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Tarragona: historias entre rejas

En noviembre quedará cerrada la prisión de TGN. Atrás quedan motines, partidos de fútbol, presos ilustres...

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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La prisión, el miércoles, con su entorno ya urbanizado. FOTO: Pere Ferré

La prisión, el miércoles, con su entorno ya urbanizado. FOTO: Pere Ferré

«No resulta muy agradable, que digamos, inaugurar prisiones. Pero puestos ante el hecho consumado de la existencia de cárceles, lo menos a que podemos aspirar es que éstas reúnan las debidas condiciones. Es decir, que el edificio destinado a prisión tenga todas las características exigidas. Que no sea un castillo o un pretorio o simplemente otro caserón cualquiera el que haga las funciones de ésta. Afortunadamente, la prisión Provincial, inaugurada el pasado sábado en nuestra ciudad, cumple todos los requisitos exigidos para este tipo de construcción». Así se leía en la crónica de Petrófilo publicada en el Diari el 3 de marzo de 1953.

Petrófilo se refería a la apertura de la prisión situada en la Avda. República Argentina, frente a lo que muchos años después sería El Corte Inglés. El centro penitenciario, entonces ubicado en las afueras de la ciudad, sustituía a la infame prisión de Pilats.
La cárcel tarraconense, que ahora solo acoge presos de tercer grado o régimen abierto (únicamente van a dormir a la prisión), se cerrará definitivamente en breve, cuando concluyan las obras del nuevo Centre Penitenciari Obert. El 24 de noviembre de 2015 ya fueron trasladados los presos al nuevo centro de Mas Enric.

Las obras de la cárcel, en 1949. En esa época estaba en las afueras. FOTO: Chinchilla. centre d’imatges de Tarragona/L’arxiu
Las obras de la cárcel, en 1949. En esa época estaba en las afueras.
FOTO: Chinchilla. Centre d’Imatges de Tarragona/L’Arxiu

La cárcel fue inaugurada el sábado 28 de febrero de 1953, con la presencia de la crème de la crème del franquismo tarraconense. Atrás quedan de este modo casi 69 años de historias, anécdotas (motines, presos ilustres, partidillos de fútbol...) y también de sangrientas ejecuciones.

Ejecuciones como las de Heinz Chez, un sintecho alemán acusado de matar de un disparo de escopeta a un guardia civil en un camping de L’Hospitalet de l’Infant. El crimen se produjo el 19 de diciembre de 1972. El 2 de marzo de 1974 fue ejecutado a garrote vil en Tarragona. 

El franquismo utilizó la muerte de Chez como una forma de ‘tapar’ la ejecución en Barcelona del militante anarquista Salvador Puig Antich. El ‘asesinato’ judicial de Puig Antich suscitó la unánime condena internacional. Chez fue, como reflejaron Els Joglars en una legendaria obra de teatro, la torna de la ‘justicia’ de la dictadura.

Entre los motines, los de 1972, 1984 y 1995. En 1972, tres presos retuvieron durante 15 horas a tres funcionarios y al capellán de la cárcel hasta que un comando policial les redujo. El de 1984 estalló porque la dirección decidió separar a los presos jóvenes de los mayores. En 1995 una de las exigencias de los presos fue que Moisés Peñalver, entonces periodista del Diari, hiciese de mediador. Ambos se resolvieron sin violencia.
Por las celdas de la cárcel tarraconense pasaron asesinos como Fernando Adalid. Su foto esposado en el patio de prisión le valió al fotógrafo Lluís Milian un premio periodístico en 2003. También personajes estrafalarios como el empresario José María Ruiz Mateos, detenido el 15 de septiembre de 1988 en El Vendrell.

El 12 de marzo de 2003, Fernando Adalid, el asesino de la doctora tarraconense Gloria Sanz, ingresaba en la prisión. Foto: Lluís Milián/DT

Hubo momentos para la diversión. Por ejemplo, el Nàstic disputó, el 2 de enero de 1992, un partidillo en el patio de la cárcel. «El encuentro finalizó con victoria del conjunto grana, que se impuso, con muchas dificultades, al combinado del centro por un resultado de 5 goles a 3», escribió Josep Coch en el Diari.

Partido amistoso del Nàstic, el 2 de enero de 1992.FOTO: Txema Morera/DT

Ahora el futuro de la prisión es incierto. Como señaló en una entrevista al Diari la consellera de Justícia, Lourdes Ciuró: «Debemos pensar por qué equipamiento apostamos  y analizar qué es lo que queremos preservar y qué parte no (...). Seremos cuidadosos con el patrimonio y la memoria, ya que dicen mucho de nuestra sociedad. Ni todo debe tirarse ni todo debe mantenerse. Veremos qué museizamos y, a partir de aquí, tomaremos decisiones». 

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