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Tarragona carece de unidad para adicciones tecnológicas

A diferencia de otros territorios, como la Comunidad de Madrid, en nuestras comarcas sólo es posible tratar las dependencias comportamentales acudiendo al sector privado

Dánel Arzamendi

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Las dependencias arrancan a edades cada vez más tempranas. Foto: Pere Ferré

Las dependencias arrancan a edades cada vez más tempranas. Foto: Pere Ferré

El uso masivo de las nuevas tecnologías entre capas cada vez más amplias de nuestra sociedad ha traído consigo, junto con un inmenso campo de posibilidades netamente positivas, también la aparición de determinados comportamientos patológicos que comienzan a preocupar a familias y educadores.

Cada vez es mayor el número de jóvenes y adolescentes que muestran síntomas de un uso abusivo y descontrolado de estos nuevos dispositivos y aplicaciones como teléfonos móviles, videojuegos, redes sociales, etc. Se trata de una nueva variante de las adicciones comportamentales, un tipo de trastornos en los que el individuo desarrolla dependencia a una actividad, normalmente placentera, no relacionada con la ingestión de sustancias tóxicas.

Durante los últimos años se han multiplicado las clínicas privadas y fundaciones que han comenzado a tratar estas dependencias. Se trata de un trastorno que durante las fases de conformación de la personalidad puede resultar especialmente nocivo para quienes las padecen, provocando con frecuencia incomunicación familiar, aislamiento social, y fracaso escolar, junto con otros efectos directos sobre la salud física.

Cada vez resulta más habitual la imagen de una familia, de paseo o en un restaurante, con los padres conversando entre sí mientras los hijos permanecen centrados en sus dispositivos móviles, ya sean teléfonos, tabletas o videojuegos.

Algunas administraciones públicas a nivel estatal han dado un paso adelante para satisfacer este nuevo tipo de necesidades, respondiendo así a la solicitud de ayuda por parte de los propios implicados y su entorno, habitualmente indefensos ante un fenómeno novedoso que son incapaces de abordar autónomamente.

Es el caso de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, cuyos responsables pusieron en marcha el Servicio de Adicciones Tecnológicas en abril del año pasado. Esta pequeña unidad está formada por cinco psicólogos y dos educadores sociales, que intentan tratar las dependencias tecnológicas entre los más jóvenes. A finales de 2018, con apenas nueve meses de existencia, este servicio había atendido a casi dos mil familias con hijos de 12 a 17 años, una cifra que evidencia la necesidad de articular un modelo público que responda a esta necesidad.

Analizando la situación en nuestras comarcas, tal y como nos comenta Roger Pla, antiguo gerente de nuestra Región Sanitaria, «en el Camp de Tarragona hay tres unidades de adicciones, pero están completamente desconectadas entre sí, como es frecuente en el modelo sanitario catalán, aunque en mi etapa intentamos unificarlas en la dirección y en la forma de trabajar. La primera está en Tarragona, la más pequeña, dependiendo de la empresa pública GIPSS; la segunda está en Reus, en el hospital de Sant Joan; y la tercera, la más antigua, depende del Institut Pere Mata».

Sólo atienden adicciones físicas

Sin embargo, desde el Institut Català de la Salut reconocen que, a día de hoy, los servicios de adicciones vinculados a la Generalitat sólo tratan dependencias vinculadas con sustancias tóxicas: «en este momento no se contempla el tratamiento de adicciones no físicas. Sólo atendemos problemas relacionados con el alcohol, la cocaína, la heroína… Puede que en los centros de atención primaria haya alguna consulta al respecto, pero a día de hoy no tenemos un estándar protocolizado para este tipo de dependencias.

Precisamente estos días, el máximo responsable de salud pública de Catalunya, el Dr. Guix, ha presentado la memoria de las adicciones, y en ella sólo se hace referencia a las dependencias físicas». Esta ausencia de tratamientos desde la sanidad pública obliga a las familias afectadas a acudir necesariamente al sector privado, un ámbito que sigue expandiéndose con gabinetes psicológicos que ofrecen de forma creciente este tipo de servicios.

De hecho, desde el propio Institut Català de la Salut también se reconoce la necesidad de ir ideando una respuesta pública a esta problemática en Tarragona. «Tal como van las cosas, es razonable pensar que próximamente se cree una unidad de este tipo en nuestro territorio».

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