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‘Una bassa d’oli’

Los tarraconenses creemos que nuestra ciudad está sucia y culpamos en parte a nuestro propio incivismo. También nos preocupa la seguridad. Y a todo esto las aceras resbalan

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Una fina película de agua convertía ayer las aceras en trampas muy peligrosas. FOTO: F. M.

Una fina película de agua convertía ayer las aceras en trampas muy peligrosas. FOTO: F. M.

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La última entrega de la encuesta Valora Tarragona que encarga el Ayuntamiento revela que lo que más nos preocupa a los tarraconenses es la suciedad de nuestras calles. Pero ojo: tenemos un punto autocrítico que denota madurez, porque culpamos a partes casi iguales a un servicio de limpieza «deficiente» –lo dice la encuesta, no yo– y al «incivismo».

Precisamente esta semana conocíamos que el consistorio ha llevado a cabo una limpieza intensiva de las escaleras de la calle Vapor y su entorno: ha habido que reparar zonas ajardinadas, ha habido que borrar pintadas, ha habido que volver a pintar un muro... Y todo ello para eliminar los efectos de un deterioro causado –casi– exclusivamente por actos incívicos. Vandálicos, diría yo en este caso.


Cuatro ‘Santateclas’
Más todavía: datos del consistorio revelaron que en 2014 –por citar un año– el incivismo costó casi 900.000 euros a las arcas municipales. Para que se hagan una idea: el presupuesto municipal prevé gastar en las Festes de Santa Tecla de este año 250.000 euros, y el año pasado la cantidad era de 200.000. Así que lo que nos gastamos en corregir los efectos del incivismo daría para pagar cuatro veces el presupuesto de Santa Tecla. Pero eso sería en un mundo ideal –e irreal– en el que todos cruzásemos en verde, utilizásemos papeleras, respetásemos las colas y tirásemos la basura en el amplísimo horario establecido.

Por cierto, que pasear ayer por Tarragona era jugarse la vida: una fina y omnipresente película de agua (quiero creer que era agua) cubría las aceras y, mezclada me figuro que con suciedad, se convirtió en una peligrosa pista de patinaje. Los resbalones que pude ver en el poco tiempo que pasé en la calle fueron numerosos –servidor también coqueteó con el tortazo, no crean–. Incluso vi cómo un ciclista perdía por ese motivo el control de su bicicleta y caía frente a mí, derrape mediante, en la esquina de la Rambla Nova con Colom. Eran las 10.

A esa hora pensé que debía ser cosa de los servicios de limpieza, que se habrían esmerado en exceso con las aceras ahora que ya es passat Festes. Pero conforme fui cambiando de calle y vi que todas estaban igual, y sobre todo cuando vi que pasaba el día y a primera hora de la tarde la cosa continuaba en plan pista de hielo, supuse que no podía ser cosa únicamente de que a los operarios se les hubiese ido la mano con la manguera.

Quizás algún extraño fenómeno meteorológico, bien probable en esta nuestra capital de la humedad atmosférica, fue el que roció nuestra trama urbana. O al menos, si no fue eso lo que la mojó, sí fue lo que la mantuvo húmeda tras el paso del papamóvil de FCC. O vaya usted a saber qué otra cosa habrá sido. Pero la conclusión es clara: muchas de las aceras de Tarragona resbalan. Resbalan mucho. Les parecerá un asunto menor, pero cualquier día nos desvalijan el Ayuntamiento a base de demandas millonarias presentadas por lesionados. Prepárense: a los 900.000 que ya nos gastamos en incivismo habría que añadir ahora indemnizaciones por deslizamiento. Lo que nos faltaba.


¿Ciudad insegura?
En la misma oleada de la encuesta Valora Tarragona se apuntaba que lo segundo que más nos preocupa es la «inseguridad». Les confieso que me sorprendió, porque no es una inquietud que yo hubiese percibido como particularmente sensible, ni a título personal ni entre los tarraconensenses. No es que seamos la bassa d’oli que proclama el sargento Blázquez de Dames i Vells, pero tampoco tengo la sensación de que seamos el Bronx.

Además, cada vez que se reúne la Junta Local de Seguretat aparecen las autoridades en la rueda de prensa posterior anunciando que los hechos delictivos en la ciudad han vuelto a descender. «Siempre bajan. Como siga así, cualquier día la cifra de delitos será negativa», me dice siempre un compañero de sección.


Saltan las alarmas
Pues resulta que sí, que somos una ciudad insegura. Por lo menos en términos comparativos: un estudio de la empresa Securitas Direct hecho público ayer mismo sitúa a Tarragona como la tercera capital más insegura de España, sólo por detrás de Huelva y Sevilla. Bien es cierto que el estudio se basa en «el porcentaje de clientes de Securitas Direct a los que les ha saltado la alarma por una intrusión o intento de intrusión en su inmueble», y es obvio que eso es sólo una faceta de la inseguridad ciudadana. Pero ya saben: si el río suena...

Menos mal que son sólo estudios, estadísticas y encuestas, y la realidad a menudo es otra. Porque si uno se las toma al pie de la letra, le entran tentaciones de encerrarse en casa y no salir a la calle por lo menos hasta que llegue septiembre y nos empecemos a gastar los 250.000 de Santa Tecla. Además, esos días está el sargento Blàsques en las calles y, entonces sí, Tarragona es por fin una bassa d’oli.

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