Un juez da la incapacidad absoluta por fibromialgia a una tarraconense

Una sentencia del TSJC otorga la invalidez permanente para trabajar a la limpiadora Francisca Moreno, contradice a la Seguridad Social y reconoce una patología catalogada como ‘invisible’

Raúl Cosano

Whatsapp
Francisca Moreno, junto a sus muletas, con la sentencia que le da la razón. FOTO: DT

Francisca Moreno, junto a sus muletas, con la sentencia que le da la razón. FOTO: DT

Francisca Moreno, una limpiadora tarraconense de 56 años, se muestra feliz. «Estoy muy contenta. Estuvimos mucho tiempo esperando que nos dieran respuesta en la administración, luego el juzgado y después el Tribunal Superior. Fue un via crucis de más de dos años, pero felizmente se ha resuelto bien», admite, después de conocer una sentencia del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) que le da la razón. El juez le concede la incapacidad absoluta permanente por fibromialgia, en una sentencia poco habitual. «Siento una gran satisfacción, pero sobre todo mucha tranquilidad. Creo que se ha hecho justicia», explica ella, que deja atrás un complejo calvario hasta este reconocimiento firme.

Francisca está aquejada de patologías diversas como fibromialgia en grado III, cervicoartrosis, cefalea crónica o síndrome de fatiga crónica, dolencias que le hacían imposible ir a trabajar. Francisca decidió llevar a la justicia la denegación de la incapacidad que le impuso el Instituto Nacional de la Seguridad Social. Lo solicitó en 2017 y se le fue denegado a inicios de 2018. Un año después, el Institut Català de la Salut (ICS) emitió un informe en el que constaba que Francisca estaba en «tratamiento paliativo con mal control de síntomas e imposibilidad de deambular sin ayudas, precisando muletas para ello».

"Estoy aliviada y siento tranquilidad. No podía ni pensar en que me obligaran a volver a trabajar"

Una sentencia del juzgado social 2 de Tarragona le dio la razón, pero el Instituto Nacional de la Seguridad Social recurrió, hasta que ahora el TSJC ha confirmado aquella resolución. La sentencia incide en el hecho de que Francisca «no puede subir ni bajar escaleras» y tiene «imposibilidad para el desarrollo de actividades que comporten bipedestación prolongada». El magistrado es contundente al sentenciar que «la posibilidad de desempeño de una actividad laboral es meramente utópica», con «amplísimas limitaciones que comprometen incluso la posibilidad de llevar a cabo actividades sedentarias».

«No sé por qué nos tratan así»

Esa pesadilla se ha prolongado durante este tiempo de incertidumbre y padecimiento acumulado. «Durante el proceso, no podía dormir bien por las noches. A veces me levantaba como si me hubieran dado una paliza y apenas me podía mover, con el cuerpo todo rígido. Pensaba que me obligarían a ir a trabajar, y me cogía mucho miedo solo de pensarlo. No entiendo cómo nos pueden tratar así a las personas enfermas», explica Francisca.

Su lucha ilustra la pelea de este numeroso colectivo de enfermos por conseguir un reconocimiento legal y administrativo. Existe una cierta reticencia por parte de la Seguridad Social a la hora de reconocer el factor incapacitante de enfermedades como la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica o la hipersensiblidad electromágnetica, por tratarse de patologías «invisibles» según ciertos parámetros médicos. Por ello, suele ser habitual que los equipos de valoración de incapacidades denieguen sistemáticamente el reconocimiento de la incapacidad permanente, obligando al ciudadano a pleitear.

"No dormía bien. Me levantaba como si me hubieran dado una paliza y apenas me podía mover, con el cuerpo todo rígido"

En este caso, se trataba de una fibromialgia grave que incapacitaba a Francisca para todo tipo de trabajos. Víctor Canalda, el abogado laboralista que ha llevado el caso, explica que a pesar de las dificultades en el diagnóstico de una patología a veces considerada invisible, «el sufrimiento del paciente es real, y al ser una enfermedad degenerativa, suele ir a más, añadiéndose que suele ser común la concurrencia de otras afectaciones de índole psicológica, como depresiones o distemias, que producen que la persona deba convivir con un dolor más o menos intenso, pero constante, y un sentimiento generalizado de abatimiento y resignación».

Los informes médicos a favor

Canalda explica dónde cree que ha residido el punto decisivo de este caso: «La clave, en mi opinión, ha sido sintetizar las dolencias recogidas en los informes médicos de profesionales del servicio de salud, que acreditaban la gravedad y curso de la enfermedad, y contar con un buen perito que trasladara al juez las cuestiones nucleares de la enfermedad en términos entendibles para su valoración».

Hay que tener en cuenta que no todo cuadro de fibromialgia diagnosticado derivará en una incapacidad, sino solo la que no permita la realización de ciertos actos cotidianos, normalmente las de tipo grave o muy grave (grados III y IV). En estos casos, «se deben haber analizado cuestiones objetivas como los puntos de dolor, o ‘gatillo’, para conformar conjuntamente lo que se conoce como «cuadro residual», dice Canalda. Francisca no podía caminar sin bastón ni muletas, estar de pie de forma continua, conducir vehículos ni aplicar fuerza con las manos, con lo que le era imposible llevar a cabo una tarea tan sencilla como agarrar objetos.

Las sentencias en estas líneas no suelen ser habituales y más sin son firmes, a pesar de que algunos juzgados de otras provincias también se están posicionando en dictámenes similares. La fibromialgia fue catalogada como enfermedad en 1992. Probar que se sufre esta dolencia de forma incapacitante no es imposible pero sí suele ser una tarea ardua y compleja.

Francisca podrá recibir a partir de ahora una pensión con el 100% de la base reguladora mensual de 764 euros, incluyendo atrasos de tres años, desde que se solicitó la invalidez por la vía administrativa.

Temas

Comentarios

Lea También