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Un ‘pasaporte’ impulsará a los alumnos de trece escuelas de TGN a aprender más allá de las aulas

La ciudad ha sido elegida para participar en un proyecto piloto de la Fundació Jaume Bofill. Los niños que participan consiguen ‘sellos’ por asistir a actividades fuera de la escuela

Norián Muñoz

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Alumnas de quinto de la Escola Els Angels de Torreforta, una de las que participa en  el proyecto, con sus pasaportes. FOTO: Pere Ferré

Alumnas de quinto de la Escola Els Angels de Torreforta, una de las que participa en el proyecto, con sus pasaportes. FOTO: Pere Ferré

Pese a las restricciones que impone la pandemia, hay 622 alumnos de quinto de primaria de 13 escuelas de la ciudad que acaban de iniciar un particular viaje. La idea es, en esencia, sencilla: tienen un ‘Pasaporte Edunauta’ y cada vez que realizan una actividad programada fuera del aula obtienen un sello.

Tarragona es una de las 14 ciudades elegidas en Catalunya (se presentaron 50) para participar en un proyecto piloto impulsado por la Fundació Jaume Bofill y la cooperativa +Educació. En la ciudad la puesta en marcha está a cargo del Ayuntamiento de Tarragona, a través del Institut Municipal d’Educació (IMET) y la cooperativa Combinats. En la provincia, además, lo ha implementado Amposta.

En esta fase participan alumnos de escuelas de los barrios de Ponent, Sant Salvador y la Part Baixa de la ciudad, que ya han recibido el pasaporte.

El pasaporte es un libro físico, pero también virtual. Tiene un número y un código QR y, a través de una web, se pueden consultar las actividades disponibles  en los que han llamado ‘Espacios edunautas’. Las propuestas van desde ir a buscar un paquete de libros en la biblioteca Pepita Ferrer de Torreforta o apuntarse al club de lectura, hasta participar de una actividad de calle con la fundación Casal l’Amic o hacer un taller de dibujo en un centro cívico.

Llamado a las entidades

Explica Raquel Barbier, jefa de  proyectos socioeducativos de Combinats, que de momento, y pese a la pandemia, ya tienen 21 actividades disponibles y se espera que a medida que se vayan levantando las restricciones se sumen más. 

Para poner en marcha el proyecto, explica Montse Alegret, técnica del IMET, han colaborado en una mesa impulsora la Xarxa de Centres Cívics, el Consell Esportiu del Tarragonès, la Biblioteca Pública de Tarragona y la Pepita Ferrer, así como los asesores LIC (llengua i cohesió social) de la Generalitat.

La intención, no obstante, es que la lista de entidades y actividades siga aumentando y contar, por ejemplo, con clubes deportivos, casales o entidades de cultura popular que ya han mostrado su buena disposición aunque de momento no pueden ponerse en marcha por las restricciones sanitarias. «Hacemos un llamamiento a las diversas entidades, servicios, equipamientos y a cualquier agente del territorio para que participe y entre a formar parte de este proyecto de ciudad», explica Alegret.

No se trata necesariamente de actividades expresamente pensadas para el pasaporte, sino de dar a conocer a los niños que participan en el proyecto las actividades abiertas y gratuitas que ya se organizan en cada espacio.

En la calle y en casa
En el pasaporte hay espacio para   24 actividades, 12 para hacer en diferentes puntos de la ciudad y otras 12 para hacer con la familia. En el caso de estas últimas el sello lo pone la escuela. 

Entre las actividades que se hacen en casa hay distintas propuestas, como visitar junto a la familia un museo o un sitio que no se conocía, o implicarse en una tarea doméstica que no se había hecho. La idea es que las familias también se involucren y animen a los niños a participar.

Aunque en un principio se había pensado que el proyecto terminaría a final de curso, se ha decidido ampliarlo hasta septiembre para poder incluir las actividades que se organizan en los meses de verano.

Todas las actividades permiten ganar ‘superpoderes’, como la curiosidad, la resolución de problemas, la creatividad, la comunicación, la empatía, el trabajo en equipo, la perseverancia, la iniciativa y la autorregulación. 

La idea, además, es que los niños se puedan mover a diferentes sitios de la ciudad, algo que, reconoce Barbier, no es fácil, «pero si conseguimos que los niños que están en los barrios del centro se acerquen, y viceversa, ya será un gran logro». Una vez terminado el proyecto se hace una fiesta de ‘graduación’ en la que se entregan diplomas a los participantes. Los diplomas son de bronce, plata u oro en función de las actividades realizadas.

Aprendizajes invisibles

Ayer durante la presentación del proyecto, que se realizó de manera virtual, el presidente de la Fundació Bofill, Ismael Palacín, aseguraba que así como otras generaciones consiguieron que hubiera escuelas e institutos para todos, el gran reto de nuestra generación es entender «que el cambio educativo no va de cómo enseñamos las matemáticas o las ciencias, sino de entender que los niños y adolescentes aprenden las 24 horas del día, los 365 días del año, y no solo dentro de la escuela, sino que están dentro de un ecosistema».

Señaló que cualquiera que se dedique a la enseñanza sabe que un alumno que fuera de la escuela «estudia un instrumento está aprendiendo además perseverancia y creatividad... Que uno que juega al básquet aprende a trabajar la autorregulación, el esfuerzo, a gestionar sus frustraciones». Son los que se han dado en llamar aprendizajes invisibles y a los cuales apenas se les da reconocimiento desde el punto de vista social.

Por su parte Manel Castaño, concejal de educación, señala que Tarragona se postuló para participar en el plan porque va «en la línea estratégica de la lucha contra la segregación escolar en una ciudad diversa y urbanísticamente complicada».

Palacín recordaba que las desigualdades educativas no solo tienen que ver con la escuela, porque los niños de familias con más recursos económicos y culturales tienen más acceso a acceder a actividades fuera de la escuela. En este sentido, aseguró que herramientas como los pasaportes de aprendizaje, que ya se han testado en otras latitudes, han ayudado a crear oportunidades. «Cuando una familia no le puede aportar a sus hijos ese bagaje, para eso está la comunidad», defendió. 

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