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Un susurro desde Japón

‘La rama seca del cerezo’ de Rafael Salmerón, novela ganadora del Premio Anaya de Infantil y Juvenil, se adentra en la cultura del país

Sílvia Fornós

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Portada del libro ‘La rama seca del cerezo’. FOTO: Cedida

Portada del libro ‘La rama seca del cerezo’. FOTO: Cedida

Creo que todas y todos estamos deseando descubrir lo que esconde la caja misteriosa. La expectación fue máxima en la presentación del libro La rama seca del cerezo, de Rafael Salmerón, Premio Anaya Infantil y Juvenil 2021. Y es que los invitados a la sesión online habían recibido, previamente, un kit cerrado con candado cuyo contenido descubrieron al mismo tiempo que se desvelaban los entresijos de la novela. Pablo Cruz, director editorial de Anaya Infantil y Juvenil, despertó todavía más el interés al detallar que el libro «está ambientado en Japón, tiene mucha presencia el Manga y la protagonista es una adolescente que quiere dedicarse a dibujar». El acto también contó con la actriz Sandra Blázquez. 

Por su parte, Rafael Salmerón precisó que «la historia transcurre en dos períodos temporales muy distintos, la Hiroshima de 1945 y la actual. A través de tres generaciones diferentes, lo que quería transmitir es que todos estamos conectados. Nos une el sufrimiento y el no saber qué hacer con él, es decir, como el sentimiento de culpa no nos permite perdonarnos a nosotros mismos, aunque esta conexión con los demás es lo único que nos puede ayudar». 

En el libro, el pequeño Tetsuo y un anciano superviviente del bombardeo de Hiroshima –quien guarda un gran secreto– comparten protagonismo con Sakura. «Tetsuo, desde su inocencia, sirve para unir a dos personas que sufren en silencio, y que acaban convirtiéndose el uno en la muleta del otro», detalló el escritor. Él mismo aseguró que «una de las cosas más difíciles con las que podemos cargar es la culpa, ya que se convierte en una especie de monstruo que no nos deja ni respirar». Por ello, rompió una lanza a favor de «ser capaces de aceptar quienes somos, con lo bueno y con lo malo, y conforme con el ser que vemos delante del espejo todos los días». 

Rafael Salmerón. FOTO: Cedida

Para Rafael Salmerón, adentrarse en la cultura japonesa y comprender el pensamiento significó «pasar de la grandilocuencia al minimalismo, es decir, dejar de escribir a gritos y escribir a susurros». Él mismo aseguró que «desde que era un niño Japón me ha fascinado» y reconoció que «aunque vivimos en un mundo globalizado, y creemos que Japón nos es cercano y parecido, cuando lo conoces te das cuenta de lo diferentes que somos. Para mí, ha sido una aventura y un reto escribir sobre Japón». 

Así, llegó el momento de abrir el misterioso cofre que aguardaba en su interior un Daruma, un amuleto japonés de los propósitos; un mix de frutos secos japoneses; un tarro con té matcha; el Manga de la joven Sakura y, por supuesto, el libro La rama seca del cerezo. Riquezas japonesas que invitan a descubrir uno de los mensajes más importantes de la novela –como destacó la moderadora del encuentro, la escritora y periodista Vanessa R. Migliore– «y es que muchas veces creemos que los viajes tienen una meta, pero no tienen por qué tener un final. Ese viaje es el crecimiento personal que todos hacemos a lo largo de la vida, como Sakura». 

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