Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Tarragona, la ciudad que vive a oscuras

Las entidades vecinales denuncian la falta de mantenimiento de algunas farolas y aseguran que cuando llueve, se va la luz, lo que provoca una importante sensación de inseguridad

Carla Pomerol

Whatsapp
La calle Nou de Sant Pau es una de las más oscuras de la Part Baixa.

La calle Nou de Sant Pau es una de las más oscuras de la Part Baixa.

Vivir en la oscuridad. Esta es la sensación que tienen algunos vecinos de Tarragona. Da igual el barrio en el que vivan. Cuando los comercios bajan la persiana y los escaparates dejan de alumbrar por unas horas, la calle queda sin luz. Totalmente negra. Esto implica que algunas zonas sean poco transitadas, ya que la oscuridad va estrechamente ligada con la inseguridad, explican desde las asociaciones de vecinos, quienes reconocen que, actualmente, el Ayuntamiento está haciendo un esfuerzo para minimizar el problema. Pero parece ser que no es suficiente. 

La mayoría de entidades vecinales coinciden en que, dejando de lado que hay pocas farolas, «el problema es que a menudo se averían». Así lo explica la presidenta de la Associació de Veïns del Barri del Port, Carmen Puig, quien señala las calles Smith, Rebolledo, Sant Miquel y Nou de Sant Pau, como las más oscuras de la Part Baixa. «Da la casualidad que en estas calles se concentra el mayor número de robos en el barrio. Por algo será», explica Puig, quien añade que en  la calle Nou de Sant Pau, el problema es que los árboles son muy altos y tapan la luz de las farolas. «Cuando la entidad bancaria baja la persiana, aquí no se ve absolutamente nada», asegura la presidenta. La esquina entre calle Misericòrdia y Rebolledo también da respeto. La entidad pide a la empresa que se encarga del mantenimiento de las farolas, SECE, que se sustituyan aquellas que están en mal estado. «Depende de la zona, da miedo pasar», concluye.  

Los barrios de Ponent también sufren por la oscuridad. En Bonavista, cada dos por tres, la luz de algunas calles se va. No se sabe el porqué, asegura Luis, vecino de la calle 3, quien sospecha que «nos apagan expresamente las farolas para que no gasten tanto. Es que sino, no puedo entender que siempre se estropeen. Un día es normal, tantos seguidos ya huele». En esta misma situación se encuentran los vecinos de la zona deportiva de Campclar, en las calles adyacentes al Anillo Mediterráneo, como por ejemplo, el pasaje Riu d’Anoia. 

Calle Destral, Part Alta.

También reivindican más luz los vecinos de La Floresta. Hay quince farolas en la entrada del barrio, en la carretera T-11. Pero ninguna de ellas funciona. La vía es propiedad del Ministerio de Fomento y hasta que la carretera no pase a manos del Ayuntamiento, parece que las farolas no van a encenderse. Mientras tanto, los niños y jóvenes que van a entrenar al campo de fútbol deben cruzar la calle a oscuras. Y de pasear el perro por esos solares, ni hablar. 

‘Me da miedo ir a mi casa’

Carme Beltran tiene 28 años y vive en la calle Destral, en el corazón de la Part Alta. Trabaja desde hace unos meses en un bar de la Plaça de la Font, lo que significa que llega a su casa pasada la medianoche. «Ir hasta mi casa sola se ha convertido en un deporte de riesgo. Da miedo», asegura Beltran, quien añade que «es muy habitual que se vaya la luz de la calle, y también de casa. Creo que el sistema eléctrico falla». Beltran explica que la calle Destral es bastante sucia –está llena de excrementos– y las aceras están en mal estado. «Sin luz no sé ni por donde piso. Un día me voy a caer», explica la vecina.

La lluvia es la principal enemiga de la Part Alta. «Cuando llueve un poco, las calles del entorno de la Plaça de Rei se vuelven negras», explica el presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, Manel Rovira, quien cree conocer el motivo. «El contador no tiene la fuerza suficiente y a la mínima que toca un poco de agua se produce un cortocircuito», explica. Una de sus preocupaciones es la penumbra que hay en la Plaça de Carles Llorach. «Allí se pone un grupo de jóvenes que, en alguna ocasión, ha intimidado a algún vecino. Entre esto y la falta de luz, por allí ya no pasa nadie», explica Rovira, quien asegura que «en la Part Alta no hay comercios que iluminen las calles, por eso pedimos más farolas. Ahora, a partir de las seis, ya no se ve ni una alma por el barrio». 

El Serrallo no es un barrio especialmente oscuro. Aún así, Miquel, un vecino, opina que los turistas no se atreven a adentrarse en el barrio. «Prefieren quedarse en el paseo, que hay más luz», dice Miquel. Pero si hay algo que reivindican los vecinos de El Serrallo es que desaparezcan, de una vez por todas, los cables de la luz que llenan el cielo de las calles del barrio. 

Martín: «Hay que tener en cuenta los niveles de contaminación lumínica»

Que los vecinos se quejen de la falta de luz en algunos puntos de la ciudad no significa que desde el consistorio no se trabaje para acabar con el déficit de alumbrado. Desde 2013 y hasta la actualidad, se ha aumentado un 70% el volumen de iluminación en Tarragona. El éxito está en que, de forma paralela, se ha reducido el consumo eléctrico. «Actualmente, estamos un 40% por debajo del máximo consumo de 2006, y la reducción continua, tanto en el precio de la energía, como en la potencia contratada. Respecto a los gastos por unidad de punto de luz la disminución acumulativa es del 45% desde 2002», explica el concejal responsable de Espais Públics, José Luis Martín (PP). 

«Tarragona no es una ciudad oscura, cuenta con un nivel de iluminación importante. Te das cuenta cuando visitas otras ciudades, como por ejemplo, Barcelona», explica Martín, quien añade que «hay que tener en cuenta los niveles de contaminación lumínica. No nos podemos saltar la normativa». 

Martín y su equipo trabajan en la eliminación de las lámparas de vapor de mercurio, que suponen un peligro para la población. De momento, se han sustituido 217 en Cala Romana. «El objetivo es cambiar gradualmente esta tecnología obsoleta por farolas de menos consumo y más respetuosas con el medio ambiente», asegura Martín. Actualmente, en la ciudad, solo el 7% de lámparas son de vapor de mercurio.

El recorrido de los cruceristas

Para este 2019, está prevista la sustitución del alumbrado de la Via Augusta, del paseo de Sant Antoni y de la Plaça dels Carros, entre otros puntos. Una medida que mejorará el itinerario hasta la Part Alta de los cruceristas que llegan a la ciudad. También se cambiarán farolas en la Plaça de la Constitución de Bonavista, en algunas zonas de Sant Pere i Sant Pau y en las calles Monestir de Poblet, Florenci Vives, Escipions, Antoni Agustí, Alfred Opisso y Apodaca.

Temas

Comentarios

Lea También