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Tarragona vive la mayor caída de paro en 40 años

Un informe de la CEPTA tilda de «extraordinaria» la bajada del desempleo en la provincia en el primer trimestre. Ninguna EPA, al menos desde 1977, fue tan positiva. El turismo es la clave

Raúl Cosano

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El turismo es la clave de los buenos resultados de la EPA del primer trimestre de 2018 en la provincia. El paro bajó 4,2 puntos.  Foto: Alba Mariné

El turismo es la clave de los buenos resultados de la EPA del primer trimestre de 2018 en la provincia. El paro bajó 4,2 puntos. Foto: Alba Mariné

Tarragona va saliendo de la crisis con tesón, esfuerzo y velocidades distintas. Así lo refleja el último informe de la CEPTA del mercado de trabajo, correspondiente al primer trimestre de 2018, que constata quizás las mayores señales de entusiasmo de los últimos diez años. El análisis, que explota los datos de la EPA del tercer trimestre, desglosa las claves de un crecimiento que en varios ámbitos supone un punto de inflexión. 

En 2018 ha tenido lugar la mayor reducción del paro en los últimos 12 años, la serie histórica analizada. En todos los factores del mercado de trabajo la batalla contra el desempleo es exitosa: en el último año crece la población ocupada en 30.000 personas, desciende en 13.000 la desempleada y baja en 4,2 puntos la tasa de paro (un dato «extraordinario»), teniendo siempre en cuenta el primer trimestre. Si se atiende a ese último indicador de la EPA, el descenso de la tasa de paro es el mayor en los últimos 40 años. 

Rebobinando hasta 1977, no se encuentra un descenso similar del porcentaje de desempleo, algo que hay que poner en contexto: «En los años 70 y 80 el mercado de trabajo era muy distinto. Ahora la temporada turística es la que manda y antes, cuando el sector primario tenía mucho más peso, marcaba la cosecha», indica Juan Gallardo, economista y uno de los responsables del estudio. 

«Es uno de los balances más positivos. En otras ocasiones los datos eran buenos en la medida en que se reducía el paro porque se contraía el número de trabajadores», cuenta Gallardo. Un ejemplo es lo que pasó en 2017. Se redujo la población desempleada y el paro pero también la activa –el grueso de personas que integran el mercado de trabajo– y la ocupada, algo que no ha sucedido esta vez para fortuna de la situación económica provincial. 

Más datos halagüeños: el nivel de caída del paro en los últimos cinco años es definido como «espectacular», con una contracción que ronda el 50%. Todo ello, mientras el mercado se intenta sobreponer a males crecientes como la temporalidad, la precariedad y el desfase con Catalunya, ya que Tarragona sigue mostrando un nivel de paro más elevado que el resto de provincias catalanas. Sin embargo, la mejora en Tarragona fue sustancialmente mejor en este primer trimestre que en el resto de provincias y que en el global de Catalunya. 

¿Y dónde está la clave de este despegue definitivo? «Responde a la evolución estacional de la actividad económica vinculada con el sector turístico», indica el informe. «Hemos llegado a un nivel de terciarización muy alto, del 70% de la ocupación ocupada. Está en máximos, es muy difícil que siga creciendo», concreta Gallardo. 

De hecho, los servicios son el único gran sector que ha crecido entre 2006 y 2018, con un 16,13% de aumento. Este ámbito no sólo ha sido más o menos inmune a la crisis, sino que en los años más duros ha aumentado hasta el punto de que nunca en la historia como hasta ahora había tanta gente en Tarragona dedicándose a los servicios. 

Los servicios se triplicaron

Definitivamente, la provincia se ha abonado a ese modelo económico, más aún si se amplía el foco y se toma perspectiva histórica. El número de empleados en servicios se ha triplicado desde 1980 hasta la actualidad, pasando de 68.000 empleados a los 229.000. Es inevitable no asociar el buen ritmo de los servicios con la pujanza del turismo. «Venimos de años muy positivos, que se han traducido en cifras muy altas de actividad: pernoctaciones, número de visitantes, niveles de ocupación y un fuerte empujón del empleo», cuenta el estudio.

Vinculados a ese esplendor turístico, se benefician otras áreas como el comercio, la hostelería o el transporte, donde se proyectan «crecimientos significativos vinculados con el consumo privado». Todo apunta a que los próximos escenarios continúen por esos derroteros, como afirma Josep Oliver, catedrático del Departamento de Economía Aplicada en la URV y experto en el análisis de la economía catalana.

Según él, la situación deja como motor de los próximos años «el sector de los servicios privados». ¿Por qué? «Los servicios colectivos como sanidad, educación y sector sociales han crecido con intensidad, pero no es previsible que durante la próxima década puedan expandirse más, ya que debe ajustarse el nivel de deuda del país», que en España «debe pasar del 100% del PIB a un 60%». 

En suma, la inercia es positiva, aunque según el informe de la CEPTA, «el mercado de trabajo de la provincia está lejos de normalizarse». Pese a las señales optimistas, no hay que olvidar, por ejemplo, que la tasa de paro es todavía 9,5 puntos más alta que la que había en 2006 y que hay prácticamente el triple de parados ahora que en esa época. Otro dato para la precaución, según expone el informe: «Hay que tener en cuenta que los primeros trimestres de cada año pueden, eventualmente, recoger el favorable efecto del inicio de la temporada turística, sobre todo si la Semana Santa se celebra en marzo, como así ha sido en 2018». 

La volatilidad turística

También es volátil la situación global que ha revertido en la buena marcha del turismo en la Costa Daurada y otros enclaves tarraconenses. «La situación política de otros destinos turísticos en el entorno del Mediterráneo, que no parece enderezarse, sigue favoreciendo notablemente el dinamismo del sector turístico y, sin su concurrencia, sería difícil explicar el crecimiento de la actividad y de los niveles de ocupación». 

Tampoco la demanda turística sufre la negativa evolución del tipo de cambio del euro, que sigue apreciándose hacia otras divisas de países emergentes o en vías de desarrollo y que son competencia directa del sector en España. Turquía, Croacia, Túnez o Egipto son algunos ejemplos. 

Los excelentes datos de la EPA se fundamentan en ese auge turístico, a pesar de que también se crece en la construcción y en la industria –incluso en la ganadería y la agricultura, aunque su peso es muy poco relevante–. Con todo, los expertos recomiendan no echar las campanas al vuelo y seguir a la expectativa, como concluye el informe: «Hay que estar atentos a la evolución global del sector turístico desde una perspectiva regional. Una eventual, aunque hoy en día lejana, normalización de otros destinos en el Mediterráneo, podría afectar negativamente a la ocupación del sector terciario». 

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