora del hit Lo malo, interpretado por Aitana y Ana War. Encontramos una canción convertida en mainstream que habla de un feminismo con fuerza dentro de unos márgenes socialmente aceptados. Después, Ms Nina ha hecho una canción con King Jedet -que se autodefine como gender fluid- bajo el título Reinas, en que giran las críticas que reciben y las convierten en parte de su orgullo. Y Tremenda Jauría es el más transgresor. Es un grupo mixto, con una estética muy particular con máscaras de gatos, en un ambiente alternativo, feminista y anticapitalista.

«Buscamos tres casos diferentes y complementarios porque nos interesaba cómo explorar el contenido feminista para saber si se trataba de un feminismo político o el típico estético y superficial», explican las investigadoras de la URV.

Imagen del videoclip ‘Reinas’ de Ms Nina y King Jedet. FOTO: Youtube

¿Cuál era el papel tradicional de la mujer en el reggaeton? «Sus referentes tienen una performance de ellos mismos hipermasculinizada, con letras sexistas que degradan a la mujer -dicen Tortajada y Araüna-. O las tratan como mujeres malas, depredadoras sexuales y justifican la violencia hacia ellas o bien las cosifican al servicio del placer sexual del hombre».

Desde el cine al arte, toda producción cultural ha sido machista en algún momento. En la música no se atañe únicamente al reggaeton. Los Rolling Stones tenían algunas letras machistas y parecía que no había lugar para la mujer en el rock duro, cuando apareció L7 o Las vulpes. O en el punk, cuando surgieron Riot Grrrl, Bikini Kill o The slits. «Las mujeres se ponen en escena en un estilo de música y se rompen estereotipos de cómo se suponía que tenían que ser las mujeres».

Eso pasa con el reggaeton, sobre el papel terreno de la exageración masculina. «Se coge un aspecto muy marcado públicamente como el machismo y se le da un significado opuesto. Tiene una potencia muy importante porque contrapone las expectativas de un estilo considerado machista. Más que si hubieran hecho otro tipo de música feminista que tuviera menos carga en este estigma», exponen nuestras investigadoras. 

Videoclip ‘Esta noche’ de Tremenda Jauría. Foto: Youtube

«Yo decido el cuándo, el dónde y con quién». Esta frase de Lo malo fue uno de los lemas feministas más escuchados en las manifestaciones del pasado 8 de marzo. «Esto ha sido una reivindicación de siempre del feminismo. Que puedan hacer visible el deseo sexual de las mujeres pero por ellas mismas, no por la mirada masculina», exponen Tortajada y Araüna, que añaden: «Otro lema que salió de esta canción era: La noche es para mi, no es de otro. Tiene que ver con reivindicar la calle, el espacio público, los sitios que pueden ser peligrosos para las mujeres. Es una reivindicación de nuestra autonomía».

Es importante que estas letras se canten en escenarios de ocio, como lugares de baile y de noche. Sitios donde la mujer se podía sentir vulnerable. Una vuelta más que fortalece el feminismo. «El mainstream se ve obligado a aceptar el feminismo, la idea de la igualdad de género y que no se puede agredir a una mujer -cuentan las investigadoras-. Pero en los tres ejemplos, vemos diferentes tipos de feminismos. En este sentido, Tremenda Jauría es el más transgresor, ya que su discurso aboga por abolir todas las desigualdades. Es un mensaje socioeconómicamente más radical que rompe con el placer del reggaeton convencional».

La idea de sexualizar el reggaeton parece machista, pero no siempre. «La mujer tiene el derecho a perrear y sexualizar su cuerpo siempre que lo desee sin ser considerada un objeto, ni ser agredida». Pese a que el perreo es un movimiento de baile ligado al placer sexual con connotaciones eróticas, ahora «se vincula al juego, a la parodia o figuración del acto sexual. Mientras que en su origen se utilizaba para cosificar a la mujer, ahora el perreo ha cambiado de bando. Mi cuerpo es mío, lo luzco y sexualizo cuando quiero y continua siendo mío».

Quién sabe si se ha acabado el reinado de Daddy Yankee, Maluma y compañía. En cualquier caso deberán compartir corona con un feminismo creciente que pone en jaque uno de los pilares de su éxito. Las mamitas toman el control.

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