Vecinos de Bonavista, sobre Iqoxe: «Pasamos página y seguimos, pero el miedo siempre estará»

Bonavista se ha recuperado de las secuelas de la explosión, pero sus vecinos aseguran que los efectos de aquel 14 de enero permanecen allí

NÚRIA RIU

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José Martínez y Antonio Cepillo explican el miedo con el que viven muchos vecinos. foto: pere ferré

José Martínez y Antonio Cepillo explican el miedo con el que viven muchos vecinos. foto: pere ferré

Miedo, desconcierto, desinformación y un largo etcétera de adjetivos pueden utilizarse para explicar lo que vivió el barrio de Bonavista el 14 de enero de 2020, la noche en la que algunos vecinos volvieron a coger el coche para huir de las llamas y cobijarse a un sitio seguro, ante la duda de lo que estaba pasando y si se había producido una fuga tóxica.

La primera línea de vivienda, en la calle 1, está a escasos 900 metros de la planta de Iqoxe, que aquel día explotó. Las toneladas de metralla que salieron disparadas, junto con la ola que se produjo, rompieron cristales, puertas y cualquier tipo de barreras. 731 días más tarde aún pueden verse algunas grietas en las cornisas de los edificios más próximos. «Pasamos página y seguimos adelante, pero el miedo siempre va a estar e intentamos sobrellevarlo», afirma Carmen, de Cuines i fusteria Tarragona.

El establecimiento sufrió importantes daños, que pudieron arreglarse, pero las secuelas mentales no se han borrado. «No se ha recuperado la confianza, la explosión fue muy fuerte y una cosa es vivirlo en Tarragona y otra estar a 900 metros», añade.

Bonavista se desarrolló en los años en los que muchas de estas empresas se implantaron en la ciudad, y muchos de sus vecinos eran inmigrantes que llegaron a Tarragona en busca de trabajo. Muchos de estos habían bregado en las fábricas y conocían perfectamente qué pasa allí adentro y qué tenían que hacer. Sin embargo, esto no evitó que vivieran los momentos posteriores con el mismo desconcierto. «Los trabajadores sí, pero la mayoría de la gente no sabe qué hacer y los que han venido de fuera, la mayoría intentaron escapar», indica José Martínez.

Este bonavisteño afirma que la explosión «me pilló de frente». A la imagen de las llamas inicial se sumó minutos más tarde el sonido de las sirenas y el desconcierto. «Deberíamos tener más información y que haya más seguridad y gente cualificada», añade Antonio Cepillo, compañero de partida en el parque de petanca.

El barrio no se ha recuperado y, aunque en el día a día sobrellevan esta proximidad con la industria, la trinchera cada vez es más profunda. «A la mínima cuando hay un escape hay nervios. Estamos todo el día respirando este aire. Hay gente que quiere irse del barrio, de hecho, yo si pudiera lo haría, porque el miedo lo tenemos metido en el cuerpo y sabemos que es un peligro», sigue explicando Martínez.

La explosión dejó 162 afectados, que han tenido que lidiar con las compañías de seguros para poder rehacer sus negocios y viviendas. Algunos de los restos de metralla llegaron incluso a Torreforta y las consecuencias hubieran podido ser mucho más graves si muchos de los cascotes que cayeron en la zona portuaria o en la Laboral hubieran cogido otro rumbo.

Los hijos y los nietos de aquella primera generación que empezó a trabajar en la química han seguido los pasos de sus predecesores. Sin embargo, los de antes aseguran que muchos de los trabajadores actuales, que entran a partir de subcontratas, «no saben nada».

Muchos de estos vecinos viven una convivencia resignada, otros lo han vivido como un divorcio. «Todo es un paripé, lo único que les importa es la pasta, pero realmente la situación ha cambiado cero», asegura Paqui Gil, de la tienda Hnos Llauradó. Esta trabajadora afirma que, después del incidente, estuvo un mes con picores por todo el cuerpo a causa del estrés que sufrió. «Es que no fue moco de pavo, si los cascotes en lugar de caer hacia el otro lado hubieran venido hacia aquí, se habría producido una escabechina tremenda», añade.

Las secuelas físicas se han reparado, las mentales son imborrables y difícilmente podrán establecerse nuevos puentes de confianza mientras la ciudadanía más próxima perciba falta de información y transparencia, tanto desde las empresas como de la administración.

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