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Siete partidos políticos y dos modelos de TGN

El primer debate electoral se centró en las políticas de vivienda y la necesidad de seguir creciendo o de revisar el plan general

N. Riu

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El catedrático Sergio Nasarre dirigió el debate sobre vivienda con los siete candidatos. FOTO: Pere Ferré

El catedrático Sergio Nasarre dirigió el debate sobre vivienda con los siete candidatos. FOTO: Pere Ferré

La campaña electoral de cara a las próximas elecciones municipales del 26 de mayo nos dejó un primer debate en un ambiente poco común en la política actual. Lejos de la confrontación y de los rifirrafe, ayer se escucharon ideas y modelos de ciudad. Los candidatos expusieron sus proyectos y evitaron la confrontación. Música celestial para los oídos, si tenemos en cuenta que algunos de los representantes que ayer estaban sentados en la primera fila han mantenido auténticas disputas a lo largo de los últimos cuatro años en el salón de plenos. 

Y, sin embargo, este ambiente poco hostil no evitó que hubiera importantes diferencias en los planteamientos de los siete partidos que estaban representados. Y es que el tema plantado no era para menos: las políticas municipales en vivienda en Tarragona de 2019 a 2023. 

Organizado por la Càtedra Unesco d’Habitatge de la URV, su director, Sergio Nasarre, aseguraba antes de empezar que «es muy importantes que los diferentes representantes políticos puedan explicarse y que nos planteen cuál es su modelo de ciudad ideal». Se habló de crecimiento versus rehabilitación, del precio de los alquileres y de la incidencia que está teniendo el crecimiento del turismo sobre el día a día de los ciudadanos.
Con matices y puntualizaciones, de la primera intervención ya pudo deducirse que los partidos representaban a dos bloques. Por un lado, los que consideran que debe respetarse lo que establece el plan general y, por el otro, los que quieren enterrar este instrumento de planificación. Entre los primeros se situó el PSC, Cs, PDeCAT y PP. Mientras que ERC, la CUP y En Comú Podem defendieron la necesidad de no seguir expandiendo la ciudad.

Un documento vigente
El primero en intervenir era el representante del PSC y concejal de Territori, Josep Maria Milà, que, aunque ya ha anunciado que no repetirá en la lista, ayer defendía el POUM que se aprobó definitivamente en 2013 por el actual alcalde. Milà pedía ser «cuidadosos» respecto al contenido del plan general. «El modelo de ciudad está perfectamente definido y sigue vigente porque no ha cambiado nada». En todo caso, el dirigente socialista apuntaba que «hay que adecuar al ritmo de crecimiento, sin partir de la base que Tarragona ya no puede crecer». 

Una opinión similar mantenía el líder de Cs, Rubén Viñuales, quien defendió que «el POUM no es una herramienta que pueda cambiarse todos los días sino que debe garantizarnos cierta seguridad, porque, si no, pierde su sentido». ¿Crecer? Sí. «Si la gente no tiene vivienda nueva, los alquileres subirán», afirmaba. No obstante, apuntaba también que los grandes retos están en «cohesionar» y «vertebrar» el tejido urbano. Viñuales tiró de sus conocimientos jurídicos para no «demonizar» el expansionismo y poner en marcha medidas que no se contradigan con la construcción de viviendas nuevas. 

También el candidato del PDeCAT, Dídac Nadal, apuntaba que el plan general «debe ser el guión». Nadal defendió que se impulsen nuevos proyectos «sino lo que hacemos es expulsar a las personas a los diferentes municipios del Camp de Tarragona ya que está incrementando el alquiler y la vivienda nueva alcanza precios prohibitivos». En base a esta premisa, el dirigente independentista defendía que «debemos garantizar el derecho a la vivienda a todos los ciudadanos». 

Por su parte, el representante del Partido Popular, Raúl Arranz, ponía de manifiesto que «si no abrimos nuevas posibilidades, en tres años habremos agotado todo el suelo construible y esto puede suponer un riesgo». Arranz también ponía de manifiesto la necesidad de «simplificar la normativa» en el momento en el que quiere impulsarse cualquier nuevo proyecto.

La ciudad «donut»
El candidato más elocuente del segundo bloque fue el dirigente de ERC, Pau Ricomà. Esta formación ha mantenido en los últimos cuatro años un largo pulso para evitar que sigan adelante proyectos como La Budellera. «No queremos que Tarragona se convierta en una ciudad donut, en la que el centro y la Part Baixa se queden vacíos», afirmaba. 

El dirigente republicano fue contundente al afirmar que el POUM está «obsoleto» y que ahora mismo «es un elefante envejecido que nos molesta». También la dirigente de la CUP, Laia Estrada, fue muy crítica con el planteamiento vigente aunque su intervención se centró en defender una ciudad «más feminista, más sostenible y realmente cohesionada». «El espacio público debe ser para las personas. No puede ser que la única función de las plazas sea acoger terrazas y más terrazas», defendía Estrada. 

Se estrenaba en su primer debate de estas características la candidata de En Comú Podem, Carla Aguilar.  Esta formación, que se presenta por primera vez en unas elecciones, se presenta como el partido para una Tarragona «diferente». «No se trata de crear una nueva ciudad, sino de una nueva forma de gestión». Habló de la teoría sin concretar el cómo, aunque defendió que «no podemos abandonar los barrios y construir nuevas urbanizaciones».

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