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Tarragona CRÓNICA

Un pesebre con cara de niño y orgullo de barrio

En Bonavista una cuarentena de niños de la catequesis da vida, por tercer año consecutivo, a un belén viviente lleno de detalles

NORIÁN MUÑOZ

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Una escena del pesebre en el que participan los niños que hacen la catequesis en la parroquia de Bonavista.  FOTO: ALBA MARINÉ

Una escena del pesebre en el que participan los niños que hacen la catequesis en la parroquia de Bonavista. FOTO: ALBA MARINÉ

Nada más entrar a los porchos de la Iglesia de Santa Maria Assumpta de Bonavista una vocecita se abre paso entre la multitud. Se trata de la pequeña y desenvuelta Ivet, que desde su puesto de especias en el mercado invita a comprar menta, romero, laurel... Resulta imposible sacarla de su papel y no se queda tranquila hasta que consigue que los ‘clientes’ se acerquen a oler el género que tiene.

Es una de muchas escenas que tienen lugar en el belén viviente que organizan, por tercer año consecutivo, las catequistas de la parroquia con la ayuda de un buen grupo de colaboradores del barrio.

Al pesebre no le falta detalle: además del puesto de especias hay uno de telas «del mundo entero», otro de verduras, una panadería, una orfebrería, una carpintería, una posada, un río con dos lavanderas que están echando la siesta, el palacio del temido Herodes con su tropa de soldados romanos bien pertrechados y, por supuesto, el nacimiento propiamente dicho, con su angelito (angelita, en este caso) que aguanta estoicamente en su puesto, en lo alto.

Lo curioso es que todos los personajes, desde los soldados hasta las pastorcillas, son de un tamaño similar; más bien bajitos. Y es que aquí los protagonistas son los niños y niñas que se preparan para hacer la comunión, así que la mayoría tiene entre nueve y diez años. Eso sí, las organizadoras se apresuran a aclarar que el niño Jesús es un muñeco. El primer año intentaron hacerlo con un bebé de verdad «pero lo descartamos enseguida viendo que lloraba».

Un círculo solidario

Mientras el público se pasea por los puestos, los villancicos cantados por el coro de la Iglesia completan la ambientación. Buena parte de las que cantan son, además, madres y abuelas de los niños del pesebre y han hecho buena aquella frase de «coser y cantar». Ellas también participan en el taller de costura de la parroquia y llevan un año elaborando los trajes. La profesora que las enseña también trabaja de manera altruista y las telas son donadas. «Algunas cosas están hechas con las cortinas», explica Valle Navarro, catequista.

Este año también contribuyen a dar realismo los decorados pintados por el artista Oriol Sanz Isern.

Las alegres pastorcillas

Pese a que apenas es el tercer año, los niños ya esperan con ganas el momento del pesebre. Erika y Júlia, de 10 años, dos alegres pastorcillas, cuentan que les encanta participar. Las razones que dan son de lo más variadas: «Porque nos lo pasamos súper bien», «porque trabajamos en equipo y nos ayudamos entre todos», «porque nos hemos pasado toda la tarde comiendo chuches y palomitas», «porque a un niño amigo mío le pusieron una barba y se convirtió en viejo de repente (risas)» o «porque esta sí que es una tradición navideña de verdad, verdad».

Muchos de los que hacen cola en la entrada ven el pesebre por primera vez y se quedan sorprendidos, como unas señoras que vienen expresamente desde Reus. También hay gente del barrio que acude por curiosidad y reconoce que «está muy chulo, cada año se superan». La gente se presta a entrar en el juego y hasta se sienta en la posada para que la posadera le traiga unos croissants de pega hechos con arcilla.

Hoy entre las 18 y las 19.30 horas el belén volverá a abrir sus puertas por última vez. La entrada tiene un coste de dos euros para ayudar a sufragar los gastos del belén del año que viene. La entrada, además, da derecho a un vaso de chocolate caliente y melindros. La parroquia está en el Carrer Vint-i-dos.

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