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Tarragona Química

Un viaje a la Tarragona de 1800 con el científico Antoni de Martí i Franquès

Una ruta teatralizada pone en valor al investigador de Altafulla y sus descubrimientos sobre la composición del aire

GLORIA AZNAR

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FOTO: Pere Ferré

FOTO: Pere Ferré

Los estudiantes de segundo de bachillerato de la Escola Joan XXIII de Bonavista viajaron en el tiempo el pasado viernes para descubrir el mundo de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y lo hicieron de la mano del científico de Altafulla Antoni de Martí i Franquès, interpretado por el ingeniero y antropólogo Jaume Martell.

«Un poco de imaginación», les pidió Antoni de Martí i Franquès a los 16 alumnos que siguieron la ruta teatralizada. Y, efectivamente, estos se metieron en el papel de tal modo que fueron por unas horas los hijos de las familias más adineradas de la época, pidieron carreteras a Madrid y se convirtieron en algunos de los investigadores más importantes en cuestión de la composición del aire. Historia y ciencia fue la combinación de conocimiento a la que tuvieron acceso. Sin embargo, los alumnos, del bachillerato científico, lo tenían claro. Está muy bien la Historia, «pero sin los exámenes».

En cualquier caso, las andanzas del altafullense se iniciaron allá por 1793, con la Revolución francesa en marcha y la ejecución del rey Luis XVI y aquí, en la Península Ibérica, con la Santa Inquisición aún presente, que «me impide el acceso a las revistas científicas. ¿Alguien me puede ayudar?» solicitó un atribulado Martí i Franquès. «Lo intentaré», le prometió uno de los estudiantes.

Y es que poco tardó Antoni de Martí i Franquès en obtener la colaboración de su reducido auditorio. En su recorrido les habló de botánica, de química y de medidas. «Parece que no estudian, pero sí», bromeó el investigador a medida que iba obteniendo las respuestas que requería. «Hacemos un poco de introducción previa porque en Bonavista cuando preguntas si conocen a Martí i Franquès, lo único que suena es el instituto», explicó Joan Farré, profesor de química y matemáticas que acompañaba al grupo. Pero tampoco se les hacen demasiados spoilers, para mantener la sorpresa y el interés.

El Camp de Mart y su vegetación fueron el inicio de la ruta «entre carros de caballos, mulas y sin móviles ni electricidad», manifestó el científico. A partir de aquí, en cada una de las paradas iban cambiando los años y con ellos los acontecimientos vividos. Así, si la primera reunión de comerciantes se celebraba en 1793, la segunda tenía lugar en 1803, en las escaleras de la Antiga Audiència donde Martí i Franquès les habló de la necesidad «de esas carreteras que ya hay en Francia, que están más avanzados».

De allí a la Casa Castellarnau, uno de los momentos más destacados de la visita por su patrimonio histórico. En esta residencia aristocrática fue donde les explicó la composición del aire, que tan famoso le hizo, entre relatos de infidelidades reales. En este sentido, Joan Farré comentaba antes de la visita cómo «los alumnos conocen la formulación porque hacen química. Pero no saben exactamente hasta dónde llegó Martí i Franquès ni cómo lo hizo o a dónde fue a explicarlo. Y la ruta sirve, entre otras cosas, para que sean conscientes de que fue un químico tarraconense quien dio los primeros pasos sobre una cuestión tan importante».

Entre guerras y químicas

Ya fuera de la casa se vivió un instante solemne. «He visto estas escaleras llenas de sangre y de gente muerta», les revelaba el científico en el Pla de la Seu. Era 1817, ya había pasado la guerra del francés y las expectativas puestas en Napoleón habían derivado en dolor. De aquí se desplazaron a 1822 y al Museu d’Art Modern, donde les planteó la cuestión científica más ardua, para terminar en la Plaça del Rei con la Ley Sálica y la reina Isabel II.

Durante su exposición, Martí i Franquès insistió notablemente en que alguno de sus improvisados oyentes pusiera una química en Tarragona. «Sí, la pondrían», aseguraron. Sin embargo, ninguno de los presentes tenía intención de dedicarse a tal disciplina. Aparte de este detalle menor, los alumnos de Segundo B reconocieron haber aprendido en su recorrido con un Martí i Franquès que ahora sí, consideraban que «no está valorado como debería a nivel internacional».

En definitiva, otra manera de aprender ciencia con una actividad que ya es un clásico en la Setmana de la Ciència. Organizada por la Universitat Rovira i Virgili (URV), en la que colaboran la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT)/Itinere Turisme & Cultura/Museu d’Història de Tarragona.

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