Tener un trocito de Andalucía en Bonavista

30.000 personas han pasado por la Feria de Abril durante los primeros cinco días. La cultura y la gastronomía, ingredientes imprescindibles

Carla Pomerol

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Alumnas de academias de danza han llenado los escenarios. FOTO: pere ferré

Alumnas de academias de danza han llenado los escenarios. FOTO: pere ferré

Rocío es de Huelva y se mudó a Tarragona hace doce años por amor. Desde entonces, no ha perdido ni una pizca de su acento andaluz. «Esto es alucinante, no me hubiera imaginado nunca vivir tan intensamente la Feria de Abril a más de mil kilómetros de mi tierra», decía ayer Rocío, mientras arreglaba los farolillos de una de las casetas. Al igual que Rocío, son muchos los andaluces que encuentran en la Feria de Abril una manera de acercarse a sus orígenes. Un trocito de Andalucía se traslada durante diez días a Bonavista. 

La gastronomía y la cultura son las protagonistas de las seis casetas que se han instalado en el aparcamiento del mercadillo de Bonavista. Se trata de la edición más larga de todas: diez días llenos de sevillanas, cante, vestidos de faralaes y pescaíto frito. Más de 30.000 personas han pasado ya por la Feria cuando todavía quedan cinco días para el cierre. Todo un éxito teniendo en cuenta ediciones anteriores, cuando solamente había una carpa. «Las casetas individuales, formato que estrenamos el año pasado, es el que funciona y el que más gusta», aseguraba Charo García, presidenta de la Casa de Andalucía de Tarragona y organizadora del evento. Ayer, tres cuartos de hora después de abrir puertas, ya habían entrado más de 650 personas al recinto. 

«No me hubiera imaginado nunca vivir la feria de abril a mil kilómetros de huelva»
Rocío del Mar

Silvia y su hija Triana fueron de las primeras en llegar. «Por unos días nos transportamos a nuestras raíces y costumbres. Es lo mejor de todo el año», decía Silvia, quien añadía que «aquí los problemas no existen, todo es alegría». Triana, de cuatro años, iba vestida con el traje de faralaes. Aún no baila flamenco en ninguna academia, pero se le notaba el arte innato en su manera de caminar. 

Las alumnas de la escuela de flamenco Torre del Loro de Bonavista se preparaban detrás del escenario para mostrar sus dotes. Estaban nerviosas porque, decían, «hay mucha gente mirándonos». La profesora, Teresa Sánchez, aseguraba que «el baile sirve para estimular el oído, controlar el cuerpo, superar la vergüenza y relacionarse con las compañeras». La caseta se hundió en aplausos al ver a niñas de tres años bailando flamenco por primera vez. 

Durante estos diez días, academias y escuelas de danza española pasan por los escenarios. La solidaridad también encuentra su lugar. Meritxell Puvill es la propietaria de la Escola de Dansa Art i Flamenc, situada en el Moll de Costa. Hace dos años, Puvill quiso participar en la Feria de Abril montando su propia caseta y dedicando los beneficios a las personas con riesgo de exclusión social. «Con el dinero que recaudamos estos días, becamos a jóvenes que quieren bailar pero que no cuentan con los recursos necesarios para pagarse, por ejemplo, una academia», explica Puvill. 

Especialidades culinarias
Boquerones, chipirones, ensaladilla rusa, jamón y carne con salsa. Estos son algunos de los platos estrella de la Academia de Gastronomía de Tarragona, quienes, por primera vez, han montado su caseta. Y es que una de las principales características de esta Feria es que cada caseta tiene su especialidad culinaria. Eso sí, rebujito y manzanilla se pueden encontrar en todos los sitios. «Nuestra entidad es gastronómica y cultural. Creímos que la Feria de Abril es la mejor ocasión para juntar estos dos elementos. No podíamos dejar escapar esta oportunidad», explica Francesc Torrente, vicepresidente de la entidad. 

«La gracia de esta fiesta es que une a dos culturas: la andaluza y la catalana»
Charo García

Entre tanta caseta se encontraba el bar ambulante de Pepe y Toni, especialista en sardinas al espeto, bocadillos y brasa. El propietario aseguraba ayer que, en cinco días, «hemos dado de comer a unas 1.400 personas». Nada que ver con los años anteriores, con el formato de una sola caseta. «Pasamos unos años duros, pero valió la pena luchar. Ahora esto es un éxito», decía José Martí, el dueño del mesón. 

Unión de culturas
El acto inaugural, que tuvo lugar el pasado viernes, ya dejaba entrever la personalidad del evento. Los políticos cortaron una cinta, mitad con la bandera andaluza y, la otra mitad, con la senyera. «La gracia de esta Feria es que une a las dos culturas. Prueba de ello es que el cartel de esta edición combina castells y flamencas», explicaba Charo García.

El ambiente festivo de la Feria durará hasta el próximo domingo 5 de mayo. Hasta entonces, los músicos seguirán tocando el cajón, las bailarinas zapatearán en los escenarios y las cocinas ambulantes freirán chipirones. 

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