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Tarragona, plagada de pasos de cebra que no pueden cruzarse en silla de ruedas

124 vados del centro incumplen la normativa de accesibilidad: anchura insuficiente, pendiente excesiva, ausencia de enrase con la calzada... impiden el paso a personas con movilidad reducida

Francisco Montoya

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Los vados del cruce entre Rambla y Pare Palau son ´ilegales´ y aún no tienen proyecto de reforma. Foto: lluís milián

Los vados del cruce entre Rambla y Pare Palau son ´ilegales´ y aún no tienen proyecto de reforma. Foto: lluís milián

Nada menos que 124 vados de pasos de peatones del centro de Tarragona incumplen la normativa vigente en materia de accesibilidad y, por tanto, no reúnen las condiciones para poder cruzarlos en silla de ruedas. Y eso contando sólo aquellos vinculados a pasos de peatones con semáforo, que son los que están contemplados en el Pla de Mobilitat Urbana i Sostenible (PMUS) «por entender que son los itinerarios de peatones más utilizados».

Se trata de rampas que a priori deberían facilitar el paso a las personas con movilidad reducida, pero que en realidad no lo hacen por distintos motivos: porque su pendiente es excesiva, porque su anchura es insuficiente, porque entre la calzada y la rampa hay un pequeño escalón, a menudo imposible de salvar por leve que parezca a primera vista...

«No es algo que suceda sólo en Tarragona, sino en otras localidades también e incluso peor. Pero sí es cierto que hay zonas del centro de Tarragona en las que realmente la silla no puede subir», explica Carles Balañà, miembro de la asociación Tarragona Sense Barreres y usuario de una silla de ruedas.

«Por ejemplo, si no están exactamente a cota cero, o si hay demasiada pendiente... Las ruedas de las sillas son pequeñas y te puedes quedar trabado», relata Balañà, y añade: «Bajarlas, las bajas. Con una sacudida, que ni es buena para la espalda ni tampoco para la silla, pero las bajas. Pero subirlas ya es otra cosa. Si hay peldaño, por insignificante que parezca, las ruedas son pequeñas y se encallan». También son problemáticas las pendientes excesivas: «Sobre todo para los de silla manual. Yo llevo silla eléctrica y como tiene bastante potencia acaba subiendo, pero con silla manual según qué pendientes es imposible», sentencia.

Pese a constatar la gravedad del problema, Balañà afirma que «condiciona mucho más la vida la falta de accesibilidad en los edificios». «En el caso de la calle siempre encuentras un itinerario alternativo o a alguien que te ayuda, pero en los edificios... Los que tienen escaleras entre la entrada y el ascensor, o un ascensor demasiado pequeño, o simplemente sin ascensor... Te quedas sin poder visitar a amigos o parientes, sin poder asistir a celebraciones o eventos... Nos condiciona mucho más», afirma. Sin embargo, «la ausencia de rampas en la vía pública, o rampas que no cumplen los parámetros, son también un problema». «En Tarragona hay zonas como Ramón y Cajal donde ya se han arreglado, pero quedan otras muchas pendientes», concluye.

En efecto, Ramón y Cajal es una de las calles de Tarragona donde últimamente (este mismo otoño) se han llevado a cabo actuaciones para corregir vados que no cumplían la normativa. Dentro de las obras de remodelación del tramo entre la Rambla Nova y Prat de la Riba se incluyó la reforma de los vados de los pasos de peatones, y está previsto que conforme vaya avanzando por tramos el proyecto de reforma de toda la avenida –el consistorio tiene intención de remodelar todo Ramón y Cajal–, se irán corrigiendo los demás. En este sentido, es justo recordar que a inicios de 2014 el número de vados ‘ilegales’ en pasos de peatones con semáforo era mucho mayor que ahora: 169. Pero 45 de ellos ya han sido renovados en distintas fases, incluyendo los citados del primer tramo de Ramón y Cajal, pero también otros en calles como Via Augusta, República Argentina, Avinguda Catalunya, Apodaca o Estanislau Figueras.

Además, de los 124 restantes, ya existe proyecto concreto de reforma para 34 de ellos. 11 forman parte del mencionado plan de Ramón y Cajal, y los otros 23 pertenecen a puntos como la Plaça Imperial Tarraco (donde se prevé arreglar ocho vados), la Avinguda President Companys (ocho vados más), la Avinguda Roma (cinco) o la Via Augusta (donde tres vados tienen ya proyecto para ser remodelados en breve).


‘Lleva su tiempo’
De todas formas, los 90 que ni siquiera tienen proyecto no tardarán, a priori, demasiado en tenerlo, habida cuenta de que el Pla de Mobilitat preveía como «prioridad para el sexenio 2012-2017 la resolución de los problemas existentes en los pasos integrados dentro de la red de semáforos». Un sexenio que, huelga decirlo, acaba el año que viene.

Desde el Ayuntamiento, la portavoz del equipo de gobierno, Begoña Floria, recuerda que el problema no es nuevo: «Históricamente, el urbanismo de la ciudad no ha resuelto los temas de accesibilidad, y resolverlos lleva tiempo». «La idea es irlos haciendo, y este año ya le hemos dado un buen empujón», añade la edil. Sin embargo, la reforma será progresiva porque «comporta condicionantes económicos, y también logísticos, porque implica unas obras, un corte de calles... Por eso hay que pensarlo y planificarlo bien».

La concejal aclara, no obstante, que «no todos los vados tienen la posibilidad urbanística de adaptarse 100% a la normativa, y en todo caso es algo que se irá haciendo progresivamente. Por eso, mientras tanto, es importante que la gente con problemas de movilidad sepa cuales sí lo están para poder decidir así sus itinerarios», añade la edil.

Finalmente, Floria hace un llamamiento al civismo como complemento esencial para facilitar la accesibilidad a todos los niveles. «Por mucho que pongamos vados accesibles, si después nos encontramos con un coche aparcado en medio no va a servir de nada», arfirma.

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