Tarracròpolis recoge la historia de los últimos 23 siglos en la Part Alta de la ciudad

El Museu Bíblic da un salto hacia el turismo de calidad y habilita un espacio que permite conocer como los restos romanos conviven con un refugio de la Guerra Civil

NÚRIA RIU

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Una de las maquetas que muestra cómo era el antiguo recinto de culto en el periodo romano. FOTO: PERE FERRÉ

Una de las maquetas que muestra cómo era el antiguo recinto de culto en el periodo romano. FOTO: PERE FERRÉ

El Museu Bíblic de Tarragona no forma parte de las grandes rutas turísticas para conocer la ciudad. Sin embargo, las laberínticas dependencias de la antigua Casa dels Concilis representan una oportunidad única para conocer los estratos de un pasado histórico, que ahora se ha puesto en valor pensando tanto en los visitantes locales como en el turismo de calidad.

El proyecto se conoce como Tarracròpolis y puede decirse que arrancó hace casi veinte años, cuando el Museu Bíblic y los investigadores del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC) iniciaron las primeras excavaciones conjuntas. Consiste en un centro de interpretación ubicado en lo que fue el «km 0» de la acrópolis romana. Un espacio que esconde el exedro del antiguo recinto de culto imperial, que posteriormente fue transformado durante el periodo visigodo y ya en la Edad Media, el edificio fue la curia del vicariato. En el siglo XVI las dependencias del actual museo se transformaron en el archivo de la Iglesia tarraconense, siendo incautado durante la Guerra Civil, cuando se creó un refugio con capacidad para unas 700 personas. Con todo, el director del Museu Bíblic, Andreu Muñoz, afirmaba que este centro de interpretación es la muestra de «23 siglos de dinamismo en la acrópolis de la ciudad de Tarragona».

El espacio ocupa la parte baja de las dependencias del Museu Bíblic y, precisamente, es en este punto en el que puede observarse mejor el paso del tiempo. En una de las salas hay una colección de epigrafías, gravados y numismática. Asimismo, en el centro de la habitación pueden apreciarse dos maquetas del antiguo centro de culto, una de las cuales del año 1275, que permite observar cómo se estaba edificando la Catedral. Cada una de las piezas está dotada de un código QR, de forma que los visitantes pueden acceder a un modelo 3D a través del móvil, para hacer más comprensibles los contenidos.

La visita también permite acceder a una antigua cisterna, que se cree que fue del periodo romano, y que posteriormente se utilizó como refugio antiaéreo durante la Guerra Civil. Su existencia estaba documentada, pese a ello no era accesible y son escasas las personas que han tenido la oportunidad de conocerlo. Su visita vale la pena por su buen estado de conservación.

Suma de intereses

Sin embargo, los visitantes tendrán que conformarse con ver la parte superior del refugio, ya que los más de cien metros de galerías inferiores no están acondicionadas. Muñoz explicó que, en este caso se solicitó la colaboración del Ayuntamiento de Tarragona para la iluminación y la habilitación de una puerta desde la calle de les Coques. La inversión necesaria es de unos 15.000 euros. Pese a ello, el director del Museu Bíblic lamentó que este no despertó el interés ni del anterior equipo de gobierno ni del actual.

Una de las cisternas de la ciudad, que se utilizó como refugio durante la Guerra Civil. FOTO: Pere Ferré

La administración local es la única que no ha participado en el proyecto. En cambio, si que se han sumado la Generalitat, la Diputació de Tarragona y el Consell Comarcal del Tarragonès. De hecho, la institución comarcal también ha participado de forma directa en la iniciativa, ya que el organismo ocupa el edificio adyacente al Museu Bíbilic y en el espacio hay una ventana a través de la cual puede comprobarse una de las esquinas del exedro del antiguo templo.

El centro acaba de abrir ahora con las restricciones de aforo que marca la pandemia. Asimismo, los interesados podrán visitar el espacio a través de la página web del ICAC. En el proyecto se han invertido unos 80.000 euros y, según el investigador Josep Maria Macias, «es una herramienta pedagógica y turística que en condiciones optimas debe integrarse en la visita a la Catedral».

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